En la tierra del Arauca...
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Tendría yo unos 17 años cuando leí la novela de Rómulo Ángel del Monte Carmelo Gallegos Freire, nacido en Caracas el 2 de agosto de 1884. Cuando le preguntaban a don Rómulo por un personaje ficticio que representara la cultura venezolana de su época, contestaba que en lo único que podía pensar era en Doña Bárbara. La novela se publicó por primera vez en 1929. Me quedé impresionada con el personaje, así iniciaba: “De más allá del Cunaviche, de más allá del Cinaruco, de más allá del Meta. De más lejos que más nunca... de allá vino la trágica guaricha. Fruto engendrado por la violencia del blanco aventurero en la sombría sensualidad de la india, su origen se perdía en el dramático misterio de las tierras vírgenes... en las profundidades de sus tenebrosas memorias, a los primeros destellos de conciencia, véase en una piragua que surcaba los grandes ríos de la selva orinoqueña. Eran seis hombres a bordo, y al capitán lo llamaba “taita”; pero todos –excepto el viejo piloto Eustaquio- la brutalizaban con idénticas caricias: rudas manotadas, besos que sabían a aguardiente y a chimó”.
Don Rómulo Gallegos es uno de los escritores venezolanos más reconocidos. Fue el primer presidente de su país elegido de manera directa, secreta y universal en 1948. Su notable pluma logró detallar de manera formidable el paisaje y la cultura de su tierra. Se centraba en la regeneración nacional de su país, ya que se vivían tiempos muy duros debido a la presencia de dictaduras que prevalecían desde tiempos inmemoriales. En el personaje de doña Bárbara volcó la personificación del atraso y la barbarie. Era una mujer fuerte y hermosa pero avasallante y egoísta que siempre se salía con la suya, sin importar los métodos para alcanzarlo. Doña Bárbara es un clásico de la literatura hispanoamericana. Se inspiró en la vida de una mujer que si existió, Francisca Vázquez.
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Rómulo Gallegos retrató en su obra que es vasta, la realidad de su tiempo. Y la de este, la actual pues, no tiene nada de edificante. La pesadilla en Venezuela, la de ahora, inició en 1999, con el arribo al poder de Hugo Chávez, bueno desde 1992 hubo intentona. Y siguió Maduro. Antes, en los cincuentas, del 52 al 58, ocurrió la de Marcos Pérez Jiménez. A quien derrocó Chávez fue a Carlos Andrés Pérez.
¿Cómo ha sido la vida en Venezuela a partir de la dictadura chavista y el depuesto por los gringos hace unos días? Miserable, para decirlo sin más estridencia. Hay una crisis económica y social enraizada que daña a la mayoría, léase pobreza, inseguridad alimentaria, servicios colapsados, y también, y esto es extraordinario, una notable capacidad de resiliencia y adaptación, con una acusada “dolarización de facto” en las transacciones comerciales, emprendimiento de gente que le invierte y se la juega por el país. Y altos índices de criminalidad en las ciudades grandes. Se trata de una tierra de contrastes, en la que todos los días se lucha contra la adversidad y en la que también se convive con la esperanza del que no está dispuesto a darse por vencido. Los datos son duros, los números fríos, casi el 82 por ciento de los venezolanos vive en la pobreza, y el 53 por ciento en extrema pobreza, sin poder comprar ni siquiera alimentos básicos, esto lo apuntó un reportero especial de la ONU en febrero de 2024 tras haber estado en Venezuela, uno de los países naturalmente ricos de Sudamérica. La migración venezolana –casi ocho millones han abandonado al país– es un retrato de la tragedia ¿Quién diablos deja su país, nomás porque sí? Hay una crisis económica estremecedora, hiperinflación, salarios de porquería, escasez de alimentos –hay una mafia del mercado negro que controla esto- , cero oportunidades laborales, PERSECUCIÓN POLÍTICA, violencia en todas las formas imaginables, CORRUPCIÓN E IMPUNIDAD socavando cuanto tocan. Tienen un sistema de salud colapsado por ausencia de insumos, se muere la gente sobre todo quienes padecen enfermedades crónicas y CÁNCER. Y déjeme le cuento otra, la inseguridad extendida, la autoridad coludida con los malandros tiene la desvergüenza de “aconsejar” a la gente que no se resista a los atracos. Hágame el “refabrón cavor”, con su permiso don Armando.
Se trata de una crisis multidimensional, todo está de cabeza. Gracias a una izquierda disoluta, que llegó a tragarse de un jalón todo lo que hace vivible la existencia. Por supuesto que la manera en que Trump extrajo a Maduro y a su mujer, no es pulcra, para decirlo de manera adecuada, pero hay un dicho muy nuestro que dice que “Pa los toros del jaral los caballos de allá mesmo”. ¿A poco lo iba a “invitar” a salir por las “buenas”? No había manera, ese grandísimo macho cabrío no entiende razones. ¿Qué va a pasar con Venezuela? Trump no es hermana de la caridad, ni estadista, ni nada que se le parezca. Y está más que claro que la democracia de aquel país le importa una pura y dos con sal. Lo que quiere en la riqueza del subsuelo venezolano, quiere su control. Y vaya usted a saber si ya pactó con Rusia y con China el destino de aquel país. En ese medio los principios y los valores no tienen cabida, ahí lo que privan son los intereses de la gavilla que controla la economía del planeta. A lo que se ve es que los mismos de la banda del depuesto, se lo entregaron al gringo que gobierna los Estados Unidos.
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El venezolano de a pie, por supuesto que está de fiesta, le devuelve la esperanza de que acabara un régimen despreciable que solo les representa dolor y represión, pero también se debaten en la incertidumbre del ¿Cómo va a acabar esto? A la oposición venezolana representada por María Corina Machado, premio Nobel de la Paz y a Edmundo González, presidente electo pero ninguneado por el avasallamiento de Diosdado Cabello y achichincles, les dio una patada en el trasero, míster Trump, con sus declaraciones.
Estaba yo pensando en Porfirio Díaz, el dictador de nuestro México. Al menos tuvo la decencia de irse bien lejos y llegó Madero. El craso error de Pancho fue haberse quedado con las fuerzas del oaxaqueño. Y se lo advirtió el otro Pancho, se lo dijo con toda claridad: “no se quede con ninguno de los generales porfiristas, de ahí vendrán las traiciones”. Dicho como sucedido, el desgraciado de Victoriano Huerta se encargó de asesinar a Madero y a Pino Suárez, y a Belisario Domínguez. Ah... y con el apoyo de Henry Lane Wilson, el embajador de Estados Unidos en nuestro país. Hasta aquí la dejo.