De los otros tiempos del tren y sus estaciones en Saltillo
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A propósito de las obras del tramo Saltillo–Nuevo Laredo del tren de pasajeros que será parte del Nuevo Sistema Ferroviario Mexicano, y en relación a la licitación para la construcción de las estaciones Derramadero, Saltillo, Ramos Arizpe y García, la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, SICT, entregó a las empresas que pretenden participar un paquete de documentos en el que incluyó uno muy interesante, titulado “Monumentos históricos Nuevo Sistema Ferroviario Tramo Saltillo Nuevo Laredo”. Dicho documento fue elaborado por la Unidad de Proyectos de Infraestructura Urbana y Espacio Público de la propia SICT, misma que plantea el rescate de una de las antiguas estaciones ferrocarrileras ubicadas al sur de Saltillo, que en su momento contribuyeron grandemente a la época dorada del ferrocarril en México.
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Las obras del nuevo tren de pasajeros obligarían a desaparecer la estación Encantada, que data de 1880, por lo que el documento propone recuperarla como estación base para el control de trenes de carga, para lo cual podría ser reubicada un poco más de 150 metros hacia el surponiente del espacio que ocupa. El documento señala que en la medida de lo posible deberán rescatarse los materiales originales de adobe, tabique (ladrillo) y madera que ofrezcan durabilidad, para que se reintegren en la reconstrucción en su nueva ubicación. También propone la realización de trabajos de conservación del inmueble actual antes de su desmantelamiento, así como el uso de materiales que ofrece el paisaje natural a su alrededor para su recuperación total a fin de integrarla armónicamente con el entorno ferroviario y urbano actual.
La recuperación del patrimonio arquitectónico y su inserción en el paisaje actual establece un diálogo de tiempos entre diferentes épocas, haciendo posible establecer un diálogo intergeneracional. Yo recuerdo con agradecimiento la época del tren de pasajeros que recorría el tramo Monterrey-Saltillo-Ciudad de México, conocido como el Regiomontano o “el rápido”, porque hacía su recorrido en vía rápida y sólo paraba en San Luis Potosí.
Ferrocarriles Nacionales de México, una de las empresas más generosas del País, fue detonante del progreso en la época porfiriana. Sus vías unieron a casi todas las ciudades y pueblos y fueron el único medio de transporte y sobrevivencia para muchos poblados. Durante la Revolución, los trenes desempeñaron un papel importante. Siendo ya historia, los trenes mexicanos son protagonistas ellos mismos de un sinfín de historias y sus estaciones guardan, a su vez, sus propias historias relacionadas con la gente y el poblado donde se insertaron.
Por los años setenta del siglo 20, el Regiomontano era un tren de lujo. Llevaba un carro-comedor que ofrecía un servicio de primera con un menú de exquisitos vinos de mesa y platillos para cena y almuerzo. También un carro-bar en el que se servían bebidas y botanas y juegos de mesa. En los coches-dormitorio, los camarines y alcobas incluían baño privado y cómodos sillones que de noche se convertían en camas. Viajar en ese tren resultaba atractivo. Podía uno cenar en mesa bien servida y más tarde, encerrarse en el camarín a intentar dormir, arrullado por el ruido y los bruscos movimientos del tren, o si así lo deseaba, sentarse a beber y jugar póker en el Bar. Los que preferían esta última opción corrían el riesgo, ya achispados, de no encontrar su dormitorio y recorrer todos los vagones antes de encontrarlo, pues en la madrugada desaparecía misteriosamente el personal que debía atenderlos. En la mañana muy temprano se oía por los pasillos el sonido de un melodioso triángulo y una voz melodiosa anunciaba, según lo fuera, la primera, la segunda o la tercera y última llamada para el almuerzo.
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México no puede dejar que el tiempo se lleve la imagen de su pasado ferroviario con toda la historia escrita por sus ferrocarriles. Por eso es loable la propuesta de la SICT, que intenta recuperar pequeños trozos de la historia de los trenes y sus estaciones, siempre y cuando los intentos sean conscientes y constantes. La recuperación de la arquitectura patrimonial relacionada con las estaciones ferroviarias como parte de un proyecto mucho más amplio en todo el País, dará a los mexicanos actuales una visión histórica general de México en cuanto a sus vías de comunicación y los medios de transportación en su territorio.