De verdades y elocuencias
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El tiempo actual es de mentiras a medias o verdades en cuartos, de simulaciones y sombras
Nota aclaratoria: Debido a que resulté sorteado como funcionario de casilla para las elecciones a diputados locales (tengo otro término, pero aquí no puedo decirlo) y, teniendo pendientes la temporada 2 y 3 de mi artículo en referencia al tema, he decidido abstenerme de emitir comentarios sobre el asunto en tanto no verifique la legalidad de opinar al respecto. Por lo tanto... ¡tercera llamada y comenzamos!
Refiere mi comadre Hannah Arendt que el peligro no es que creas mentiras, sino que dejes de buscar la verdad.
Esa frase me hizo recordar a uno de mis mentores de vida, el profesor Eliseo Torres, quien desde su cátedra en el Ateneo había confirmado –antes de conocer a Arendt– que el conocimiento de la verdad no sólo te hacía libre, sino que te llevaba a no tener que recordar nada sobre un suceso porque decías lo cierto.
La verdad se entiende como lo que es y no puede cambiar. Por ende, para los griegos, era necesario que la verdad brotara desde sus oscuridades para iluminar al mundo.
Siglos después, los anarquistas señalaban: “Es necesario que la verdad emerja desde los tugurios, porque de las alturas no se arrancan más que mentiras”.
Lo cierto es que, sin verdad, el conocimiento de las cosas y sus maneras sería imposible. Ella nos traslada a estados de tranquilidad y de paz, pues ¡ay de aquel que la esconde!, porque sus noches se transforman en días y sus días en pesadillas. Ocultar la verdad quema, duele y nunca paga bien.
Verdad de vida, que traduce a nuevos mundos los existentes, los que no hieren y se apuntalan con ella.
No sólo es la piedra angular de las personas, sino también de las instituciones; esta no es sólo símbolo, sino también bandera de la luz y la mejor manera de estar tranquilo con la conciencia.
Frondizi señala en su libro “¿Qué son los Valores?” que estos poseen ciertas características como la bipolaridad –ante cada valor existe un contravalor– y la ponderación, porque podemos encontrar una cosa más bella que otra, por ejemplo, sin que la anterior pierda su valor.
En ese contexto, el valor es la característica que hace atractivo a un objeto para los sentidos. La verdad, en cambio, es un valor difícil de conceptualizar en la axiología, porque a veces quien la dice no busca hacer un bien, por ejemplo, a veces decirla a un moribundo es casi matarlo.
De modo que la mentira, aunque sea piadosa, es un contravalor, así se mienta para salvar a alguien.
La verdad tiene varias consideraciones en los medios humanos: por ejemplo, la legal es la que está contenida en las resoluciones de los jueces; la de la fe, que posee el hombre que encuentra a Dios y su infinita sabiduría; y la científica, que ve en las cosas nuevos conocimientos.
El tiempo actual es de mentiras a medias o verdades en cuartos, de simulaciones y sombras.
Ya no es el chisme de lavadero o banqueta el que atenta contra la verdad, sino las redes sociales que reproducen mentiras por millones y nunca se aclaran. Son el arma moderna de doble filo: hieren y atentan contra la conciencia social, tratando de dar una orientación equivocada de la realidad, es decir, llegar al lado moridor de esta, donde todo nace, decae, se transforma o muere.
Escribe José Revueltas: “Este lado moridor de la realidad, en el que se la aprehende, en el que se la somete, no es otro que su lado dialéctico: donde la realidad obedece a un devenir sujeto a leyes, en que los elementos contrarios se interpenetran y la acumulación cuantitativa se transforma en cualitativa”.
Por lo tanto, se decreta ÚNICO: Verdad, a ti el homenaje de la sabiduría y el encontrarte en la realidad de las cosas. Surge sin importar de dónde, pero que terminen las pesadillas de la incertidumbre. Es cuanto...