Desapariciones forzadas y negacionismo de Estado
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El gen de la no aceptación impulsa de inmediato a los servidores públicos mexicanos para negar los hechos incómodos
Uno de los peores hábitos políticos que padece México es el negacionismo de Estado. Es un vicio de la aristocracia política con el que siempre nos hemos topado quienes ejercemos el periodismo. Es un defecto que no excluye a ninguna corriente política.
Los que hemos salido a la calle infinidad de veces para reportear nos hemos encontrado con la misma reacción de los gobiernos federales, estatales y municipales: negar el asunto que indagamos, distorsionarlo o minimizarlo. Se trata de una hidra que subsiste al interior del sistema político nacional, estatal y municipal, que es imposible erradicar.
El gen de la no aceptación impulsa de inmediato a los servidores públicos mexicanos para negar los hechos incómodos.
No aceptan la realidad.
Pretenden esconder todo.
Opacidad. Siempre ha sucedido así: cuando empezaba este siglo y me dediqué a recorrer los municipios más marginados del país, los funcionarios negaban la pobreza, mucho más la miseria. Jamás había que hablar de hambruna. Si comen tortilla, frijol, chile y sal, no es hambruna, espetaban. Y menos si una gallina –esquelética– les da unos huevos para envolver y, si se apuran, una Coca-Cola. “Si compran refresco, no son pobres, nomás se quejan”, era la letanía de los licenciados.
Compraban refresco porque no tenían agua en sus viviendas de tierra. Y si el tema era justamente la salud, lo mismo: nada de que había niños que fallecían deshidratados luego de diarreas letales en zonas remotas de Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Hidalgo o Chiapas. Nada de que morían por una mordida de una víbora o la picadura de un maldito alacrán. Falso que los ancianos de la sierra perecieran por falta de atención y carencia de medicamentos.
En la dictadura perfecta eso no pasaba; eran infundios de la derecha panista o falacias de agitadores de izquierda. Tampoco había contaminación, cacicazgos, fraudes electorales, corrupción e inseguridad.
Cuando el PAN gobernaba, eran mentiras priistas o calumnias perredistas; cuando gobernó el PRD, eran delirios panistas o falsedades priistas. Y ahora que Morena gobierna por todos lados... se trata de imposturas prianistas, neoliberales y conservadoras.
Con algunas excepciones, la realidad nos ha demostrado que, ya en el poder, los políticos mexicanos son iguales, vengan de donde vengan: al final, siempre se descomponen y echan mano de ese corrosivo uso y costumbre que es el negacionismo de Estado.
Las desapariciones forzadas en nuestro territorio implican que México tiene un gravísimo problema de Estado. Nada más en este siglo, las cifras oficiales documentan que, desde el 1 de enero de 2000 y hasta este viernes 23 de octubre, hay 121 mil 583 personas desaparecidas en nuestro país. Léalo de nuevo: MÁS DE 121 MIL PERSONAS DESAPARECIDAS.
No son números, son seres humanos con nombre y apellido. Son niñas, adolescentes y mujeres adultas. Son adolescentes, jóvenes y hombres adultos víctimas de grupos criminales que los secuestraron y los desaparecieron. Son, de nuevo, 121 mil 583 seres que dejaron orfandades y madres y padres mutilados de sus hijos.
Y, hay que insistir, no es cosa del pasado, es táctica de guerra narca presente porque siguen creciendo los casos: 6 mil 067 desapariciones en 2021; 6 mil 581 desapariciones en 2022; 7 mil 681 desapariciones en 2023; 8 mil 895 desapariciones en 2024; 8 mil 901 desapariciones en 2025. Datos duros, datos oficiales.
Fueron, en promedio, 24 desapariciones por día las perpetradas el año pasado. Un caso cada hora. Una familia rota cada hora. Una vida truncada cada hora.
Negar eso no sólo es despiadado, sino políticamente criminal, así que, si un comité internacional puede ayudar denunciando esta desgracia en la ONU y eso moviliza recursos financieros y humanos para acompañar a las familias de las personas desaparecidas a fin de que algún día –pronto– tengan algo de paz, lo aceptamos humildemente como país.
Sugiero.
¿O van a seguir con su negacionismo? Mal harían, porque dentro de una hora habrá otra persona desaparecida. Y una hora más tarde, una más. Y luego...