Dichtestress y el dilema suizo de adoptar un techo demográfico

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Opinión
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La planificación en materia de vivienda, transporte y servicios no sólo es importante, es permanentemente urgente

Suiza es una pequeña nación europea que comparte frontera con Alemania, Francia, Italia y Austria, y que, a pesar de no contar con salida al mar y ser el país número 132 por su extensión territorial, tiene una extraordinaria relevancia internacional.

Destaca particularmente por su vocación de neutralidad, que le ha valido ser la sede de distintos organismos, como la Organización Mundial de la Salud, el Comité Internacional de la Cruz Roja, la Federación Internacional de Fútbol Asociación, entre muchos otros.

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También es una economía que destaca globalmente. Su sistema bancario, su industria farmacéutica, su producción de maquinaria de precisión, relojería y alimentos, así como la gran solidez cambiaria, la convierten en una de las naciones más competitivas del mundo.

Sin embargo, desde hace aproximadamente dos décadas, Suiza experimenta una fuerte tensión social, derivada de aumentos desproporcionados en las rentas, transporte público saturado, entre otros factores detonantes de un fenómeno social llamado “dichtestress”.

Este término en idioma alemán, que significa literalmente “estrés por densidad”, busca describir una percepción generalizada de los efectos negativos del importante crecimiento poblacional que el país alpino ha experimentado sostenidamente en los últimos años.

A principios de siglo, Suiza apenas superaba los 7 millones de habitantes, pero la dinámica de atracción migratoria ha provocado que en 2026 la nación supere los 9 millones de habitantes, es decir, un crecimiento cercano al 25 por ciento en apenas 24 años.

Si se tiene en cuenta que la tasa de fertilidad de Suiza en 2024 se calculó en 1.3 hijos por mujer, que es una de las más bajas de toda Europa, el 80 por ciento del crecimiento demográfico sólo puede encontrar explicación en la inmigración neta que ha venido experimentando.

Para el año 2023 se estimaba que el 40 por ciento de la población tenía antecedentes migratorios, y que poco más del 30 por ciento de sus habitantes eran residentes extranjeros. Aunque recientemente se ha ralentizado la dinámica de inmigración, se mantiene continua.

Lo anterior también obedece a que la edad media ha superado ya los 40 años, lo que ha acentuado de manera importante la dependencia del sector productivo en mano de obra extranjera, fenómeno que se percibe ya como algo estructural, no como coyuntural.

Todo lo anterior sirvió de sustento para que el Partido Popular Suizo, considerado como una fuerza política conservadora, populista de derecha, que cuenta actualmente con la mayoría en la Asamblea Federal, propusiera la llamada “Iniciativa de Sostenibilidad”.

Esta iniciativa propuso básicamente limitar el ritmo de crecimiento que ha presentado la población de Suiza, mediante el establecimiento de un techo demográfico a partir del cual la población residente permanente no debía rebasar los 10 millones al año 2050.

De superarse los 9.5 millones de residentes antes de 2050, el Gobierno estaría obligado constitucionalmente a aplicar restricciones en temas como migración, asilo y reunificación familiar, debiendo también revisar los acuerdos de libre circulación con la Unión Europea.

La iniciativa enfrentó una marcada oposición por parte del Gobierno Federal, los demás partidos, empresas y sindicatos, que la llamaron “iniciativa del caos” por el riesgo que suponía para la operación de hospitales, hoteles y la relación con la Unión Europea.

La discusión pública dejó ver un país de opinión dividida. Por un lado, quienes sostenían que el crecimiento demográfico había encarecido la vivienda y saturado la infraestructura, generando un dilema de relación inversa entre calidad de vida y cantidad de residentes.

Por el otro, quienes aseguraban que el envejecimiento poblacional hace imposible cerrar la puerta a mano de obra extranjera y situaban el verdadero problema en la planeación urbana, la reorganización del transporte público y en las políticas en materia de vivienda.

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El domingo se celebró un referéndum nacional en el que se votó la referida iniciativa. Los resultados reafirmaron la división expresada en el debate público. El 55 por ciento de votantes optó por el “no”, pero el 45 por ciento restante dejó manifiesta una postura antiinmigración.

Las lecciones de la experiencia suiza son claras: la planificación en materia de vivienda, transporte y servicios no sólo es importante, es permanentemente urgente. El bono demográfico no es eterno; no planear sobre el envejecimiento es un error mayúsculo.

Diseñar hoy políticas demográficas y urbanas sensibles al futuro es fundamental para un futuro posible.

jruizf@henka.com.mx

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Abogado por la U.A. de C., especializándose en Derecho Ambiental y Gestión Urbanística. Cuenta con Maestría en Gestión Ambiental por la U.A.N.E. Cursa actualmente estudios de Doctorado con enfoque en Derecho a la Ciudad. Ha colaborado en los Institutos Municipales de Planeación de Torreón y de Saltillo, así como en la Delegación Coahuila de SEMARNAT. Ha representado a México en diversos foros internacionales, entre ellos el SWYL Program y la Tokyo Conference, organizados por el Gobierno de Japón. Se desempeñó como Director Operativo de COPERES y Presidente de la Representación Coahuila de la Asociación Mexicana de Urbanistas. Es catedrático a nivel Licenciatura y Posgrado en instituciones como la Universidad Autónoma de Coahuila y la Universidad Iberoamericana.

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