¿Convivir o competir? El dilema que pesa sobre el espacio público

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Opinión
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La violencia urbana es uno de los fenómenos más complejos –y, por supuesto, lamentables– de las sociedades contemporáneas

El espacio público es ese lugar de encuentro y de vida urbana que hace posibles las dinámicas de una ciudad. Si este espacio está bien diseñado, es accesible y disfrutable, permitirá la materialización del principal activo de las ciudades: la convivencia.

Sin embargo, cuando el diseño del espacio público es precario, cuando no es universalmente accesible, cuando su disfrute se encuentra limitado para personas que experimentan alguna de las expresiones de vulnerabilidad urbana, sucede algo distinto.

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Lejos de convivir, las personas comenzarán a competir por algo que, en esencia, es de todas y todos. Por ejemplo, una movilidad planeada primordialmente para el automóvil provocará una competencia entre conductores y ciclistas por el uso de la vía pública.

Una banqueta cuya franja de circulación peatonal es reducida provocará la competencia entre quien la circula en un sentido y quien lo hace en sentido opuesto. Si la amabilidad impera, alguien descenderá al arroyo vial y alguien más seguirá su camino, pero ¿y si no?

Tendremos entonces una situación que puede ir desde un momento incómodo hasta una discusión sobre quién tiene mejor derecho a usar la banqueta y por qué será la otra persona quien tiene que descender de ella para que la primera continúe su camino.

Los ejemplos posibles son innumerables y tocan a todas las formas de disfrute del espacio público. El mal diseño provocará conflictos entre quienes quieren usar un parque, disfrutar de una plaza, usar el transporte público, llegar a tiempo a una cita, etcétera.

El resultado de estos conflictos construidos en la competencia por el espacio público es nada más y nada menos que la violencia. La violencia urbana es uno de los fenómenos más complejos –y, por supuesto, lamentables– de las sociedades contemporáneas.

Provoca que quienes habitan un mismo entorno común experimenten fuertes tensiones con sus pares, por la necesidad de usar algo que, por derecho, les corresponde. Las calles, las plazas, los parques, el transporte, los mercados, todos son territorios comunes.

Pero, como la mayor parte de los recursos valiosos, son limitados; en algunos casos por la propia naturaleza del elemento en cuestión, pero en otros por una falta de claridad y empatía respecto al uso que debe darse al espacio y sobre las reglas para su disfrute.

Una mala, difícilmente visible o inexistente señalización en la vía pública provocará que un conductor se sienta con derecho a pasar cuando quien circula por la intersección tenga la misma convicción. Aun si esto termina en un susto, los reclamos no se harán esperar.

Evidentemente, ambas personas tendrán un argumento válido de por qué iban circulando bien y una muy clara –aunque parcial– percepción de por qué la otra lo hizo mal. Los reclamos pueden llevar de las palabras a los gritos y los gritos pueden también escalar.

No son pocas las lamentables experiencias donde sabemos que una persona perdió la vida como resultado de un incidente de tránsito; no por la gravedad del siniestro, sino porque, de quienes discutían, una persona traía un arma y decidió usarla contra la otra.

Muertes sin sentido, que pueden ser aún más fácilmente prevenibles que las colisiones. Pero esto no es exclusivo de situaciones viales. Los conflictos entre vecinas y vecinos por el manejo de la basura, las mascotas, el estacionamiento, provocan resultados similares.

El pasado 30 de mayo, VANGUARDIA publicó una nota sobre la preocupante situación que se dio entre un grupo de ciclistas y automovilistas, suscitada durante una rodada recreativa, de las que se observan comúnmente por las noches en las calles de nuestra ciudad.

https://vanguardia.com.mx/coahuila/saltillo/denuncian-ciclistas-amenazas-y-acoso-por-parte-de-automovilistas-durante-rodada-en-saltillo-CG21054006

De acuerdo con la información compartida en dicha nota, después de que una persona al volante de un automóvil pusiera en riesgo a una de las integrantes del contingente, inició una discusión que escaló, sumándose otras personas, haciendo que la situación creciera.

La vulnerabilidad de las y los ciclistas precisa de una consideración aún mayor por parte de automovilistas, lo que demanda también reglas y mecanismos de protección efectivos por parte de la autoridad, que den a los primeros seguridad en sus trayectos.

Lo mismo pasa con quienes se desplazan a pie y con quienes tienen alguna discapacidad. La ausencia de mecanismos efectivos, ágiles y fácilmente accesibles para su protección provocará situaciones que pueden derivar en una confrontación.

Diseñar espacios públicos para todas y todos, así como garantizar condiciones óptimas para su disfrute, nos acerca a un futuro posible.

jruizf@henka.com.mx

Abogado por la U.A. de C., especializándose en Derecho Ambiental y Gestión Urbanística. Cuenta con Maestría en Gestión Ambiental por la U.A.N.E. Cursa actualmente estudios de Doctorado con enfoque en Derecho a la Ciudad. Ha colaborado en los Institutos Municipales de Planeación de Torreón y de Saltillo, así como en la Delegación Coahuila de SEMARNAT. Ha representado a México en diversos foros internacionales, entre ellos el SWYL Program y la Tokyo Conference, organizados por el Gobierno de Japón. Se desempeñó como Director Operativo de COPERES y Presidente de la Representación Coahuila de la Asociación Mexicana de Urbanistas. Es catedrático a nivel Licenciatura y Posgrado en instituciones como la Universidad Autónoma de Coahuila y la Universidad Iberoamericana.

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