Doña Olga, el viaje a la igualdad

Opinión
/ 22 septiembre 2022
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Hace algunos años, en su despacho de la SCJN, conocí a la doctora Olga Sánchez Cordero, era ministra. Fui a visitarla como representante legal del Gobierno de Coahuila porque iba a defender la constitucionalidad de las cuotas de género en materia electoral que, por primera vez, se discutirían en nuestro más alto tribunal.

En el 2002, Coahuila se convertía en el primer estado que, por la influencia de un grupo de feministas, establecía la obligación de un porcentaje de postulación a favor de las mujeres para asegurar su real participación política en los cargos de elección popular. En ese entonces me tocó transitar en el Congreso local la propuesta. Ellas lograron el acuerdo necesario con el gobernador, Enrique Martínez y Martínez, para establecer una acción afirmativa que inició lo que hoy tenemos: la conformación de congresos paritarios entre hombres y mujeres. No fue fácil. Se aprobó la reforma, pero se impugno ante la SCJN.

Recuerdo que doña Olga –como siempre lo ha hecho– me recibo de manera muy fina y amable. Me escucho con atención. Me dijo: “si usted sabe como pienso en estos temas, porque lo he dicho antes, entonces puede predecir mi voto que defenderé por mi congruencia, experiencia personal y convicciones propias”. Al final, la SCJN reconoció la constitucionalidad de las cuotas electorales. La ley de Coahuila fue validada. Fue una sentencia que dio paso a una nueva concepción de la igualdad electoral.

Pues bien, los argumentos de doña Olga fueron fundamentales. Ese precedente judicial permitió generar toda una construcción de criterios judiciales que hoy conocemos como el principio constitucional de la paridad. Justamente, muchos años después, doña Olga –pero ahora como senadora– fue la que en el 2019 impulsó la reforma constitucional de “paridad en todo” que, sin duda, es la base para generar los cambios estructurales en la participación igualitaria de la mujer en la función pública. Luego se convirtió en la primera mujer que ocuparía la Secretaría de Gobernación para impulsar una perspectiva de gobernabilidad diferente, con mirada de mujer.

El pensamiento de doña Olga, durante todo su paso en los poderes Judicial, Legislativo y Ejecutivo, se ha distinguido por construir una visión que hoy conocemos como la perspectiva de género. Ella está al lado de la lucha feminista. Pero sabe, como otra grande, Ruth Bader Ginsburg, que los derechos por la igualdad requieren de los acuerdos políticos necesarios para consolidar el futuro de una verdadera cultura de la igualdad.

Las feministas lo saben. Hasta que, en efecto, existan sólo ministras, gobernadoras o legisladoras, el viaje a la igualdad será una realidad. Es un proceso en marcha. Es un cambio cultural. Las mujeres –como los hombres– tienen derecho a defender su visión para definir el rumbo de una sociedad.

En materia de género, Coahuila ha sido una referencia legislativa y jurisprudencial. Aquí ha sido el lugar donde se han construido buenas ideas para la paridad horizontal, vertical, transversal, competitiva y de piso mínimo. No es gratuito que tengamos un congreso paritario en forma consecutiva durante las últimas tres legislaturas. Es el congreso mayoritariamente más femenino del país. Las mujeres coahuilenses siempre han impulsado una política de género en el espacio público.

Es un camino difícil. La igualdad política entre hombres y mujeres no es sencilla. Es, quizás, la expresión de poder más desigualitaria para las mujeres en un contexto de sociedad patriarcal. Pero es parte de la lucha por igualdad política para asegurar los fines de una sociedad democrática.

Por eso el papel que tienen las mujeres en el poder es muy relevante. No sólo para idear, iniciar y consolidar los viajes a la igualdad. También para que, con inteligencia, progresividad y estrategia, puedan lograr los sueños de igualdad. Las mujeres, siempre, la tienen más difícil. Pero tienen mayor oportunidad de construir un mejor legado igualitario que nosotros los hombres.

MADRINA AIDH

Si hay algo que distingue a la comunidad estudiantil de la Academia IDH es que la primera generación de la Licenciatura en Derecho es mayoritariamente femenina. No sólo porque en la conformación hay una minoría de hombres en forma destacada. Sino también porque las ideas, valores y perfiles de ellas están marcadas por la defensa de los derechos de las mujeres. Contamos, no me queda la menor duda, con el próximo batallón de feministas que revolucionarán el espacio público en nuestra comunidad. Ya lo verán.

Doña Olga es la madrina. Ella nos dio en su momento el discurso inaugural de este nuevo programa educativo. Hoy la AIDH le otorga el título de Investigadora Ad Vitam para que nos aporte su cátedra feminista. Ella tiene mucho que enseñar. Su testimonio y ejemplo de vida es fundamental. Sus ideas –que ha defendido a lo largo de su trayectoria– son el vehículo que hoy se requiere para transitar en forma adecuada el viaje a la igualdad en una sociedad que hoy necesita modificar su realidad cultural.

Los hombres, con todos nuestros errores, tenemos que aprender más de mujeres como doña Olga que nos ofrece una visión de la igualdad que necesitamos entender y vivir para hacer mejor a nuestra sociedad.

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Nació en Saltillo, Coahuila (1971). Es Doctor en Estudios Avanzados en Derechos Humanos por la Universidad Carlos III de Madrid. Es autor, editor y coordinador de diferentes libros, monografías y artículos de derechos humanos. Fundador de la Academia Interamericana de Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Coahuila. Fue Presidente-Fundador de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas de Coahuila. Fue Director de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila.

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