Dos mujeres, dos reacciones
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Sobre Sheinbaum, Trump dijo que era una jefa de Estado rebasada por el crimen, pero sobre todo una pusilánime que prácticamente se oculta bajo la mesa por miedo al narco. Y a Meloni la pintó como una fanática devota, ávida del reflector
Me queda claro que Trump es ese desgraciado arrogante y narcisista mala entraña que, sin embargo, es capaz de sacarte una honesta carcajada.
Así ocurrió en la cumbre del G7 la semana pasada: los líderes de las principales economías del mundo soportaron durante 50 minutos el retraso de Trump (me refiero al retraso en su agenda, no a su estado cognitivo).
Cuando por fin se apareció, les dijo tan sonriente y tan campante: “Hello! I’m the boss!”.
Lo que en buen español significa más o menos: “¡Ábranse, móndrigos, que ya está aquí su mero padre!”.
Lejos de indignarse, Italia, Alemania, Francia y Reino Unido se partieron de risa con el cinismo del mandatario gringo, lo cual ayudó a disipar la tensión derivada de la larga espera y en seguida se pusieron a trabajar en la agenda del día.
Se suponía que nuestra Presidenta con “A” de “Niña Futbolista”, la doctora Sheinbaum Pardo, asistiría en calidad de país invitado y sostendría su primer encuentro cara a cara con Trump.
Pero el POTUS se chingó la rodilla y tuvo que salir a Washington a resolver una de las muchas crisis que él mismo suele provocar, por lo que aquel épico crossover MAGA-Morena no se pudo ya realizar.
De regreso a la cumbre, Trump pudo presumir sus logros en Irán, en donde gracias a su guerra –que no es guerra– pudo reabrir el Estrecho de Ormuz, que de hecho estaba abierto antes de su intervención. Y le recordó a todos lo increíble que es y lo tontos que son quienes lo critican. Ya usted sabe, la misma monserga que tenemos en casa.
Ahí pudo haber quedado su participación y se habría considerado un éxito rotundo para sus estándares. Pero desafortunadamente, para decirlo en su propia lengua: “And the bitch went on, and on...”. Y es que Trump literalmente no puede pasar medio día sin ser él mismo el centro de una acalorada controversia.
Y decidió entonces que, si no iba a ver a “Clodia Shainbaum”, le mandaría un mensaje que le doliera hasta a sus antepasados lituanos. En rueda de prensa, Trump dijo: “Los cárteles de la droga gobiernan totalmente a México. Ni siquiera está cerca. México ha perdido el control de su país. La Presidenta es una mujer muy buena, pero es una mujer muy asustada”.
Pero no fue nuestra Presidenta la única víctima de la falta de tacto y de diplomacia del Commander in Chief, quien dirigió su misoginia también contra la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, con quien apenas unas horas antes se le vio en amena charla y colaboración.
En una entrevista para la televisión italiana (y sin que viniera al caso), Trump les soltó:
“Probablemente esté feliz (Meloni) de que hablé con ella. No tenía por qué hacerlo. Me rogó que nos tomáramos una foto juntos. Quería una foto conmigo con tantas ganas... Yo no me la hubiera tomado, pero sentí lástima por ella”.
(¡Ohhhhhhhh!)
Lo cierto es que Trump está resentido con todos los viejos aliados europeos, ya que no le permitieron utilizar las bases militares para su incursión en Irán y no sin una buena razón, pues el acuerdo entre EU y países aliados es que el uso de dichas bases es sólo con fines defensivos y en este conflicto Estados Unidos en ningún momento ha estado bajo ataque. Así que es el berrinche de Trump porque sus aliados (a los que trata como el tapete) no lo secundaron en la campaña más desastrosa y sin sentido desde la Segunda Estrella de la Muerte.
En resumen: sobre Sheinbaum, Trump dijo que era una jefa de Estado rebasada por el crimen, pero sobre todo una pusilánime que prácticamente se oculta bajo la mesa por miedo al narco. Y a Meloni la pintó como una fanática devota, ávida del reflector y de un poco del brillo de su homólogo americano, al que mira como si fuera una especie de rockstar y ella una groupie a punto de aventarle los chones.
Bien, yo no soy para nada fan de Meloni. No sólo es una mujer de ultraderecha, sino que es tan nacionalista como Trump e incluso ha llegado a reivindicar al mismísimo “Duce”, Benito Mussolini.
Pero ese es el Efecto Trump, que en su cercanía, los personajes más deplorables nos resultan razonablemente aceptables. Y en una disputa, es capaz de hacernos darle la razón al más necio y cerril de nuestros adversarios ideológicos.
Meloni fue muy diplomática, pero demoledora, y le respondió con una breve aunque contundente nota de Twitter: “Las declaraciones de Donald Trump son completamente inventadas. Francamente, estoy atónita. No sé por qué el presidente de los Estados Unidos se comporta de esta manera con sus propios aliados... Es una pena que no muestre la misma determinación con los enemigos de Occidente, a cuyos líderes trata con mucha más indulgencia. Pero hay una cosa que debe recordar: ni yo ni Italia rogamos jamás”.
¡Toma, hipster, tu chai latte con leche de almendras!
Yo creo que Trump se creyó de verdad que todos los mandatarios del mundo lo ven como lo miran los gobiernos de su zona de influencia. O quizás simplemente pensó que la mujer lo dejaría salirse con la suya y apoyaría con su silencio su versión de los hechos. Sobre todo porque en otras ocasiones Trump y Meloni han sido aliados, pues, como dijimos, ambos son de ideología ultraconservadora nacionalista. Pero Trump quizás aprendió que alianza no significa incondicionalidad. No lo sé.
Lamentablemente, cada vez que Mr. Trump decide tratar como al trapito de la cocina a la doctora Sheinbaum, ésta recurre a tres posibles subterfugios, cada uno más sumiso que el anterior:
-“Ya saben cómo es su estilo para hacer declaraciones”. “No voy a entrar en controversias”.
-“Está mal informado” (porque claro, el presidente de la superpotencia, con el mayor aparato de inteligencia del mundo, no está bien informado).
-“No es Trump, son algunos grupos de la ultraderecha”. Lo ha llegado incluso a excusar.
Pero la de apechugar no es nueva. De igual manera, el viejito macuspano tuvo que tragar cantidades ingentes de camote gracias a la desigual relación con el presidente norteamericano (con Trump particularmente, los otros al menos eran más institucionales).
Y alguien podría decir: “Bueno, se sacrifican por la delicada relación comercial que sostenemos, por todos los intereses que hay en juego y lo nocivo que sería entrar en disputa con nuestro socio y vecino. Quizás Italia pueda darse el lujo de entrar en una controversia diplomática porque su agenda con los gringos nunca va a ser tan prioritaria como es para nosotros”.
¡Mentira podrida! Ni a AMLO ni a Sheinbaum les importa sacrificar el Tratado de Libre Comercio, o la relación diplomática, o los derechos humanos de los migrantes, o las condiciones de vida de los mexicanos residentes en Estados Unidos.
Agachan la cabeza y aceptan lo que el Commander in Chief les escupa sólo porque así protegen a su régimen, a las peores fichas que lo integran y a su propia impunidad.
Es su única preocupación y no pienso fingir que es de otra manera.