Economías locales sostenibles, desde la base

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Opinión
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Una transición energética justa exige una transformación más amplia, incluido en esto la creación de oportunidades de empleo reales, la reducción de deficiencias en capital humano y el alivio de la pobreza

Por Grita Anindarini, Project Syndicate.

YAKARTA- Cuando la transición energética en un país debe desarrollarse en un contexto económico difícil, dar respuesta a la distribución desigual de sus efectos se vuelve un desafío más complejo e imperioso. En Indonesia (de cuya economía se ha dicho hace poco que es una “bomba de relojería”), la extracción de carbón ha sido por mucho tiempo el principal motor del PIB en algunas regencias y provincias. La transición energética en esos lugares implica una cuestión política delicada: cómo sostener allí la diversificación económica e impulsar el crecimiento económico sin dejar de combatir el cambio climático.

La respuesta puede parecer obvia: para reducir la vulnerabilidad a perturbaciones económicas provocadas por el abandono de los combustibles fósiles es necesario diversificar las fuentes de ingresos. Pero decirlo es más fácil que hacerlo. Una transición energética justa exige una transformación más amplia, incluido en esto la creación de oportunidades de empleo reales, la reducción de deficiencias en capital humano y el alivio de la pobreza. Y sobre todo, estos esfuerzos deben estar en sintonía con el contexto local, para tener en cuenta las fortalezas exclusivas de cada zona y las necesidades específicas de cada comunidad.

Un ejemplo claro de esta vulnerabilidad es Pulau Panggung, una aldea situada en Muara Enim (una de las regencias indonesias más dependientes del carbón), en la provincia de Sumatra del Sur. Según un estudio realizado por WALHI Sumatera Selatan (Amigos de la Tierra de Sumatra del Sur) y el Centro Indonesio de Derecho Ambiental, trabaja en la minería (de modo permanente u ocasional) el 56,7 % de los residentes de la aldea. Cuando a principios de los noventa se comenzó a extraer carbón, la comunidad local abandonó en gran medida la agricultura, que hasta entonces era el principal motor económico de la aldea. Pero ahora que a las empresas mineras se les vencen los contratos y empiezan a implementar medidas de eficiencia, los medios de vida de los aldeanos están en riesgo, y esta vez no hay un reemplazo listo.

La economía posextractiva de la aldea podría basarse de nuevo en la agricultura, con el agregado del turismo centrado en la naturaleza. Pero la transición hacia esos sectores demanda un ecosistema saludable, para lo cual es esencial obligar a las empresas a cumplir con sus obligaciones en lo referido a la restauración de los terrenos explotados. Además, después de décadas de abandono de la agricultura, los aldeanos necesitarán formación en técnicas de agricultura sostenible y oportunidades para desarrollar habilidades económicas alternativas (por ejemplo, la comercialización en línea).

Algunos de los obstáculos contra la creación de nuevas bases económicas en Pulau Panggung son estructurales; uno de ellos es la ambigüedad jurídica en relación con la propiedad de la tierra (viejo problema en toda Indonesia). Pero el desafío más importante (aquí y en otros lugares) es la falta de canales formales para el desarrollo de iniciativas locales eficaces. Las fortalezas de cada aldea deben ser la base para una transformación económica con origen en la comunidad. Lamentablemente, la centralización del régimen regulatorio y de formulación de políticas en Indonesia (visible sobre todo en el sector energético) impide aprovechar al máximo esas fortalezas.

El Gobierno indonesio orienta la planificación de la transición mediante directrices generales, de cuya elaboración deberían encargarse, en teoría, los planes provinciales y de las regencias, según las características de cada lugar. Pero el plan de desarrollo regional a medio plazo de Sumatra del Sur para el período 2025‑2029 no ofrece pautas claras sobre cómo llevar a cabo la transformación económica; se limita a señalar que los esfuerzos en pos de una economía no basada en el carbón todavía son insuficientes. El plan reconoce el papel de los recursos naturales, pero no explica cómo usarlos de modo tal que se adapten a las necesidades de cada aldea y no haya daño a los ecosistemas.

No es un problema exclusivo de Indonesia. Muchos otros Gobiernos tienen falencias similares en sus políticas para la transición energética. La clave está en habilitar un enfoque más descentralizado, con énfasis en dos objetivos.

El primero es el involucramiento directo de las comunidades afectadas. Confiar la planificación de la transición a los Gobiernos locales y dar a las comunidades participación real en la toma de decisiones ayudará a funcionarios y empresas a diseñar intervenciones adaptadas al contexto, que amplíen las oportunidades de empleo para los trabajadores en riesgo de desplazamiento.

El primer paso para la integración de iniciativas comunitarias en estas políticas debe ser la realización de evaluaciones en el nivel local. Antes de la aprobación de cualquier plan, el Gobierno debería llevar adelante un estudio de la realidad local en materia de medios de vida, situación de las tierras, competencias laborales y fortalezas. En el caso de Pulau Panggung, un análisis de esta naturaleza destacaría el potencial de la aldea para la agricultura y el turismo.

En segundo lugar, hay que explorar la posibilidad de crear fondos regionales que permitan destinar los ingresos públicos derivados de la minería y de la producción de combustibles fósiles a la financiación de transiciones con origen en la comunidad. Un buen modelo es el Fondo Permanente de Alaska, por el cual el Gobierno de ese estado invierte una parte de los ingresos petroleros y mineros en programas que suponen un beneficio a largo plazo para todos sus habitantes actuales y futuros.

Este fondo soberano está bajo gestión de una empresa estatal y contribuye a financiar servicios públicos como la educación, la sanidad y la provisión de infraestructuras básicas. Los Gobiernos de los países desarrollados o en desarrollo pueden utilizar instrumentos de este tipo para garantizar una transición económica sostenible, actuando con transparencia y dando a las comunidades locales la posibilidad de elegir el destino de los fondos.

El tiempo para crear fondos regionales de este tipo se agota. Las autoridades de Indonesia y otros países deben actuar ya mismo, antes de que se corten los ingresos de la minería y de los combustibles fósiles. El primer paso podría ser implementar en las regiones afectadas (por ejemplo, Muara Enim) proyectos piloto para poner a prueba las posibilidades. Cualquier demora innecesaria conlleva riesgo de dejar a las comunidades provistas de planes y sin fondos para ejecutarlos. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Grita Anindarini es estratega sénior en el Centro Indonesio de Derecho Ambiental.

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