El barco de Teseo

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Opinión
/ 17 agosto 2025

“La ausencia era eso. Un lugar que uno conoce y recuerda de memoria, como si fuera una foto, donde uno falta.”

Ricardo Piglia.

Uno de los personajes heroicos de la antigua Grecia es quien fuera gobernante de Atenas: Teseo, quien además, ocupa un lugar privilegiado en el imaginario colectivo por ser quien dio muerte al minotauro. El barco de Teseo es una paradoja relacionada con el héroe griego: cuenta la leyenda que, cuando realizaba un largo viaje hacia Creta junto a su tripulación, el barco en el que navegaban se fue dañando debido a que el navío era bastante viejo, cada vez que la nave sufría por el embate del trayecto, era reparado por los tripulantes reemplazando cada una de las piezas por otra en mejores condiciones o bien, por piezas que pudieran ser reutilizadas en otras partes del barco. Cuando Teseo y su tripulación llegaron al puerto de Creta, la nave ya estaba completamente modificada, es decir, no quedaba una sola pieza que fuese del navío en el que salieron de la isla. La palabra paradoja es una derivación de la forma latina paradoxum, tomado del griego παράδοξον (paradoxon) y es lo contrario a la opinión común o una idea lógicamente contradictoria. La paradoja del barco de Teseo propone lo siguiente: si cada pieza o parte del barco es reemplazada, ¿qué define la identidad del barco?. Los filósofos plantean una reflexión, esta paradoja puede aplicarse a cualquier objeto o ser vivo y la pregunta se transfoma en, ejemplo: si a una persona, en el transcurso de su vida se le reemplazan todas sus células, ¿sigue siendo la misma persona?.

Con el paso de los años, el avance tecnológico, científico, constructivo y demás, la morfología de las ciudades ha ido cambiando, esto es innegable y además necesario, los medios de transporte han modificado nuestras ciudades así como la Revolución Industrial modificó nuestras prioridades, nuestros intereses y nuestra forma de habitar. En nuestros centros históricos pasa algo parecido a lo planteado en la paradoja. Ésta, en esencia no tiene una sola respuesta, su función es precisamente llevar a la reflexión y a la profundización en las ideas y las situaciones que han derivado en soluciones. Sin embargo, es un debate filosófico que ha durado siglos. En la arquitectura, la forma y la función además de las cualidades estéticas (belleza) de un objeto son los tres ingredientes que deben, si o sí, tener los edificios para que se cumpla todo en cuanto a ellos conforma la Arquitectura. Sin embargo, si aplicamos la paradoja a nuestro Centro Histórico ¿éste seguirá siendo el mismo porque está hecho de la misma materia aunque todas sus piezas y componentes, incluso habitantes sean diferentes? Si sigue manteniendo la misma forma y estructura, independientemente del uso de suelo o la especulación inmobiliaria, la gentrificación o la turistificación, ¿seguirá siendo un lugar que nos identifique, testigo de nuestra memoria construida, de nuestra cultura y nuestra tradición? Nuestro barco, nuestro centro histórico, seguirá siendo el mismo porque precisamente forma parte de la historia y tiene un significado colectivo? Y ¿qué pasará cuando ya no haya narradores que cuenten la historia? ¿cuándo ya no tenga habitantes que den contuinuidad a las tradiciones?

Es evidente que nuestros centros históricos estén pasando por un proceso de cambio, el tema principal aquí es cómo abordamos ese proceso, como comunidad, como sociedad, como autoridad. ¿Necesitamos seguir los pasos de nuestro vecino? Perdiendo toda la escala urbana dentro de nuestro centro histórico debido a rascacielos, edificios de departamentos, zapaterías y un largo etcétera. Habría que preguntarles a los habitantes del centro cuáles son sus necesidades y urgencias, relacionarlas con lo que la ciudad necesita y llegar a un consenso. Soluciones como aplicaciones para reportar banquetas en mal estado son innecesarias, tan simple como ir a caminar por cualquier calle del centro histórico, ¡cualquiera!.

La paradoja de Teseo plantea preguntas fundamentales sobre la identidad, la continuidad de nuestras memorias y el cambio, nuestro Centro Histórico requiere de cambios, sí, de mantener su identidad y sobre todo respetar a sus habitantes para que así pueda mantenerse su historia, su cultura y tradición material e inmaterial.

Argelia Isabel Dávila del Bosque es doctora en Arquitectura y Urbanismo por la UAdeC, grado que obtuvo con Mención Honorífica en 2024 y con el Premio a la Mejor Tesis Doctoral en 2025. Desde 2020 es profesora investigadora con perfil PRODEP en la Facultad de Artes Plásticas Prof. Rubén Herrera, donde fundó y coordinó el programa de posgrado acreditado ante el Sistema Nacional de Posgrados de SECIHTI.

Su trabajo enlaza investigación académica y creación artística. Fue becaria del PECDA Coahuila en 2012 en el área de patrimonio y, en 2021, en la categoría de creadora con trayectoria. Coordinó Umbrales. El centro de Saltillo. Visiones desde la transdisciplina, libro que obtuvo el primer lugar nacional en publicación editorial en 2023. En 2025 publicó Hybris Vernacular, obra que también recibió el primer lugar nacional de diseño en la categoría de publicaciones. Como periodista cultural, ganó el Premio Armando Fuentes Aguirre “Catón” en su 23ª emisión, categoría Prensa. Además coordina la plataforma In Signia, dedicada al estudio, promoción y preservación del patrimonio y los símbolos que conforman la identidad de Saltillo. Colaboradora en revistas de divulgación nacionales y regionales, es evaluadora de artículos científicos, proyectos artísticos y programas de posgrado. También se desempeña como analista, gestora y asesora en reglamentación urbana. Sus líneas de investigación se centran en el patrimonio, los imaginarios urbanos y los emblemas simbólicos, así como en la concepción, circulación y consumo de la imagen y su papel en la construcción de la cultura.

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