El canto del cisne
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Con un hilo conductor de temperamento y ADN ruso, la Orquesta Filarmónica del Desierto de Coahuila (OFDC) interpretó un programa la noche del jueves 22 de octubre, con obras de dos compositores rusos y un finés: Mijaíl Glinka, Serge Prokofiev y Jean Sibelius; el maestro David Bretón fue el director huésped que condujo a la OFDC, y el maestro Sebastián García, el solista al violín. El repertorio presentado fue la Obertura “Ruslán y Liudmila” de Glinka, el Concierto para violín y orquesta en Re mayor, no. 1 Op. 19 de Prokófiev, y la Sinfonía no. 5 en Mi bemol meyor Op. 82, de Jean Sibelius.
El dinamismo desbordante de la Obertura de la ópera Ruslán y Liudmila de Mijaíl Glinka tuvo en la interpretación de la OFDC una muestra de milimétrica precisión y de un dinamismo desbordante. La batuta del maestro David Bretón mantuvo el control del pulso sin sofocar el espíritu festivo y heroico de la obra. No hubo rastro de emborronamiento en los pasajes de figuraciones rápidas; el tema lírico del segundo tema, introducido por las violas y violonchelos, fue entonado con un lirismo profundamente emotivo, de fraseo amplio y noble que le hizo justicia al heroísmo del personaje de Ruslán. La lectura vigorosa de la obertura de Glinka dotó a esta célebre pieza orquestal de toda su frescura y dinamismo sonoro.
Prokofiev escribió su primer Concierto para violín y orquesta en medio de la vorágine de la Revolución rusa, por esa razón se pospuso su estreno seis años después, en 1923, en París. El espíritu del concierto es ajeno al momento político y social que cimbró a la sociedad rusa. Además de modificar la secuencia estructural del concierto para instrumento solista (rápido, lento, rápido), que el compositor ucraniano invierte en un lento, rápido, lento, Prokofiev hace de esta obra una de las más líricas, enigmáticas y fascinantes del repertorio de inicios del siglo XX. La versión interpretativa del joven violinista regiomontano, Sebastián García, fue balsámica en los movimientos extremos y de una transparencia textural en el movimiento central. García abordó el inicio del Andantino con un espíritu delicado, casi místico; el color de sus pianos reveló a un intérprete en pleno control de la técnica que posee; fue agradable escuchar sus pasajes desprovistos de vibratos excesivos que permitieron disfrutar las bellas líneas melódicas, permitiendo así percibir la fascinante convivencia entre el lirismo neorromántico y la audacia armónica que Prokofiev desplegó en la partitura. El Scherzo mostró a un violinista en control del pulso, un movimiento riesgoso, porque incita a la ejecución de velocidad descontrolada, por eso su articulación se mantuvo nítida en pleno control rítmico. Sus staccati y los efectos de ponticello los utilizó con relativa sapiencia, evitando las tentadoras pirotecnias. La orquesta y Bretón mantuvieron una impecable labor de acompañamiento, permitiendo el lucimiento en los registros medios del violín, privilegiando un diálogo de altísimo nivel. La transición al lirismo inicial que reaparece en el tercer y último movimiento tuvo su clímax en el pasaje de trinos, en la zona más aguda y erizado de dificultades. Sebastián García lo abordó con serenidad y tensión contenida.
La OFDC volvió a otorgarnos una interpretación memorable de una obra sinfónica fundamental del repertorio orquestal: la Sinfonía no. 5 en Mi bemol mayor de Sibelius. La OFDC brindó una lectura imponente que captó el espíritu orgánico y panteísta de esta obra magna. La quinta sinfonía, concebida en tres movimientos, tiene su apoteosis en el último movimiento, Allegro molto, en el que Sibelius plasma una experiencia casi mística relacionada con una visualización de 16 cisnes volando sobre el lago, junto a su casa. Los cornos franceses y, en general, la sección de los alientos metales, nos brindaron una ejecución memorable del Himno del cisne, al inundar la sala con una sonoridad expansiva, majestuosa. Los violonchelos realizaron un contactando profundamente expresivo junto a los metales. Los últimos seis acordes separados por silencios absolutos fueron ejecutados con precisión quirúrgica, dando plena justicia al espíritu cósmico de la Quinta de Sibelius.
CODA
“Por un instante, Dios abre su puerta y Su orquesta toca la Quinta Sinfonía”. Jean Sibelius.