‘El Día de la Revelación’
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No encuentran nada porque, simplemente, no hay nada que hallar; no existe evidencia de civilización alguna que se haya desarrollado fuera de la Tierra
Steven Spielberg siempre ha sido uno de mis cineastas favoritos. Un narrador y director que, en mi opinión, contribuyó a forjar no sólo mi amor por el cine, sino también muchos valores fundamentales. Claro que también es responsable de que escuche el tema de “Tiburón” cada vez que meto el pie en una alberca, y ya no se diga en el mar. Debe ser uno de los pocos directores capaces de convertir teorías conspirativas sobre extraterrestres, ya desacreditadas, en relatos que parecen creíbles y emocionalmente sinceros. Pero de ahí a la realidad hay un gran trecho. Eso se expresa en la bien librada película “El Día de la Revelación”, un thriller de ciencia ficción un tanto complementario de “Encuentros Cercanos del Tercer Tipo”, de 1977.
Spielberg despierta esa sensación de “quiero creer”, que refleja más el deseo de muchas personas de pensar que hay vida fuera de este planeta porque temen estar solas en el universo. Les reconforta imaginar que hay alguien o algo por ahí, más allá de la Tierra. Para responder a esto, en 1950 el físico italiano Enrico Fermi, Premio Nobel de Física, planteó que, teniendo en cuenta la edad del universo y la probabilidad estadística de vida en él, entonces, ¿dónde está todo el mundo? Si existen miles de millones de posibilidades de que haya civilizaciones inteligentes, ¿por qué ninguna ha contactado con nosotros? Conocida como la “paradoja de Fermi”, la pregunta continúa persiguiéndonos.
El universo está probablemente lleno de planetas habitables, por lo que mucha gente, incluyendo científicos, podría pensar que, por pura probabilidad estadística, debería existir alguna forma de inteligencia extraterrestre. Se estima que podrían haber hasta 40 mil millones de planetas, de los cuales 11 mil millones pueden estar orbitando estrellas similares al Sol.
Bajo esa premisa, y considerando que algunos científicos estiman que el universo tiene más de 13 mil millones de años, entonces ya ha transcurrido tiempo suficiente para que alguna civilización extraterrestre evolucione y desarrolle la tecnología necesaria para encontrarnos o, al menos, contactarnos. ¿Por qué no lo han hecho? Una respuesta la planteó el Instituto de Ciencias Planetarias de la Universidad Nacional de Australia en la revista “Astrobiology”, donde afirman con contundencia: Todos están muertos.
Esta teoría, llamada “Cuello de botella de Gaia”, afirma que la vida es tan frágil que la mayor parte de ella simplemente no sobrevivió. Sostiene que el proceso evolutivo conlleva una serie de obstáculos: “Al igual que en la Tierra, los primeros años de cualquier planeta fueron frágiles y nada pudo evolucionar lo suficientemente rápido como para sobrevivir, pues la mayoría de los ambientes planetarios al inicio fueron inestables”.
Para que un planeta sea habitable, las formas de vida deben contar con elementos capaces de regular los gases de efecto invernadero, como el agua y el dióxido de carbono, para mantener las temperaturas de la superficie estables, no congeladas ni ardiendo.
Considere a la Tierra, que reunió y tiene todo para dar origen a la vida tal como la conocemos: agua líquida en su superficie, una atmósfera protectora y no está expuesta a demasiada radiación. Como tal, es el único lugar de nuestro sistema solar donde la vida prosperó. En contraste, Venus y Marte, tras miles de millones de años, se volvieron calientes, fríos, hostiles, secos y llenos de gases mortíferos, donde nada puede o pudo sobrevivir. Lo mismo sucedió con otros planetas en otros sistemas, que primero estuvieron calientes y luego sufrieron cataclismos que arrasaron con cualquier posible forma de vida.
Así que la posibilidad de vida en el cosmos, más allá de las estadísticas, depende de su capacidad de persistir. Esa podría ser la razón por la cual, hasta ahora, las búsquedas de inteligencia extraterrestre a cargo del SETI o del telescopio espacial no han tenido éxito. No encuentran nada porque, simplemente, no hay nada que hallar; no existe evidencia de civilización alguna que se haya desarrollado fuera de la Tierra.
Estamos solos, irremediablemente solos. Todo es de noche y la oscuridad es tan sombría que nos envuelve por completo. Así que lo único que resta es arrodillarnos ante ella y venerarla.