El extraviado corazón de AMLOVE
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Es el mes del amor y antes de celebrar ese indescriptible don del espíritu, necesitamos saber dónde hemos colocado nuestro corazón, es decir, cerciorarnos de tenerlo puesto en el lugar correcto.
Desde luego, sabemos ahora que la neuroquímica es la responsable de nuestros sentimientos, pero en la antigüedad se pensaba que nuestro centro emocional era la bomba sanguínea, falacia que se perpetuó en las novelas y que tras ser desmentida por la ciencia subsistió como figura retórica y licencia poética.
Hoy sabemos que los males del corazón no son el desamor, el desdén, la traición y la indiferencia, sino la hipertensión, la insuficiencia coronaria, la arritmia y las cardiopatías congénitas, mucho menos glamorizadas por el cine y la literatura, aunque infinitamente más serias.
Pero el corazón se ha mantenido vigente como núcleo imaginario de nuestros sentimientos gracias a una conspiración entre los poetas y los fabricantes de tarjetas, pues unos no saben cómo rimar “cerebro” y los otros no pueden dibujar la masa encefálica de manera simpática.
En fin, que aunque sea sólo una metáfora, hay que saber dónde hemos puesto al músculo cardiaco, porque profesarle cariño o devoción a la persona equivocada nos puede acarrear desastrosas consecuencias y esas sí, no son para nada figurativas.
Para ser honesto, me preocupa el desfibrilado corazón de nuestro Gepetto de Macuspana y no, no lo digo porque sus viajes a la ciudad de Tepic hayan cesado abrupta y coincidentemente con el anuncio del embarazo de la ex modelo e inexplicable alcaldesa de la capital nayarita, Geraldine Ponce.
Eso no es lo que me preocupa. Yo sé que nuestro galán otoñal sabrá sobreponerse, aunque de tanto en tanto una indiscreta lágrima resbale por su papujado rostro cuando le asalte el recuerdo del sabor de un sope de ostiones (no es albur, es uno de los platillos típicos de esa entidad costera).
Me preocupa el corazón de nuestro Pejestorio porque cada vez con mayor frecuencia vemos cómo abraza, cobija y defiende a gente vil, rufiana y abyecta; al tiempo que injuria a aquellas personas que durante años le profesaron respeto, fidelidad y un cariño a toda ley.
¿Qué tan extraviado tiene que estar un corazón como para meter las manos en la lumbre por el siniestro fiscal Gertz Manero o el impresentable Manuel Bartlett y, desde la misma tribuna que defiende a estos dos costales de mañas, atacar al patriarca de la izquierda, a su mentor y padrino político, al heredero del prócer de los hidrocarburos, el “Inge” Cuauhtémoc Cárdenas?
Que AMLO llamase adversario político al hijo del “Tata” dejó boquiabierto a más de uno. Y es que desconocer a la piedra fundacional de la izquierda mexicana significa no tener ya ningún vínculo con los ancestros de lucha.
Renegar de Cárdenas es no reconocer ya ningúna raíz doctrinaria ni anclaje ideológico.
¿Y todo por qué?, ¿Porque el Inge aparentemente formaba parte de un colectivo que busca hacer contrapeso político a la descarada visión totalitaria que impulsa al Presidente?, ¿Es eso un crimen?, ¿Qué no el derecho a disentir y el respeto a la libertad eran valores fundamentales de la izquierda? Tal parece que no de la izquierda que profesa AMLOVE.
El pobre viejo fundador del PRD tuvo que deslindarse del colectivo y desconocer cualquier participación o involucramiento, pues está impedido desde que su hijo, Lázaro Cárdenas Batel, es el jefe de asesores de la Oficina de la Presidencia de la República.
Y como si nadie recordara que un día antes había tratado al “Inge Temo” de traidor y de adversario, AMLO se deshizo en reconocimientos de dientes para afuera en menos de 24 horas: “Yo lo estimo mucho, pero además lo respeto porque es precursor del movimiento democrático”.
Demasiado tarde, esa relación ya está quebrada. Pero deja en claro que a AMLO se le tiene que amar incondicional e irrestrictamente, so riesgo de quedar excluido para siempre de sus afectos y ser visto como un enemigo.
En la misma semana, el señor que duerme en hamaca en Palacio Nacional, se lanzó en defensa del honor de su apuesta para el Edomex, la cetácea Delfina Gómez a quien la Auditoría Superior de la Federación señala por un desvío de casi mil millones de pesos (830 nomás).
Pero no hay mácula que haga reconsiderar al Presidente en tanto le seas fiel y obediente. La grave acusación ni siquiera mosqueó tantito al Presidente: “La maestra Delfina es una mujer honesta, que tiene toda mi confianza, es una mujer incapaz de robarse un centavo, nada que ver con los políticos”, dijo AMLO urbi et orbi.
Y justo en la misma semana, el Mandatario volvió a arremeter contra una vieja aliada de sus días de candidato opositor, la periodista Carmen Aristegui, luego de que la también conductora noticiosa tuviera la osadía de presentar el libro de uno de los principales “enemigos” del régimen, el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova.
Sin importarle que Aristegui es desde hace más de una década la periodista mejor acreditada por la opinión pública, sin importarle tampoco que en su momento fue la única que le abrió los micrófonos cuando todas las cadenas y estaciones tenían vetado al AMLO contestatario y sin importarle que si alguna vez Aristegui fue parcial, lo fue para apoyar a la causa del hoy Presidente, aún así, fue categórico:
“No es que la traiga yo con Carmen Aristegui, es que está involucionando”.
¡Amiga, date cuenta! ¡Digo! Dese cuenta, señor Presidente, cuán dañado está su criterio afectivo poniéndose a revisar la trayectoria de aquellos que cobija contra la de quienes denuesta, pero trate de hacerlo de una manera objetiva, mirando más allá de la lealtad que le puedan jurar.
Mal desenlace nos espera cuando nuestra brújula moral está así de descompuesta y la de la querencia es tan veleidosa que al menor gesto o pronunciamiento que le contraríe, pasa del cariño más jubiloso al más acre aborrecimiento.