El general y su patrimonio: el escándalo en torno a Luis Cresencio Sandoval

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/ 17 mayo 2023
true

El secretario de la defensa, general Luis Cresencio Sandoval, como cualquier alto funcionario de la federación tiene derecho a una buena calidad de vida. El problema se presenta cuando las cuentas no dan en su gasto, más por los salarios que el presidente decidió asignar a su gabinete. En el caso están presentes todos los indicios de venalidad, tráfico de influencia, conflicto de interés, operaciones simuladas, posiblemente fraude fiscal y otras faltas parecidas. La estatura del funcionario, la relevancia de las fuerzas armadas y la ilimitada confianza que les ha dispensado el presidente obligan a una explicación por el aludido y a una investigación rigurosa e independiente. Difícil ocurra, pero es lo debido, más por la prédica moralista presidencial.

Todo alto servidor público tiene derecho a vivir bien, con dignidad. En el caso particular las cuentas no dan por el criterio que ha impuesto el presidente López Obrador respecto a la austeridad y el ingreso que deben recibir los funcionarios. Ahora se sabe que buena parte es simulación, que los funcionarios, empezando por el mismo presidente tienen beneficios mayores a los reportados. Poner la vara alta inevitablemente conduce a la simulación y a las imposturas, mucho más cuando se acompaña de la opacidad y el secreto oficializados.

TE PUEDE INTERESAR: El gobierno y su pueblo: radiografía del vínculo entre el prócer y la sociedad

Quien se desempeña en una alta responsabilidad en el sector privado o público tiene derecho a los beneficios propios de su éxito profesional. La pobreza no es virtud e invocarla como tal conduce a la hipocresía. La austeridad, siempre encomiable, es una decisión personal, porque las remuneraciones deben estar asociadas al nivel de responsabilidades. La austeridad de ahora es farsa y más que ello ha sido una manera de castigar a los buenos servidores públicos y no sólo ello, un inocuo reclamo al pasado por sus excesos. Lo que debe reconocerse es que la venalidad no deviene de los altos ingresos, sino de la corrupción, de apropiarse de los recursos públicos o de la extorsión que se hace desde el poder a los particulares y cualquiera puede constatar que las cosas están peor que antes.

El tema de los bajos ingresos que se han impuesto a los servidores públicos atiende a un sentimiento de agravio por dos consideraciones: primero, la pobreza que padecen la inmensa mayoría de los mexicanos, incluso quienes pertenecen a la clase media; segundo, el abuso, ya que es común que políticos encumbrados vivan con exceso, lo que no quiere decir que el ingreso de para ello, sino más bien proviene de la corrupción.

La pretensión de elevados ingresos de personas profesionalmente exitosas es parte del juego, más en un país en donde la red de protección social es tan precaria que muchos tienen que recurrir a la medicina o a la educación privadas, sólo por mencionar algunos ejemplos. El presidente les recrimina, pero cuando en el pasado tuvo problemas de salud graves se atendió en la medicina privada.

Los excesos del general secretario Sandoval documentados por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad dan en la línea de flote del proyecto político actual. Muestra que la austeridad es farsa y, eventualmente, que la honestidad valiente también. Igualmente revela que la hipótesis que justifica la militarización no pasa la prueba; el pueblo uniformado es tan frágil como cualquiera. Es iluso pensar que lo que ocurre con el general secretario es excepción, mucho más en una institución hecha para operar en la opacidad, la discrecionalidad y con una muy escasa propensión a la rendición de cuentas, como ha sido evidente en la conducta del militar aludido respecto a los legisladores.

TE PUEDE INTERESAR: El presidente y su candidato(a): la simulación que viene

La corrupción no se resuelve con prédicas presidenciales, tampoco con designaciones de funcionarios en las que se sacrifica capacidad por honestidad, como si fueran atributos incompatibles y como si fuera fácil identificar lo segundo. México continúa siendo un país con elevadísima venalidad y más ahora porque se ha resuelto transitar por la puerta grande de la impunidad. Por ello no hay rendición de cuentas, no hay transparencia, no hay derecho a la información sobre lo que se hace y se destina con los recursos públicos. El patrimonialismo populista hace creer que la causa todo lo vale, incluso recrear a la corrupción de siempre.

Temas



Licenciado en Derecho Facultad de Jurisprudencia UAC. Maestría y Estudios de Doctorado en Gobierno por la Universidad de Essex, Inglaterra.

Ha sido Catedrático en el ITAM; en el ITESM; en el CIDE; y en la Universidad Anáhuac.

En 1997 a 2000 titular de la Asesoría Política en la Presidencia del doctor Ernesto Zedillo.

Desde 2005 director general del Gabinete de Comunicación Estratégica

Columnista Juego de Espejos en Milenio Diario, Bloomberg-El Financiero y en SDP Noticias, Código Libre y en la Revista Peninsular. Coautor de varios textos en materia electoral y estudios históricos.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM