Empezando el año
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Los saltillenses de antes, los de enantes y los de endenantes recuerdan un clima en que se podía confiar... El clima de ahora es más impredecible que Trump
Febrero loco y marzo otro poco, pero enero no se queda atrás tampoco.
Si no te agrada el clima espera un momentito, que no tardará en cambiar. Parece que el clima de nuestra ciudad llegó ya al climaterio, así de variable es su carácter, así de tornadizo y veleidoso. Hace unos días, por ejemplo, el cronista salió de su casa –que es la tuya– al muy afilado filo de las 8:00 de la mañana. Hacía un frío de los mil demonios, por más que el calor intenso sea la especialidad de los demonios, y el cielo estaba gris, brumoso. A las 10:00 terminó el desayuno que fue causa de esa desmañanada, y he aquí que a esa hora el cielo ya lucía lleno de luz, con espléndido sol y un cielo azul sin nubes.
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Los saltillenses de antes, los de enantes y los de endenantes recuerdan un clima en que se podía confiar. El invierno era invierno; la primavera, primavera, y así. El clima de ahora es más impredecible que Trump.
Digo eso porque empezamos el año con una cauda de novedades entre las cuales la del secuestro de Maduro no es la única. En fin, a lo hecho pecho, como dijo Efraín Huerta que dijo la muchacha soltera amamantando al crío. Otras peores épocas hemos padecido, y aquí estamos, dándole gracias a la Divina Providencia, que nunca desampara a sus criaturas, ya sean tan grandes como un gorrión o tan pequeñas como un hombre.
Y aquí estamos también, esperando partir la rosca de Reyes y preparándonos para las levantadas. No se pierden las tradiciones, por fortuna, y siguen firmes y constantes, no como el clima o los impuestos. Subirán los precios –cómo no van a subir–, y aunque sudemos y nos acongojemos –acojonemos, dijo el madrileño– aquí seguiremos mientras Diosito quiera, que ojalá sea por mucho tiempo, pues la vida es bella y a fin de cuentas y de cuentos las calamidades le hacen lo que al Benemérito de las Américas el suave céfiro estival.
He aquí un anticipado regalo de Reyes: la breve antología de refranes que con su saludo de Año Nuevo me envió por el e-mail un lector mío de Jalisco, que sabe de mi afición a la paremiología.
“Estoy viejo, pero no espueleado”. Es decir, tengo ya muchos años, pero todavía me conservo bien.
“A tu tierra, grulla, que ésta no es la tuya”. Se aplica a quien de tierra ajena ha llegado a hacer males en la de uno.
“No te ataques, que no es boda”. Tal reprensión merece quien abusa de la confianza que se le otorgó.
“Si malo es San Juan de Dios, peor es Jesús Nazareno”. Las imágenes de ambos aparecen sangrantes, pero más cruenta es la de Jesús que la de San Juanito. Equivale a aquello de “Salir de Guatemala para entrar en Guatepeor”. (Ahora Guatepeor se llama Venezuela).
“Muchos cabitos de vela hacen un cirio pascual”. Dicho de otro modo: “De grano en grano llena la gallina el buche”.
“Hoy los tragos, mañana los estragos”. Se refiere a ese mal espantoso llamado “cruda”, crudelísimo azote de la humanidad doliente, sobre todo en estos días. Declaraba el Chaparro Tijerina, de Monterrey: “El vino eleva el espíritu, convéngale al cuerpo o no”.
“El metate p’allá y el petate p’acá”. Quien acuñó este refrán quiso decir: “Gocen otros el comer, y sea para mí el con ge”.