El momento de la verdad de la Agenda Global de la Tierra

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Opinión
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Por primera vez, los ingredientes clave para la restauración de la tierra a gran escala,voluntad política, cooperación internacional, capacidad de ejecución y financiación, están empezando a alinearse

Por Osama Faqeeha y Bradley Hiller, Project Syndicate

RIAD- Cada segundo, la degradación del suelo se cobra una superficie equivalente a cuatro canchas de fútbol de terreno fértil, lo que supone una pérdida anual que equivale a dos veces la superficie de España. Como es de suponer, los costos de estas pérdidas son astronómicos, ponen en riesgo a miles de millones de personas e implican un gasto para la economía global de casi un billón de dólares al año. Si no se toman medidas, hasta el 95% de la superficie terrestre mundial podría degradarse, lo que se define como la pérdida de la capacidad para generar beneficios derivados de un uso específico, para 2050, y las sequías afectarían a más de tres cuartas partes de la población mundial.

No obstante, hay motivos para el optimismo. Mientras los delegados se reúnen en Ulán Bator, Mongolia, con motivo de la 17 Conferencia de las Partes (COP17) de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), crece el impulso a favor de una respuesta global más ambiciosa. El lema de la cumbre, “Restaurar la tierra. Restaurar la esperanza”, refleja la creciente concientización de que la restauración de la tierra no es solo un imperativo ambiental, sino también una oportunidad económica y de desarrollo.

Por primera vez, los ingredientes clave para la restauración de la tierra a gran escala,voluntad política, cooperación internacional, capacidad de ejecución y financiación, están empezando a alinearse. Cinco señales recientes sugieren que este podría ser el momento de convertir la ambición en acción.

La primera es una participación más amplia en el proceso de la CNULD. La COP16, celebrada en Riad en 2024, fue la cumbre de este tipo más grande e inclusiva hasta la fecha. Hizo que el uso de la tierra y la sequía ocuparan un lugar más relevante en la agenda mundial y los vinculó a cuestiones como la seguridad alimentaria y del agua, la igualdad de género y la tenencia de la tierra. El resultado más destacado fue la Agenda de Acción de Riad, el primer marco mundial dedicado a la tierra, que desde entonces ha reunido a más de 100 socios públicos y privados.

La COP16 también movilizó 12 mil millones de dólares para programas como la Alianza Global de Riad para la Resiliencia ante la Sequía, además de ampliar la participación del sector privado a través de Business4Land. Ahora, dos iniciativas próximas de la Agenda de Acción de Riad, Avances en materia de tierras y suelos y la Plataforma Comunitaria, tienen como objetivo acelerar el progreso a medida que los países van traduciendo cada vez más sus compromisos políticos en planes nacionales contra la sequía y en objetivos de neutralidad en la degradación del suelo.

La segunda señal es el progreso realizado hacia una mayor convergencia entre las Convenciones de Río. Durante décadas, las agendas sobre el clima, la biodiversidad y la tierra que surgieron de la Cumbre de la Tierra de Río de 1992 avanzaron por separado. Sin embargo, ahora se consideran cada vez más como dimensiones interconectadas de una única crisis planetaria -una comprensión que se ha tardado mucho en alcanzar y que es esencial para desarrollar enfoques más integrados en materia de formulación de políticas, financiación e implementación.

La COP16 reforzó esta nueva forma de pensar con la decisión de fortalecer la colaboración entre las Convenciones de Río. La misma tendencia se observa en una amplia gama de iniciativas, desde el nexo entre el agua, la energía, los alimentos y los ecosistemas, pasando por diversos marcos de transición justa, hasta taxonomías de finanzas sostenibles más integradas.

De hecho, el impulso detrás de estas nuevas formas de colaboración sigue creciendo. Tanto la Declaración Conjunta de Belém como el Diálogo de Antalya sobre las sinergias de la Convención de Río ponen de manifiesto un reconocimiento cada vez mayor de que 2026 -año en el que la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica y la CNULD celebrarán sus COP con pocos meses de diferencia- ofrece una oportunidad puntual para alinear los esfuerzos destinados a abordar la crisis planetaria.

La tercera señal alentadora es el creciente papel de liderazgo de las economías en desarrollo y emergentes. El historial de la UNCCD como sede de la COP refleja este cambio. Desde 2013, todas las cumbres bienales han sido organizadas por una economía en desarrollo o emergente, desde Namibia y China hasta India y Costa de Marfil, y se espera que Egipto sea la sede de la COP18. Además, las iniciativas nacionales refuerzan esta misma tendencia. La Iniciativa Legado Verde de Etiopía, el proyecto Tsunami de diez mil millones de árboles de Pakistán, la Iniciativa Verde Saudita de Arabia Saudita y el Programa de Cortavientos de las Tres Regiones del Norte de China demuestran que la restauración a gran escala es factible.

A esto se suma el creciente ecosistema de alianzas globales, desde la iniciativa Inversión en Agricultura Resiliente para la Degradación Cero de la Tierra, liderada por Brasil, hasta las redes locales que promueven la restauración y la resiliencia en Asia, África y América Latina. En conjunto, estos avances apuntan a una nueva realidad: las economías en desarrollo y emergentes están configurando cada vez más la visión e impulsando la implementación de la agenda global sobre la tierra.

La cuarta señal es la aparición de una nueva generación de iniciativas de restauración a gran escala. Más allá de los esfuerzos nacionales, los programas de restauración hoy se están llevando a cabo en regiones enteras, sumándose a una tradición que se remonta al Desafío de Bonn de 2011, cuyo objetivo es restaurar 350 millones de hectáreas de paisajes degradados y deforestados para 2030. Por ejemplo, la Iniciativa Verde de Oriente Medio, respaldada por casi 30 países adheridos, pretende plantar 50 mil millones de árboles y restaurar 200 millones de hectáreas.

Al mismo tiempo, la Alianza Global de Riad para la Resiliencia ante la Sequía trabaja para proteger a los 74 países más vulnerables a las sequías del mundo. En África, la Gran Muralla Verde está recuperando impulso, con el apoyo de 22 países, mientras que la Iniciativa 20x20 ha reunido a 18 países de América Latina y el Caribe en torno a compromisos de restauración. En conjunto, estas iniciativas demuestran que la restauración ya no es solo una iniciativa nacional, sino que, cada vez más, se convierte en una iniciativa regional y continental.

La quinta señal es la movilización de capital. Tras años de una inversión insuficiente crónica, la financiación destinada a la restauración de la tierra y a la resiliencia ante la sequía está empezando a aumentar. La financiación climática por parte de los bancos multilaterales de desarrollo ha crecido en los últimos años, alcanzando la cifra récord de 163 mil millones de dólares en 2025, parte de la cual se destina a la tierra y fomenta la resiliencia ante la sequía.

Y lo que es más importante, el modelo de financiación está evolucionando rápidamente. Iniciativas como la Iniciativa Verde de Oriente Medio y la Alianza Global de Riad para la Resiliencia ante la Sequía están diseñadas para utilizar la financiación pública estratégica con el fin de movilizar fondos mucho mayores de capital concesional y privado. Los instrumentos innovadores están acelerando este cambio. El Fondo de Inversión para la Resiliencia ante la Sequía de Luxemburgo tiene como objetivo no solo financiar la resiliencia ante la sequía, sino también crear un mercado viable para ella. Y las coaliciones del sector privado, como Business4Land, junto con instrumentos como los bonos temáticos y los créditos de resiliencia, están contribuyendo a redefinir la tierra fértil como un activo productivo capaz de generar beneficios económicos, sociales y ambientales.

Si bien queda mucho por hacer, está claro que la agenda global sobre la tierra ha llegado a un punto de inflexión. La cuestión ya no es si la restauración de la tierra a gran escala es posible, sino si los gobiernos, las instituciones y los inversores pueden actuar con la suficiente celeridad como para convertir este impulso sin precedentes en acciones concretas antes de que los costos de la dilación se vuelvan prohibitivos. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Osama Faqeeha es viceministro de Medio Ambiente del Reino de Arabia Saudita y asesor jefe del presidente de la COP16 de la CNULD. Bradley Hiller es especialista principal en cambio climático del Banco Islámico de Desarrollo.

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