Este otoño trae cambios. ¿Quieres tomar los que están en el aire o proponerte los que sirven a tu vida?
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Ahora sí, el día 23 de septiembre entra el otoño con el equinoccio. Acabo de leer una publicación que dice, “Permítete este otoño soltar todo lo que ya no te sirve.” Lo primero que pienso al leer eso es que vivo en una casa llena de cosas. La mitad no me sirve. Pero también sé que vivo con ideas, creencias, convicciones, actividades y hábitos que, en esta etapa de vida, ya no me sirven. Y sé que tú también. Ciertamente la energía colectiva de este año trae una ola de cambios profundos y sorprendentes. Cada vez que entro a redes sociales me confrontan noticias de personas que han fallecido. Niños, jóvenes, adultos y personas mayores. Una cantidad de accidentes que me parecen sin precedente, muertes inesperadas. Pienso que los cambios en nuestra manera de ver la vida y el mundo son igualmente inesperados y sorprendentes. Si de pronto cambia algo muy profundo en mí, sería natural que necesite tiempo para que eso nuevo se acomode y para aceptar que lo anterior, mientras que me sirvió en su tiempo, puede tomar su lugar en el pasado. El cambio es una garantía de la vida y de la condición humana. Cambiar creencias anticuadas, valores que se han vuelto insostenibles, hábitos que tal vez siempre han sido inútiles... La ciencia, al avanzar los estudios y las evidencias, ha descubierto que lo que antes se consideraba “la verdad” ahora no tiene bases de certeza. ¿Por qué no sería cierto para nosotros como personas?
Escucho a personas comentar que ya no se sienten igual, que su ánimo ha cambiado, que su relación no es lo que era, que su pareja no es quien era hace 20 años, que su hijo ya no es un niño alegre sino un adolescente taciturno. El error no está en el cambio sino en pensar que nada tendría que cambiar. Mi sugerencia sería que participemos activamente en los cambios. Verlos, programarlos, diseñarlos, construirlos. Decía un maestro que escogiéramos nuestros problemas. Claro que sus discípulos protestaban. Nadie quería problemas. Su punto era que si no proponemos nuestros retos y objetivos, quedamos abiertos a lo que sucede en nuestro entorno. Este otoño nos propone lo opuesto, participación activa.