El nudo gordiano de Medio Oriente (2ª parte): La victoria que no existe y los titiriteros detrás del telón

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Opinión
/ 12 marzo 2026

Al cierre de la segunda semana de guerra, el presidente Trump declaró desde su club de golf en Miami que la Operación Furia Épica es un éxito fulminante. Dijo que Irán ya no tiene marina, fuerza aérea ni defensa antiaérea, y que el ochenta por ciento de sus lanzadores de misiles fueron destruidos. En el mismo discurso, sin embargo, admitió que aún no ha ganado lo suficiente. Su secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró ese mismo día que la guerra apenas comienza. Cuando un periodista señaló la contradicción, Trump respondió que ambas cosas podían ser ciertas al mismo tiempo. La retórica del triunfo se estrella contra la realidad.

La excusa oficial para iniciar esta guerra fue provocar un cambio de régimen en Irán. La idea es un absurdo monumental. ¿Quién se cree que es el presidente de Estados Unidos para decidir qué gobierno debe tener un pueblo de ochenta y ocho millones de personas? Ninguna nación tiene derecho a intervenir en las decisiones soberanas de otra población. Y sin embargo, esta arrogancia imperial se presenta como liberación. Dos semanas después, aunque no lo acepta, Trump quiere salir corriendo pero no sabe cómo. Nunca imaginaron que los iraníes serían más estrategas de lo que creyeron.

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Irán ha lanzado más de quinientos misiles balísticos y casi dos mil drones desde el 28 de febrero. Sus ataques golpean a Israel, donde al menos doce personas han muerto, pero también a los estados del Golfo que Trump prometió proteger. En Bahréin, un misil mató a una mujer en un edificio residencial de Manama. En Arabia Saudita, proyectiles impactaron cerca de Riad. El petróleo superó los ciento diez dólares. Siete soldados estadounidenses han muerto y ciento cuarenta resultaron heridos. Más de mil trescientos civiles iraníes perdieron la vida, incluyendo ciento sesenta personas cuando un misil Tomahawk destruyó una escuela de niñas en Minab. Trump se negó a asumir responsabilidad.

Irán está actuando con una inteligencia que sus adversarios subestimaron. Ha movido las piezas como en un tablero de ajedrez: dejó que Estados Unidos se desgastara lanzando misiles de altísimo costo contra infraestructura dispersa, y en el momento adecuado responde con oleadas de drones y misiles de muy bajo costo que saturan las defensas. La asimetría económica es devastadora: cada Tomahawk cuesta más de un millón de dólares; cada dron iraní, una fracción. Además, Irán guarda su carta más poderosa: el control del Estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo mundial. Lo ha cerrado de facto colocando minas y deteniendo buques. Con esa sola jugada tiene al mundo como rehén.

La Guardia Revolucionaria iraní respondió a Trump: Irán decidirá cuándo termina esta guerra, no Estados Unidos. El canciller Araghchi declaró que negociar con los estadounidenses ya no está sobre la mesa, recordando que en junio de 2025 y febrero de 2026, Estados Unidos atacó mientras había negociaciones en curso.

La pregunta que millones se hacen no es si esta guerra puede ganarse, sino quién la diseñó y para qué. Las evidencias apuntan hacia Benjamin Netanyahu. Fue él quien llamó a Trump el 23 de febrero para informarle la ubicación de Jamenei. Fue Israel quien declaró que estos fueron sus bombardeos más grandes en la historia. Fue el ministro de Defensa israelí quien reveló que el ataque estaba planeado para mediados de 2026, adelantado por conveniencia. Y fue una ministra israelí quien admitió que las elecciones se adelantarían para que Netanyahu capitalizara la guerra.

La sombra de Jeffrey Epstein añade una capa perturbadora. En febrero de 2026, el Departamento de Justicia liberó más de tres millones de páginas de sus archivos. Un memorando del FBI señala que una fuente estaba convencida de que Epstein fue reclutado por el Mossad. Ari Ben-Menashe, ex oficial de inteligencia israelí, declaró que Netanyahu posee material comprometedor derivado de Epstein para presionar a funcionarios estadounidenses. Trump aparece en más de mil ochocientas referencias en los archivos. Netanyahu lo niega, pero el debate ha estallado con una fuerza que nadie puede ignorar.

Esta guerra es una expresión más del imperialismo que ha definido la política exterior estadounidense durante más de un siglo. El supremacismo que decide qué gobiernos pueden existir y cuáles deben caer. Irak, Libia, Afganistán, Vietnam: destrucción para los débiles, contratos para los poderosos.

Israel ha recibido un daño que jamás imaginó. Misiles iraníes impactaron Tel Aviv y Jerusalén. Hezbolá abrió un frente desde Líbano. El orgullo de invulnerabilidad se ha resquebrajado. Pero quienes sufren no son los líderes en sus bunkers, sino los civiles de Teherán, Tel Aviv, Manama, Riad y Beirut: madres, niños y trabajadores que pagan con sus vidas ambiciones ajenas.

Los asesores de Trump ya lo ven: demasiados costos, ningún beneficio claro. Los intereses económicos están desafiados, los mercados se desploman, la crisis energética se extiende. Es hora de preparar la salida. Pero como en Vietnam y como en Irak, nadie sabe cómo salir de una guerra que nunca debió comenzar.

Segunda entrega de la serie sobre las guerras de Medio Oriente. En el próximo artículo compartiré lo que vi con mis propios ojos en los jardines de Cornell durante Vietnam, una memoria que nunca olvidaré y que hoy, frente a los bombardeos sobre Teherán, duele como si fuera ayer.

Regidor por MORENA en la Ciudad de Saltillo. Soy doctorado por la Universidad Hebrea de Jerusalén.

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