La forma en que Trump hace negocios con el mundo puede costarnos caro
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“Estados Unidos primero” invita al mundo a utilizar nuestra deuda como un arma contra nosotros
Por Kyla Scanlon, The New York Times.
Estados Unidos se está ahogando en deuda. Se ha expandido durante años e incluso décadas, pero el presidente Donald Trump y sus aliados en el Congreso han añadido una nueva carga gigantesca.
En el año fiscal 2025, Estados Unidos gastó unos 7 billones de dólares y recaudó unos 5,2 billones en ingresos fiscales. Eso deja una brecha de 1.8 billones de dólares que hay que cerrar.
Existe una enorme tensión para un gobierno que ahora reivindica el aislacionismo como una forma de grandeza y que con frecuencia aliena e insulta (y hace cosas peores) a sus pares globales, pero que al mismo tiempo no puede financiarse sin el apoyo de otros países. Estas dos ideas opuestas operan en el núcleo de la historia de la deuda estadounidense.
Por eso “Estados Unidos primero” no tiene sentido desde el punto de vista financiero. No cabe duda de que, por el momento, Estados Unidos encontrará compradores de su deuda, pero el costo y las condiciones de esos intercambios cambian a medida que el resto del mundo reconsidera sus acuerdos con la forma de hacer negocios del presidente Trump.
“Estados Unidos primero” invita al mundo a utilizar nuestra deuda como un arma contra nosotros.
El gobierno toma prestado el importe de nuestro déficit mediante la venta de bonos del Tesoro, pagarés que prometen devolver a los inversores con intereses conforme avanza el tiempo. Estados Unidos acumulaba más de 30 billones de dólares de deuda pública en el año fiscal 2025, y una parte importante de esa deuda vence cada año y debe refinanciarse a las tasas de interés vigentes en ese momento. De modo que si las tasas suben, el costo anual de servir esa deuda también aumenta, y sigue aumentando a medida que se renueva más deuda. El sistema se mantiene mientras el mundo siga comprando.
Y así es como funcionan los mercados de capital de Estados Unidos. Históricamente, todo el mundo ha querido tener un pequeño pedazo de Estados Unidos. Los inversores extranjeros tenían un récord de más de 9.3 billones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense en noviembre de 2025. Japón sigue siendo el mayor tenedor. El Reino Unido ocupa el segundo lugar y China continental el tercero, incluso después de reducir sus tenencias durante la última década.
Esta participación extranjera en el mercado de bonos del Tesoro es muy importante por dos razones principales: reduce lo que Estados Unidos paga por pedir prestado, y amplía la cantidad que Estados Unidos puede tomar prestada en primer lugar.
Los compradores extranjeros reducen funcionalmente los costos de endeudamiento de Estados Unidos porque generan mayor demanda, lo que se traduce en tasas más bajas. Si solo los inversores estadounidenses compraran bonos del Tesoro, las tasas de interés tendrían que subir para atraer compradores nacionales. En ese caso, los precios de los préstamos subirían para los estadounidenses. Los inversores extranjeros actúan como amortiguadores; absorben la deuda estadounidense y permiten al país gastar en atención médica y seguridad social.
Esto también permite a Estados Unidos incurrir en déficits que le sería imposible financiar por sí solo. El Tesoro tiene que vender billones en nuevos títulos cada año solo para cubrir el déficit, antes incluso de contabilizar los billones en deuda existente que vencen y deben refinanciarse. Sin compradores extranjeros compitiendo por esos títulos, los inversores nacionales tendrían que absorberlo todo, y exigirían tasas de interés mucho más altas para hacerlo, lo que repercutiría en todos los préstamos al consumo.
Así que Estados Unidos tiene que encontrar compradores en otros lugares a través de gobiernos extranjeros, fondos soberanos e instituciones privadas. Esto es en gran medida una cualidad, no un defecto. Pero significa que cuando se toma prestado del mundo, los costos de endeudamiento dependen en parte del mundo.
Además, Estados Unidos es el absorbente de última instancia. Las economías con superávit como China producen más de lo que consumen y exportan la diferencia en forma de ahorro. Esos ahorros tienen que ir a alguna parte, y durante décadas, la respuesta fueron los bonos del Tesoro estadounidense. El capital fluía, el dólar se mantenía fuerte y Estados Unidos absorbía gran parte de lo que el resto del mundo no podía gastar internamente. Ese es el precio de mantener la moneda de reserva del mundo.
Todo esto, Estados Unidos como esponja, prestatario y el que gasta, ha funcionado extraordinariamente bien durante décadas. Estados Unidos se benefició de algo que los economistas llaman “privilegio exorbitante”: el dominio del dólar significaba que los inversores globales tenían pocas alternativas viables a los bonos del Tesoro estadounidense. Cuando la incertidumbre golpeaba en cualquier parte del mundo, el dinero fluía hacia Estados Unidos, no en sentido contrario. La demanda extranjera no requería que Estados Unidos estuviera perfectamente gestionado, solo que fuera fiable, abierto y estable.
Pero ese supuesto ahora se pone a prueba desde múltiples direcciones a la vez. El resto del mundo está desarrollando mejores opciones y mejores razones para mantener el capital en casa.
Japón es un buen ejemplo. Es el mayor inversor extranjero en Estados Unidos. Los inversores japoneses poseen más de 1 billón de dólares en bonos del Tesoro. Sin embargo, Japón se encuentra en un punto de inflexión en su propia economía. El Banco de Japón ha estado elevando las tasas de interés para mantener la inflación bajo control. El yen ha mostrado señales de recuperación durante el último año, aproximadamente. Cuando esto ocurre, los inversores japoneses tienen más razones para mantener el capital en casa, y los inversores mundiales que pidieron préstamos en yenes para comprar activos estadounidenses empiezan a deshacerse de esas posiciones. El resultado es una presión al alza sobre los costos de los préstamos estadounidenses, no por una decisión política, sino porque los cálculos cambiaron.
En Europa ocurre algo parecido. Los inversores europeos han sido compradores constantes de deuda estadounidense durante años. Pero ahora Europa está aumentando su propio endeudamiento para financiar el gasto en defensa, y atraviesa un periodo de desregulación. A medida que Europa construye este mercado de bonos más profundo, los inversores mundiales tienen más opciones sobre dónde colocar su dinero. Eso significa que hay más competencia por el ahorro mundial fuera de Estados Unidos.
Así que existen alternativas importantes a los mercados de capital de Estados Unidos, las cuales amenazan el estatus de los bonos del Tesoro, y también hay amenazas de salida. Europa habla de vender sus bonos del Tesoro estadounidenses. Posee más de 3 billones de dólares en bonos del Tesoro, y cada vez se habla más de “la instrumentalización del capital como arma” frente a la volatilidad estadounidense. Si deciden vender, aumentará el costo del capital para el gobierno de Estados Unidos (el presidente ya ha amenazado con tomar represalias).
El resto del mundo está optando por tratar entre sí en lugar de hacerlo con Estados Unidos. El enorme pacto comercial entre India y la Unión Europea, la alianza estratégica entre China y Canadá, el resto del mundo está demostrando que Estados Unidos ya no es la primera parada.
Ahora tenemos un ejemplo en tiempo real: la guerra con Irán. Con el estrecho de Ormuz prácticamente cerrado, los precios del petróleo se dispararon (y luego cayeron y después volvieron a subir). Nadie sabía a dónde iba la situación, todo parecía imprudente.
El mercado de bonos planteó la misma cuestión en un lenguaje diferente. Históricamente, las crisis geopolíticas llevan a los inversores a refugiarse en los bonos del Tesoro estadounidense, por lo que los rendimientos bajan a medida que los precios suben. Esta vez no ha sido así. En su lugar, los rendimientos subieron por temores de inflación: más interrupciones en el petróleo, más inflación, más gasto en defensa financiado con déficit y más emisión de bonos del Tesoro. Los rendimientos se dispararon cuando la guerra se intensificó y retrocedieron solo cuando la desescalada parecía posible. La respuesta de refugio seguro en la que los inversores han confiado durante décadas no se materializó.
¿Y qué significa esto para la enorme cantidad de deuda estadounidense que debe financiarse?
Probablemente, seguirá financiándose —pero ¿a qué costo y bajo qué condiciones? Nuestro “privilegio exorbitante” depende de la confianza en las instituciones estadounidenses, de una política estable, de mensajes coherentes y de la confianza en que Estados Unidos sigue siendo un lugar seguro para invertir dinero. Actualmente, se ve amenazado tanto por el hecho de que el resto del mundo ofrece mejores rendimientos como por la retórica interna estadounidense que sostiene que no necesita al resto del mundo.
Cuando hay contradicciones en la política, como que el secretario de Comercio diga que un dólar más débil es “más natural”, o que el secretario del Tesoro insista en una política de dólar fuerte, cuando la independencia de la Reserva Federal se convierte en motivo real de preocupación y cuando la política exterior se vuelve caótica e improvisada, eso envía a los inversores globales de los que depende Estados Unidos la señal de que algo importante podría estar cambiando.
Se habla mucho de reducir la dependencia del capital extranjero. Pero Estados Unidos no puede conseguirlo solo con retórica.
Lo más importante, y que puede controlarse mejor, es la confianza. La confianza es el verdadero activo que sustenta la capacidad de Estados Unidos para obtener préstamos baratos y lo que atrajo al capital extranjero. Cada señal de que Estados Unidos ya no se considera sujeto a las reglas que él mismo escribió erosiona ese activo. Cuando desaparece, los costos repercuten en el país: tasas hipotecarias más altas, préstamos para autos más caros, mayores tasas en las tarjetas de crédito y un gobierno que ya no puede permitirse sus propias ambiciones.
Kyla Scanlon, colaboradora de Opinión, es autora de In This Economy? How Money & Markets Really Work y deKyla’s Newsletter.