El poder de mercado en las sombras de las Grandes Tecnológicas

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Opinión
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Google ha invertido en más de 6 mil empresas en todo el mundo desde 2014, mientras que solo ha adquirido 166. Y de estas transacciones, solo seis fueron sometidas a una revisión formal por parte de la Comisión Europea

Por Helena Malikova, Brianna Rock y Anna Marchese, Project Syndicate.

BRUSELAS- Europa tiene un punto ciego en su estrategia para regular las fusiones y adquisiciones. Las Grandes Tecnológicas están acumulando lo que denominamos “poder de mercado en las sombras” mediante estrategias potencialmente anticompetitivas que eluden las normas vigentes en materia de supervisión, investigación e intervención.

Por lo general, las transacciones que implican un cambio de control desencadenan una revisión formal de la fusión. Sin embargo, esta condición solo se cumplió en unas 600 operaciones realizadas por Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft (GAFAM) desde 2014. Mientras tanto, estos mismos gigantes tecnológicos han adquirido participaciones minoritarias en más de 7 mil empresas, lo que les confiere un poder de mercado amplio, pero en gran medida subestimado. En tanto los reguladores se centran exclusivamente en fusiones y empresas conjuntas, el sector ha estado ejerciendo cada vez más influencia a través de canales de gobernanza corporativa, establecimiento de estándares tecnológicos, asignación estratégica de capital y otras relaciones que definen el mercado y que quedan fuera del escrutinio de las autoridades.

Consideremos la “importante inversión” de Nvidia en la startup de IA Thinking Machines Lab; la participación del 10% de Meta en el fabricante de chips AMD, o la práctica cada vez más frecuente de las “adquisiciones de talento”, mediante las cuales una empresa más grande se hace con “todo menos la empresa” al contratar personal clave. En cada caso, una empresa dominante expande su poder de mercado difuminando los límites entre propietario, inversor, socio, proveedor cautivo y proveedor de infraestructura.

Google encabeza la lista. Un estudio reciente, del que uno de nosotros (Rock) fue coautor, “El imperio oculto de Google”, muestra que el gigante tecnológico ha invertido en más de 6 mil empresas en todo el mundo desde 2014, mientras que solo ha adquirido 166. Y de estas transacciones, solo seis fueron sometidas a una revisión formal por parte de la Comisión Europea.

Gran parte de la actividad inversora de Google se canaliza a través de filiales como Google for Startups, que suele ofrecer subvenciones o asistencia en especie, como créditos gratuitos para la nube y talleres de mentoría. Google Ventures se sitúa habitualmente entre los mayores financiadores de capital riesgo a nivel mundial, junto con actores tradicionales como Y Combinator y Sequoia Capital. A través de estas y otras filiales, Google atrae a las startups a su propio ecosistema tecnológico, creando relaciones de dependencia. Las empresas que utilizan Google Cloud y están integradas con las API de Google se enfrentarán a costos de cambio considerables si intentan migrar a un nuevo proveedor.

Consideremos la magnitud y el alcance del poder de mercado en las sombras de las Grandes Tecnológicas en diferentes sectores de la economía.

Google ha ampliado su influencia en una amplia gama de sectores, desde la nube y la infraestructura digital hasta la ciberseguridad, la atención médica y las ciencias de la vida, los sistemas energéticos y ambientales, la fabricación avanzada, los medios de comunicación y el transporte.

Otros investigadores económicos han identificado patrones similares de interdependencia que van más allá de las cuotas de mercado formales. Cecilia Rikap, de la University College London, ha documentado cómo las empresas dominantes utilizan alianzas de datos y tecnología con empresas más pequeñas para consolidar “monopolios intelectuales”. Al organizar la investigación, el desarrollo y la comercialización en torno a sí mismas, pueden influir en el rumbo que toma la innovación y apropiarse de una parte desproporcionada de los beneficios mediante el “control sin propiedad”.

Gracias a sus posiciones ya dominantes, las Grandes Tecnológicas estadounidenses tienen una visión de tipo panóptico de la mayoría de las tecnologías emergentes, los modelos de negocio y los avances del sector, lo que les permite adelantarse a los cambios en mercados adyacentes o potencialmente disruptivos. Por ejemplo, al asesorar a empresas en fase inicial mediante programas de mentoría, Google puede influir en las decisiones que toman estos potenciales competidores futuros, orientándolos hacia diseños de productos compatibles con las ofertas y estrategias actuales de Google.

Como señalan los investigadores en IA Nathan Kim y David Gray Widder, la reciente ola de inversiones a gran escala en infraestructura en la nube refleja un “esfuerzo estratégico masivo para orientar el ecosistema tecnológico hacia los intereses de las grandes empresas de la nube”. Las “Tres Grandes” empresas de la nube -Google, Microsoft y Amazon- han pasado de realizar adquisiciones llamativas a inversiones más discretas en toda la cadena de suministro de la IA. Para el tercer trimestre de 2025, controlaban el 63% del mercado global -una cuota que generó unos 107 mil millones de dólares en ingresos por servicios en la nube solo en ese trimestre-, además de mantener acuerdos de colaboración con competidores como SAP.

La adopción por parte de las Grandes Tecnológicas de cuotas de mercado en las sombras y otros mecanismos de influencia debería suscitarles interrogantes a los reguladores antimonopolio. Las autoridades de competencia necesitan una mayor claridad sobre la naturaleza del intercambio entre las grandes empresas tecnológicas y las compañías más pequeñas, ya sea en forma de acceso a datos, derechos especiales de gobernanza u otros activos estratégicos. Recién entonces los reguladores y los investigadores independientes podrán analizar cómo y en qué medida estas redes cada vez mayores de empresas participadas están conectadas con los principales guardianes tecnológicos. Por ejemplo, si los datos de comportamiento y rendimiento de una startup fluyen hacia su benefactor entre las Grandes Tecnológicas, esto podría afianzar aún más una plataforma ya dominante.

Con una mayor transparencia, los reguladores podrían establecer recuentos precisos de las cuotas de mercado en las sombras utilizando los datos internos de las empresas, lo que les permitiría mapear la esfera de influencia más amplia de cada empresa. La idea sería combinar la participación de mercado que una empresa controla a través de sus filiales con una métrica adicional: la participación de mercado de las empresas en las que puede influir a través de inversiones minoritarias existentes o apoyo en especie.

Ya existen precedentes legales para reconocer las inversiones minoritarias como posibles fuentes de influencia en la toma de decisiones corporativas. Según la legislación estadounidense vigente, la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) exige que se haga conocer si un inversor adquiere más del 5% de una empresa cotizada, dado el potencial para “cambiar o influir en el control” de la emisora. Esta obligación de divulgación podría extenderse a las empresas privadas, imponiendo dichas obligaciones de divulgación a los propios inversores que cotizan en bolsa. En particular, se les podría exigir a las Grandes Tecnológicas que cotizan en bolsa que revelen cualquier inversión que supere el 5% del capital, ya sea de empresas privadas o públicas.

El análisis de las participaciones de mercado en las sombras también podría revelar otras tendencias o prácticas que merecen atención. Si bien la cobertura mediática describió la compra de Fitbit por parte de Google en 2021 como su entrada en la industria de la salud y de los dispositivos portátiles, lo cierto es que ya venía incrementando discretamente sus inversiones en tecnologías sanitarias y ciencias de la vida. Del mismo modo, cuando Google anunció el año pasado la adquisición de la empresa de ciberseguridad Wiz (por 32.000 millones de dólares), sus inversiones en ese sector ya se habían disparado. Sin embargo, la autoridad de competencia de la UE aprobó la operación sin condiciones en febrero de 2026. Hasta que los reguladores no tengan en cuenta el alcance y la magnitud del control que ejercen las Grandes Tecnológicas sobre los mercados, el poder de Silicon Valley seguirá siendo indiscutible y se mantendrá, en gran medida, en las sombras. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Las opiniones de Helena Malikova son propias y no representan las de la Comisión Europea.

Helena Malikova, analista financiera de la Dirección General de Competencia de la Comisión Europea, es investigadora en la Hertie School de Berlín. Brianna Rock es investigadora en la organización antimonopolio alemana Rebalance Now. Anna Marchese es investigadora en Columbia World Projects.

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