El que no ‘tranza’ no avanza... a cuartos de final
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El Mundial 2026 nació politizado y eso probablemente será la debacle y caída de la actual gestión de la FIFA, a cargo del tal Gianni Infantino
¡Bendito mi padre, Jor-El, el Mundial por fin entra en su recta final! Y la Selección concluyó su papel con el suficiente decoro para que la afición mexicana no entrase en depresión, pero tampoco con tanto éxito como para que cayera en el autoengaño de suponer que su futbol está de verdad a la altura del circuito de los amos absolutos del balompié en el mundo... Y pues no.
Pero tampoco se crea que el Mundial me suma o me resta, ni me quita ni me da. Tan fácil como no verlo y punto. Recién me di cuenta que lo que en verdad me irrita es toda esa estridencia publicitaria. ¡Es como la Navidad! Nada tengo en contra de la celebración, pero soportar casi dos meses de anuncios cocinados al vapor, con ofertas gritadas que ni con calzador casan con el concepto alusivo, se me hace como que too much:
“¡Aprovecha los descuentos mundialistas de Funerales Mano Huesuda! ¡Aparta tu cajón con sólo mil pesitos y que la muerte súbita no te agarre en fuera de lugar!”.
O: “¡Anótale un golazo a las infecciones vaginales con Vaginecol!”.
Aun así, me ha resultado difícil mantenerme al margen de algunos de los detalles más controversiales del torneo porque sencillamente se filtran a los espacios noticiosos habituales.
Ya desde antes de la ceremonia inaugural, fue toda una telenovela a seguir el drama político gubernamental por tener lista y a tiempo la infraestructura urbana y aeroportuaria... Obviamente no estuvo, pero ya ni modo de cancelar el guateque al cuarto para las 12. ¡Ahí se va, ahí se fue! Los innecesarios decesos en las celebraciones son la mejor demostración de lo improvisadas que estuvieron las autoridades.
Pero los escándalos de la presente Copa del Mundo trascienden nuestro cotidiano desaseo doméstico del ámbito nacional. El Mundial 2026 nació politizado y eso probablemente será la debacle y caída de la actual gestión de la FIFA, a cargo del tal Gianni Infantino.
Sucede que, por extravagante que nos suene, en otras latitudes se toman muy en serio los posibles enjuagues políticos perpetrados a través de los eventos del espectáculo y el entretenimiento. (No como aquí, ¿verdad, Miss Huachicol, Fátima Bosch?).
Hoy, un grupo de 50 eurodiputados del Europarlamento de 13 distintos países está acusando a la Federación Internacional de Futbol Asociación (concretamente a su presidente) por falta de neutralidad política en relación al “Premio FIFA de la Paz” entregado a Donald Trump como consolación luego de que el Comité del Nobel sencillamente se carcajeara de su postulación.
En una carta dirigida al Comité de Ética de la FIFA, se le señala además por la falta de transparencia de dicho galardón patito: ¿Con qué criterio se creó? ¿Bajo qué méritos se otorga? ¿Quiénes integran el consejo para su designación?
¡Obviamente fue todo una mamarrachada de Infantino! El premio se lo inventó y la medalla la compró en Rogelio Bicicletas antes de apersonarse en la Casa Blanca: ¿Por qué? Porque sabedor de que el POTUS andaba enchilado porque le dieron el Nobel a María Corina Machado y no a él, y de que nada enloquece tanto a Trump como las cosas doradas y brillantes, lo quiso halagar para que el Bebé Presidente le diera todas las facilidades y beneficios fiscales a la FIFA, con un mínimo de intromisión gubernamental. Además, la FIFA de Infantino busca controlar el futbol a nivel global y, al parecer, el mercado del soccer en los Estados Unidos es la gema definitiva de la que aún no se ha podido apoderar.
Pero ya le digo, por muy raro y ajeno que nos parezca, hay países en donde sí se le busca poner un freno al capitalismo más voraz y pernicioso, sin necesidad de andar recitando cada cinco minutos la monserga socialistoide de la pseudoizquierda populista. Todo lo que se necesita es llamar a rendir cuentas a las organizaciones que hacen negocio con los intereses populares y que siempre están pidiendo el favor y la confianza de los gobiernos.
¡Pero espere... aún hay más! El lunes, durante un evento anodino, el inquilino de la Casa Blanca se puso a perorar y, como es su costumbre, en vez de ceñirse a un guion redactado por expertos, comenzó a improvisar y a largar sus habituales sandeces.
Y como para pavonearse de su poder e influencia (ya sabemos que Trump no está a gusto si no hace alarde de algo cada dos minutos), presumió abiertamente de haber llamado a Infantino para que se revocara una tarjeta roja sancionada contra Estados Unidos en el partido contra Bosnia: “Vi la jugada... Entiendo los deportes muy bien. ¡Eso no fue una falta!
“Yo no sabía qué demonios era una tarjeta roja. Cuando me enteré, dije: ‘Tienen que estar bromeando’. ¿...cómo lo vas a penalizar para un partido que ni siquiera se ha jugado todavía?”, dijo en alusión a que la tarjeta roja te inhabilita para el siguiente encuentro.
Luego, Trump aplicó la de desacreditar sin pruebas: “Este árbitro (Raphael Claus), que es un poco sospechoso si revisas su pasado, tomó una decisión que nadie podía creer...
“(Balogun) es nuestro mejor jugador... Así que todo lo que hice fue pedir una revisión a la FIFA porque no pensé que fuera una falta. No le dije a él (Infantino) lo que tenía que hacer –ajá–, porque no puedo decirle qué hacer”.
Finalmente, Trump aprovechó para revivir su propio “Calderonazo 2006”: “Ahora vamos a tener un equipo completo... De otra manera, si nos ganaban, yo iba a decir que estaba arreglado, exactamente igual que estuvo arreglada la elección de 2020”.
Lo increíble no es ya la nula comprensión de Trump sobre el más elemental principio deportivo: Que dos partes conciertan un enfrentamiento bajo reglas previamente consensuadas que no habrán de ser modificadas ¡ni siquiera por una llamada del Presidente de EU!
Me asombra su falta de tacto, de discreción y de cordura para la “tranza”, el chanchullo y la chapuza. Cuando se supone que sea un arreglo en lo oscurito, resulta que es el propio malhechor quien se encarga de gritarlo al mundo, como mafioso haciendo alarde de sus muertos. (Hasta me imagino a Infantino tras bambalinas murmurando alarmado: “¡Cállate, pendejo! ¡Eso era nomás acá entre nosotros!”).
La ilegalidad es tal que hasta Joseph Blatter salió de su sarcófago a marcar una clara falta. ¡Por favor! Es como si García Luna se pronunciara en contra de la corrupción y la narcopolítica.
Me acordé tanto de nuestro AMLITO yéndose de puro hocico, presumiendo que él se comunicaba con el ministro Arturo Zaldívar, presidente de la SCJN, para encargarle personalmente ciertos asuntos delicados, obviando olímpicamente todo el conflicto de intereses y toda la ilegalidad implícitos en su confesión.
Pero es que son tan pagados de sí mismos que les gana el ego. Y aunque Trump le juega al soberbio y AMLO siempre le hizo al modesto, al humilde, están enfermos de la misma megalomanía. Tienen que presumir lo influyentes que son y su capacidad para torcer las reglas bajo su criterio, porque no hay institución, reglamento o marco legal que esté por encima de su persona. Y dado que están permanentemente rodeados de un séquito de pusilánimes, de puro “yes men”, no miden la envergadura de su imprudencia.
Al lado de estos faraones, son quienes tienen la mala idea de transar con ellos quienes salen siempre balconeados y pagando el pato... o el ganso. Ya veremos con qué suerte corre el pelado Infantino.