El regalo de Reyes del SAT: ¿transparencia o advertencia?

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Opinión
/ 21 enero 2026

Así auditará en 2026: el cómo y el porqué ¿Está usted en la fila?

Este año, el SAT decidió no traerles carbón a los contribuyentes por portarse mal, sino un curioso regalo de Reyes: transparencia. Así, sin moños ni papel celofán, presentó las mejores prácticas en auditorías. ¿El objetivo? Que sepamos a qué le tiramos cuando nos auditen. Como quien dice, avisados estamos.

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Aquí se los desmenuzo con calma. Le sugiero que tome aire, se relaje y lo lea sin prisas, que las reglas del juego para 2026 ya se empezaron a dibujar. ¿Listo? Comenzamos.

1. Plan Maestro 2026. La autoridad volverá a publicar su famoso “Plan Maestro”, ese documento donde nos detalla sus prioridades de auditoría: qué va a revisar, cómo lo hará y a quién trae entre ceja y ceja.

2. Una auditoría por contribuyente. Algunos ya sienten que ganaron con solo leer esto.

3. Adiós a revisar el 100% de las operaciones. En lugar de eso, se seleccionará una muestra de partidas. Buenas noticias para quienes tienen una montaña de facturas: esto hará más ágil y menos desgastante el proceso.

4. Listado de conductas de alto riesgo. Aquí es donde conviene cruzar los dedos y revisar si no aparece en la lista negra. Las conductas que el SAT vigilará con lupa incluyen:

-Operaciones con factureras o “nomineras”. Cuidado si trata con empresas de papel.-Pérdidas fiscales recurrentes. Si siempre pierde, ¿de qué vive? La autoridad dice: “¿Que alguien me explique?”-Simulación o abuso de deducciones. Cuidado con gastos que no generan valor real. Como cuando contrata al “gurú” de redes sociales que prometió hacerlo viral... y lo único viral fue su gasto innecesario.

-Ingresos no declarados. Sí, aquí caen esos cobros en efectivo o depósitos en la cuenta “no fiscal”.

-Abuso de estímulos fiscales. Porque el SAT también nota cuando el contribuyente exprime el limón hasta dejarlo seco.-Inconsistencias entre lo que importa o compra y lo que vende.

“Se tenía que decir y se dijo.” Seguramente pensó el SAT mientras soltaba ese dato tan absurdo, pero tan real.

-Subvaluación de mercancías importadas o incumplimiento de regulaciones no arancelarias. Clásico: entra como si fuera de cartón, pero se vende como de oro.

-No enterar retenciones de empleados. Aquí la tentación es fuerte cuando hay problemas de flujo, pero usar ese dinero es una gran “red flag.”

-Operaciones con paraísos fiscales. No son ilegales, pero huelen a peligro.

-Solicitar devoluciones improcedentes. Si el SAT le debe, que le pague. Pero si no, mejor ni le juegue al vivo.

-Tasa efectiva menor al promedio del sector. Determina cuánto ISR causa el contribuyente por cada peso que tuvo de ingresos. Si todos pagan el 20% y usted apenas el 5%, no espere una invitación. Espere una auditoría.

Estas conductas, como quizá ya lo notó, están relacionadas. Si cae en una, probablemente también esté en otra... y ni cuenta se dio.

Es una especie de reacción en cadena. Y si cae en varias... felicidades: es usted el flamante ganador de una auditoría.

5. Uniformidad de criterios. Uno de los dolores de cabeza más comunes es que cada oficina del SAT interpreta las reglas a su manera. Bueno, pues ahora se comprometen a aplicar los mismos criterios en todos lados. ¿La promesa? Mismo tratamiento en temas como materialidad, descuentos, depósitos no identificados o mercadotecnia.

6. Devoluciones más rápidas (según ellos). Para personas físicas: 5 días. Para empresas: 30 días. Aunque la ley da 40 días hábiles, el SAT quiere presumir que ahora corre maratones fiscales. Veremos si no se le acalambran los procesos. ¿Y todo esto para qué?

Según la autoridad, con menos auditorías pero mejor dirigidas, lograrán mayor recaudación y piso parejo. O sea, quieren hacer más con menos. Como quien dice: recaudar más, molestar menos.

Así que ya lo sabe, el SAT no improvisa: planea, avisa y ejecuta. Usted decide si quiere ser el que espera a que le toquen la puerta... o el que ya salió a barrer la banqueta antes de que suene el timbre. Porque en materia fiscal, el que se prepara no evita la visita, pero al menos no lo agarran en pijama.

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Columnista de VANGUARDIA, comediante fiscal por vocación no diagnosticada. Dicen que los contadores nacemos sabiendo sumar... pero Hugo René también nació sabiendo restarle drama al SAT. Es licenciado en Contaduría Pública y Finanzas por el Tec de Monterrey, lo que básicamente significa que aprendió a sufrir con estilo y corbata. Tiene dos maestrías: una en Impuestos (porque a alguien tenía que gustarle eso) y otra en Derecho Internacional, por si alguna vez hay que explicarle al SAT que el tequila no se exporta con IVA incluido.

Empezó su carrera en California, donde trabajaba en una empresa de arroz... porque uno tiene que saber de granos antes de hablar de deducciones. Luego se fue metiendo al mundo de la contaduría, ese hermoso universo donde la emoción más fuerte es cuadrar el balance a la primera. Y cuando pensó que ya nada podía sorprenderlo, ¡lo invitaron al mismísimo SAT! Así es: fue asesor de la jefa del SAT y también trabajó en Planeación, es decir, ayudó a diseñar el mapa del infierno... pero con Excel.

Hoy es socio director en la firma Ortiz Garza y Asociados, donde lidera proyectos fiscales y se dedica a hacerle la vida más fácil a los que le temen al buzón tributario más que a su ex.

Además de contar números, también cuenta historias: fue conductor de “Frecuencia Fiscal” durante 14 años, donde explicaba impuestos como si fueran recetas de cocina (”agarre su CFDI, métalo a la licuadora fiscal y espolvoree deducciones”). Hoy conduce el pódcast “Entre Contadores”, donde se hablan de temas serios... pero con risas entre líneas y anécdotas que harían llorar a un auditor.

También ha sido catedrático, presidente de comisiones, columnista en El Financiero y miembro activo del Instituto de Contadores Públicos de Nuevo León. Es decir, Hugo René no solo conoce la ley, también sabe aplicarla sin que a uno le den ganas de esconderse en las Islas Caimán.

Si alguna vez pensaste que los impuestos eran cosa seria... es porque no has leído una columna de Hugo René. Prepárate para entender tus finanzas como si te las explicara tu compadre chistoso... pero con cédula profesional.

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