El regreso del ‘trust eléctrico’

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Opinión
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Hay una tendencia más callada que amenaza con encarecer todavía más la electricidad y debilitar la rendición de cuentas corporativa

Por Sandeep Vaheesan, Project Syndicate.

WASHINGTON, DC- El auge de la inteligencia artificial ha puesto al sector de la electricidad (una industria fundamental pero en gran medida invisible) en el centro de la atención política. Gobiernos de todo el mundo deben lidiar con la enorme demanda energética de los centros de datos, mientras consumidores y legisladores se preguntan si es posible (o necesario) satisfacerla sin un aumento de las facturas de electricidad. Pero en Estados Unidos, hay una tendencia más callada que amenaza con encarecer todavía más la electricidad y debilitar la rendición de cuentas corporativa: las empresas de electricidad están consolidándose en consorcios a ritmo acelerado y despiertan el interés del mundo de las finanzas.

Esto, los estadounidenses ya lo han vivido. Hace un siglo, los directivos de las empresas de electricidad crearon enormes sociedades de cartera que poseían decenas o incluso cientos de sistemas eléctricos. A pesar de su apariencia imponente, estos imperios corporativos (conocidos bajo la denominación colectiva de “trust eléctrico”) estaban muy endeudados, y muchos se derrumbaron tras la debacle bursátil de 1929.

Aunque las fusiones de empresas de servicios públicos no son nada nuevo, las operaciones actuales son muy diferentes (en escala y ambición) de las del pasado reciente. Un ejemplo claro es la fusión de 67 mil millones de dólares entre NextEra y Dominion Energy que, si se concreta, creará un gigante nacional con control sobre un conglomerado vertical (generación, transporte y distribución) de empresas de electricidad en Florida, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Virginia, además de centrales eléctricas en todo el país, con posibilidad de concentrar todavía más los mercados mayoristas en los que compran y venden electricidad las empresas de servicios públicos, los clientes industriales y las empresas generadoras.

La compañía resultante de la fusión también tendría una influencia política desmesurada en los niveles federal, estatal y local. Es importante destacar que NextEra ya recibió acusaciones de abuso de poder por intimidar a periodistas, respaldar a candidatos «inventados» para manipular elecciones locales e intentar adquirir la empresa de servicios públicos municipal de Jacksonville.

Esta propuesta de megafusión sigue los pasos de la adquisición de Calpine por Constellation en enero de 2026, que creó la mayor empresa de generación eléctrica de los Estados Unidos. La Comisión Federal Reguladora de la Energía aprobó la operación, a pesar de que al parecer la empresa combinada obtuvo así mayor poder de fijación de precios en el mercado mayorista de la electricidad de la región del Atlántico Medio.

Las ganancias sólidas y estables de las empresas de servicios públicos están atrayendo al sector a las firmas de capital inversión. En 2025, BlackRock se asoció con el Consejo de Inversiones del Plan de Pensiones de Canadá para comprar Allete, una empresa de electricidad de Minnesota. Después, a principios de este año, unió fuerzas con la firma sueca de capital inversión EQT para adquirir la empresa generadora de electricidad AES. Ahora Blackstone está intentando adquirir la empresa de electricidad TXNM Energy del suroeste de los Estados Unidos.

Los posibles compradores afirman que las empresas de servicios públicos necesitan más escala para satisfacer la creciente demanda de electricidad. Pero empresas como Allete ya tienen capacidad financiera y administrativa para construir la infraestructura necesaria para electrificar hogares, fábricas y redes de transporte, así como para abastecer de energía a los nuevos centros de datos. En tanto, las firmas de capital inversión suelen priorizar las ganancias a corto plazo, y es posible que descuiden el mantenimiento esencial y recorten costos en detrimento de los trabajadores de las empresas prestadoras de servicio.

También debería ser motivo de alarma para las autoridades el creciente endeudamiento de estas empresas. NextEra ya es el mayor emisor mundial de los arriesgados ”bonos híbridos”, que permiten a la empresa aplazar el pago de intereses. El alto endeudamiento aumenta la fragilidad financiera y eleva los costos de financiación, y es común que las empresas los trasladen a los clientes subiéndoles las tarifas. También puede restar viabilidad a largo plazo a empresas que prestan un servicio público esencial.

La historia del “trust eléctrico” sirve de advertencia. En la década de 1920, ejecutivos de empresas de servicios públicos (como Samuel Insull) se aliaron con importantes financistas para crear extensos conglomerados que abarcaban gran parte de los Estados Unidos. Financiaban adquisiciones emitiendo deuda, apelaban a la ingeniería financiera para aumentar las ganancias y creaban estructuras de propiedad de una complejidad inexplicable formadas por capa tras capa de entidades corporativas.

Los actores situados en la cima de esas pirámides corporativas obtenían un grado de poder extraordinario invirtiendo relativamente poco capital. Por ejemplo, en 1929 Howard Hopson y John Mange controlaban la Associated Gas & Electric Company (con un valor contable estimado en más de 900 millones de dólares) mediante un paquete accionario de menos de 300 mil dólares.

Algunos de estos conglomerados de empresas de servicios públicos, incluida la Middle West Utilities de Insull, tenían poca lógica operativa. En palabras de un economista, eran una “formación azarosa de sistemas de propiedad mal integrados” que habían sido “dibujados de un modo que haría las delicias de cualquier mandamás político” habituado a la manipulación de distritos electorales.

El trust eléctrico no atendió las necesidades de la población general y eso provocó un amplio rechazo. En la búsqueda de ganancias fáciles, las prestadoras de servicios privadas se centraban en los clientes industriales y en los hogares más pudientes. Aunque a fines de la década de 1920 la mayoría de los residentes urbanos disponía de electricidad, muchos hogares de clase trabajadora y clase media todavía no tenían refrigerador o lavadora, como resultado de las altas tarifas y de la antigüedad de las viviendas.

Las condiciones eran mucho peores en el campo. En 1925, cuando Estados Unidos todavía era un país básicamente rural, había electricidad en menos del 5 % de las granjas. Sin electricidad ni lavanderías cercanas, la ropa se lavaba a mano, una tarea agotadora reservada por lo general a las mujeres.

Al final, el trust eléctrico cayó como resultado de sus deudas. En comparación con la industria manufacturera y la agricultura, la caída de las ventas de electricidad tras la debacle bursátil de 1929 fue reducida, pero bastó para dejar a las sociedades de cartera sin capacidad para hacer frente a la enorme carga de deuda de las múltiples capas corporativas que habían superpuesto encima de las empresas de servicios públicos. Derrumbado su imperio, Insull huyó del país para eludir a la justicia.

Durante su campaña electoral en San Francisco en 1932, Franklin Delano Roosevelt sostuvo que el gobierno tenía el deber de frenar a las empresas eléctricas privadas cuando pusieran en riesgo el interés público. Declaró que cuando “el promotor imprudente, el Ishmael o el Insull que obra en contra del interés general, se niega a colaborar en la consecución de un fin reconocido como de interés público y amenaza con arrastrar a la industria a un nuevo estado de anarquía, es lícito pedir al gobierno que le ponga freno”.

El New Deal de Roosevelt puso en práctica esa filosofía desmantelando y regulando el trust eléctrico y llevando electricidad barata a todas las regiones de Estados Unidos, mediante un ambicioso programa de inversión pública. Tal vez recrear el New Deal hoy no sea políticamente factible, pero los gobiernos federal y de los estados deberían poner freno a la consolidación de las empresas de servicios públicos, antes de que la historia se repita y los estadounidenses terminen una vez más pagando la factura. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Sandeep Vaheesan, director jurídico del Open Markets Institute, es autor de Democracy in Power: A History of Electrification in the United States (The University of Chicago Press, 2024).

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