El tiempo que habitamos

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Opinión
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“Los rituales son en el tiempo, lo que una vivienda

es en el espacio. Hacen habitable el tiempo.”

Byung Chul Han

Lo que hace que un día sea diferente de otro son los rituales; esto le dijo el zorro al Principito en la obra del mismo nombre del escritor Antoine de Saint-Exupéry: “Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré (...), los ritos son necesarios”.

Estas acciones que, según el zorro están “demasiado olvidadas” son las que se llevan a cabo de manera repetitiva y que tienen un sentido para alguien. Se dice además que los rituales son acciones simbólicas que transmiten y representan valores y órdenes de organización y que mantienen cohesionada a una comunidad. Dice Byung-Chul Han que los rituales generan una comunidad sin comunicación (es decir, casi sin decir palabra), mientras que lo que hoy predomina es una comunicación sin comunidad.

Una característica importante del ritual es la percepción simbólica. Los símbolos que utilizamos para comunicarnos, ya sea mediante acciones o gestos, tienen la función de reconocernos mutuamente porque, según los filósofos, el re-conocer capta la permanencia en lo fugitivo; es decir, cuando se frecuenta a algo o a alguien, ese algo o esa persona permanece en la memoria y perdura.

Así pues, los rituales son actividades que se realizan con periodicidad y que se convierten en tradiciones. Una tradición puede pertenecer a un país entero o bien a una familia dentro de su hogar; incluso puede ser individual, como aquello simbólico que da sentido a una acción que funciona para comunicarse con un ser superior, para llevar a cabo una despedida, una bienvenida o recordar un cambio significativo en la edad de una persona, entre muchas otras posibilidades.

La historia de la arquitectura está íntimamente ligada a los rituales y a la necesidad de tener espacios que los alberguen. La arquitectura, dedicada a este conjunto de necesidades, es la disciplina que diseña y construye los espacios donde se llevan a cabo rituales religiosos, cívicos o incluso cotidianos dentro de sus espacios, como pueden ser funerarios, templos, estadios, teatros, atrios entre otros.

Sin embargo, como la arquitectura fue hecha para resolver las necesidades humanas, es imprescindible conocer cuál es el fin último del espacio para poder crear no solo pasillos, circulaciones, habitaciones o transiciones, sino cada uno de los elementos que la componen. Es decir, el entorno construido se diseña específicamente para estructurar la vida social y ritual, ya sea en pequeña o en gran escala.

Los rituales son parte importante de nuestras tradiciones y, por lo tanto, de nuestra cultura. Llevamos a cabo este tipo de prácticas desde que descubrimos el firmamento y comenzamos a dotar de significado nuestra existencia cotidiana; son parte importante de nuestras tradiciones y, por lo tanto, de nuestra cultura. Llevamos a cabo este tipo de prácticas desde que descubrimos el firmamento y comenzamos a observar el movimiento de los astros. Por ello, arquitectura y ritual son dos conceptos estrechamente ligados, no solamente desde este tipo de arquitectura, sino porque, desde que somos seres rutinarios, los rituales se han construido en el tiempo y en lo más íntimo de nuestro hogar, desde el sótano hasta la guardilla, trayendo a cuenta a Gaston Bachelard.

Será, como dice Byung-Chul Han: “al tiempo le falta hoy un armazón firme. No es una casa en el sentido de que pueda habitarse, sino un flujo inconsistente”; y en esta inconsistencia no encontramos asidero, porque, según el filósofo: “el tiempo que se precipita sin interrupción no es habitable”.

La arquitectura histórica, así como la que se construye día con día, es contenedora de objetos que se utilizan para llevar a cabo rituales, pero también contiene personas, historias, memorias, colores y saberes tradicionales que le dan una distinta velocidad al tiempo. La pérdida de los rituales, así como de los espacios en los que estos se llevan a cabo, conduce a una falta de apropiación ya sea simbólica o concreta. De ahí la importancia de conservar espacios y acciones que nos permitan disminuir la velocidad para poder llevar a cabo una comunicación verdadera y no una conexión falsa y efímera.

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Argelia Isabel Dávila del Bosque es doctora en Arquitectura y Urbanismo por la UAdeC, grado que obtuvo con Mención Honorífica en 2024 y con el Premio a la Mejor Tesis Doctoral en 2025. Desde 2020 es profesora investigadora con perfil PRODEP en la Facultad de Artes Plásticas Prof. Rubén Herrera, donde fundó y coordinó el programa de posgrado acreditado ante el Sistema Nacional de Posgrados de SECIHTI.

Su trabajo enlaza investigación académica y creación artística. Fue becaria del PECDA Coahuila en 2012 en el área de patrimonio y, en 2021, en la categoría de creadora con trayectoria. Coordinó Umbrales. El centro de Saltillo. Visiones desde la transdisciplina, libro que obtuvo el primer lugar nacional en publicación editorial en 2023. En 2025 publicó Hybris Vernacular, obra que también recibió el primer lugar nacional de diseño en la categoría de publicaciones. Como periodista cultural, ganó el Premio Armando Fuentes Aguirre “Catón” en su 23ª emisión, categoría Prensa. Además coordina la plataforma In Signia, dedicada al estudio, promoción y preservación del patrimonio y los símbolos que conforman la identidad de Saltillo. Colaboradora en revistas de divulgación nacionales y regionales, es evaluadora de artículos científicos, proyectos artísticos y programas de posgrado. También se desempeña como analista, gestora y asesora en reglamentación urbana. Sus líneas de investigación se centran en el patrimonio, los imaginarios urbanos y los emblemas simbólicos, así como en la concepción, circulación y consumo de la imagen y su papel en la construcción de la cultura.

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