Coahuila: Las desangeladas campañas para el Congreso local

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/

Mientras las campañas para gobernador o alcaldes concentran recursos, publicidad, estructuras operativas y cobertura mediática, las candidaturas legislativas suelen quedar relegadas a un segundo plano

A doce días de que concluyan las campañas y a tan sólo dos semanas de la elección de diputados locales, más allá del barullo en cruceros estratégicos, la propaganda bajo los puentes, algunos espectaculares dispersos y una escasa presencia en los medios de comunicación, la grisácea oferta partidista de candidatos al Congreso del Estado parece alimentar el desinterés ciudadano y reforzar la poca relevancia que estos comicios ocupan en el imaginario colectivo.

A pesar de la importancia que tiene el Congreso en la vida pública estatal, las elecciones para diputados suelen desarrollarse bajo un clima de apatía y escaso interés ciudadano. A diferencia de las contiendas para gobernador o alcaldes, donde existe una mayor exposición mediática y una percepción más clara de las responsabilidades del cargo, las campañas legislativas transcurren generalmente con bajo perfil, poca discusión pública y una limitada participación ciudadana.

https://vanguardia.com.mx/opinion/mexico-entre-la-verdad-y-la-sospecha-DB20740300

La explicación no es sencilla, pero sí multifactorial. En primer lugar, existe un problema de percepción. La ciudadanía suele asociar al gobernador y a los presidentes municipales con obras, servicios públicos, seguridad, pavimentación, programas sociales o infraestructura. Son figuras visibles, cuyos aciertos y errores impactan directamente en la vida cotidiana. El diputado, en cambio, aparece como una figura distante, vinculada a procesos legislativos que muchos consideran abstractos o poco comprensibles. Pocos ciudadanos conocen con precisión cuáles son sus facultades, cómo se elaboran las leyes o de qué manera sus decisiones afectan aspectos tan relevantes como el presupuesto estatal, la fiscalización del gasto público o la designación de funcionarios estratégicos.

Pero el problema no es únicamente ciudadano. Los propios partidos políticos han contribuido históricamente a la invisibilización de estas elecciones. Mientras las campañas para gobernador o alcaldes concentran recursos, publicidad, estructuras operativas y cobertura mediática, las candidaturas legislativas suelen quedar relegadas a un segundo plano. En muchos casos, los aspirantes aparecen apenas en algunos espectaculares, recorren colonias durante unas cuantas semanas y dependen más de la fuerza de las siglas partidistas que de la construcción de una identidad política propia.

A ello se suma una realidad incómoda: para muchos ciudadanos las candidaturas parecen definirse mucho antes del inicio formal de las campañas. Los acuerdos internos, las cuotas de grupos políticos, los compromisos partidistas y, en ocasiones, los vínculos familiares terminan generando la percepción de que las decisiones fundamentales ya fueron tomadas desde las dirigencias. Cuando la competencia interna desaparece, también se reduce el incentivo para construir perfiles sólidos, presentar proyectos innovadores o generar auténticos debates de ideas.

Quizá por ello, aunque en los espectaculares aparezcan rostros nuevos, detrás de muchos de ellos continúan operando los mismos grupos políticos de siempre. Cambian los nombres, cambian las fotografías y cambian los eslóganes, pero rara vez los discursos. Las campañas terminan reducidas a mensajes motivacionales sobre el cambio, la transformación, la cercanía con la gente o el compromiso social, sin que exista una explicación clara de cómo enfrentarán los problemas concretos del estado.

La consecuencia es una preocupante pobreza del debate público. En lugar de confrontar diagnósticos y propuestas, la discusión suele limitarse a intercambios de acusaciones entre partidos. Antes fue PAN contra PRI; hoy parece ser PRI contra Morena. Mientras unos continúan construyendo su narrativa alrededor de las críticas al moreirato, otros responden alertando sobre los riesgos de la concentración de poder. Ambos argumentos forman parte de la disputa política legítima, pero difícilmente sustituyen la necesidad de debatir soluciones para los problemas que enfrentan diariamente los ciudadanos.

Más preocupante aún es que algunos de los desafíos más importantes para Saltillo y para Coahuila apenas aparecen en la agenda electoral. El transporte público, por ejemplo, afecta diariamente a miles de personas que viven en la periferia y enfrentan largos tiempos de espera, rutas insuficientes y costos crecientes de movilidad. Sin embargo, son escasos los candidatos que han presentado propuestas específicas para modernizar el sistema o mejorar su eficiencia.

https://vanguardia.com.mx/opinion/coahuila-radiografia-electorera-parte-ii-BD20899190

Lo mismo ocurre con la seguridad hídrica. Aunque todos reconocen la importancia del agua, pocos explican cómo enfrentarán la sobreexplotación de los acuíferos, la expansión urbana, la sequía prolongada o la necesidad de desarrollar proyectos de captación y reutilización. La calidad del aire, el crecimiento desordenado de la ciudad, los elevados costos de los servicios públicos y la necesidad de fortalecer la legislación ambiental tampoco ocupan un lugar central en las campañas.

Frente a este panorama, no sorprende que las campañas hayan sido más defensivas que propositivas. Tampoco sorprende que una parte importante de la ciudadanía no conozca quiénes son los candidatos de su distrito ni cuáles son sus principales propuestas. El resultado es una elección que, siendo fundamental para el futuro institucional del Estado, transcurre con escasa emoción, limitada deliberación pública y un preocupante déficit de participación ciudadana.

Y sin embargo, la paradoja permanece. Mientras más desangeladas parecen estas campañas, mayor es la relevancia de los cargos que están en disputa. Los próximos diputados aprobarán presupuestos, crearán leyes, fiscalizarán recursos públicos y participarán en decisiones que marcarán el rumbo de Coahuila durante los próximos años. Quizá el problema no sea que estas elecciones sean menos importantes que otras; quizá el verdadero problema es que seguimos actuando como si lo fueran. Así las cosas.

Profesor-investigador del Departamento de Estudios Humanísticos del Tecnológico de Monterret, campus Monterrey.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM