Toshiaki Nogiwa: campeón saltillense
COMPARTIR
Como buen japonés, pensó en el tiempo, en la vida y en sus compromisos. ¿Y la familia de origen? En su ordenada mente japonesa, hizo el voto de no regresar a su patria hasta no haber triunfado
Los griegos estuvieron matándose entre ellos durante cientos de años: Atenas contra Esparta (o Tebas u otros). Conocemos relatos de esa guerra prolongada. No sabemos si la conflagración de Troya tenga un fundamento real o se deba a la invención del pueblo, extraordinariamente rememorada por alguien a quien se ha atribuido la leyenda que no pasa: el mito de una lucha en la que no sólo se enfrentaban dos pueblos, sino que sus dioses también intervenían a favor de uno u otro.
Jorge Luis Borges, en el cuento “El inmortal”, relata que un soldado obsesionado por encontrar el río cuyas aguas volvían inmortal al que las bebía, al final descubre que uno de los habitantes de ese río era nada menos que Homero. Un texto magistral en el que un ciego, Borges, imaginó en pocas páginas a Homero, el perdurable ciego. Hace poco vi el interesante programa de Pepe Gordon, “La Oveja Eléctrica”, donde entrevistó a un ilustre neurólogo americano que afirmaba, en palabra y obra, que la poesía ayuda a la conservación sana del cerebro. Dijo que si uno leía cada mañana unos párrafos de “La Ilíada”, estaba ayudando a mejorar su mente y su jornada.
Ahora que todo mundo habla de futbol y que hasta Felipe VI se animó a venir a México después de algunas exigencias que antes le hicieron, vemos que, coincidiendo con los griegos, el deporte sirve también para cesar los pleitos y dejar que los deportistas los prevengan. Una curiosidad es que grandes escritores se han atareado escribiendo libros sobre ese deporte. Distingo a dos: Juan Villoro y Eduardo Galeano.
Justamente este año está celebrando sus 50 años de haberse instalado en México un gran deportista: Toshiaki Nogiwa. Llegó en 1976, cuando tenía 24 años y era campeón mundial de karate. Venía con la ilusión de enseñarlo en América y, por una casualidad del destino, estuvo un breve tiempo en Saltillo y, ¡oh dioses del Olimpo!, encontró a una linda mujer de Arteaga, Alicia Valdés, y sin dominar del todo el español, la frecuentó hasta llegar al matrimonio. Desde Saltillo, precisamente por su categoría “Dan séptimo”, fue creando escuelas en múltiples lugares. Tiene academias en Sinaloa, Nuevo León, Aguascalientes, San Luis Potosí, Guanajuato, Ciudad de México, Chiapas, Coahuila, Oaxaca... y en Guatemala, Argentina, Bolivia y Estados Unidos, donde es muy respetado y periódicamente invitado como juez a justas del más alto nivel.
Como buen japonés, pensó en el tiempo, en la vida y en sus compromisos. ¿Y la familia de origen? En su ordenada mente japonesa, hizo el voto de no regresar a su patria hasta no haber triunfado. Así que, a veinte años de que se instaló en Saltillo, un buen día se presentó feliz ante su familia nipona. Crear una generación de cintas negras normalmente tarda unos tres años en concluirse, y creó muchas.
En el año 2019 se inscribió en algo que su familia mexicana consideró una locura: pelear con un japonés de edad más o menos equivalente. Su hija Harumi me dijo que en el primer minuto recibió un golpe durísimo en pleno rostro. Toshiaki reacomodó su karategui desordenado y logró vencer, en buena lid, al adversario, con lo cual ganó nada menos que el calificativo de premio mundial de karate, en su categoría, en Japón. Mientras le aplaudían, tomó el micrófono y levantó en brazos a su nietecito, aclarando: “No peleé por Japón, sino por México”. El público hizo una reverencia de respeto. A esa disputa lo acompañó una de sus mejores alumnas saltillenses, Elisa María Jaime, y su familia mexicana, por supuesto.
En México ya logró muchas generaciones de cintas negras y varios de sus alumnos ahora son maestros. Este año cumplió 74 años. Sigue dando clases, seminarios, aplica exámenes y visita escuelas. A donde más lo invitan es a Buenos Aires, San Francisco y Guatemala. Aspira a participar por tercera ocasión en el campeonato mundial de karate.
Los griegos crearon las Olimpiadas para evitar la guerra. Se enfrentaban gladiadores, corredores o luchadores, pero no la gente. Así mismo, en la temporada anual de teatro, los extranjeros podían ingresar a Atenas sin problema para disfrutar “La Orestíada” de Esquilo, el “Edipo” de Sófocles, “Las Nubes” de Eurípides o “Lisístrata” de Aristófanes. Dos recursos contra el odio.
Quién sabe si nuestro alcalde esté enterado de la existencia de un doble galardonado en Japón. Quién sabe si alguien ha pensado en otorgarle la presea Saltillo. Recordemos que cualquier persona, después de vivir en Saltillo cinco años, es saltillense.