El último partido

Opinión
/ 16 mayo 2023
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Nunca me gustó el fútbol. La última vez que lo “jugué” tenía alrededor de once años. El maestro de educación física dividía al grupo entre hombres y mujeres; a las niñas les daba el balón de básquet y a los niños el de fut. Él se iba a la cafetería, se olvidaba de nosotros. Los dos morrillos más destacados en el deporte se daban el lujo de escoger a su equipo: uno a uno los nombraban de acuerdo a las aptitudes. Yo siempre quedaba al final. Cuando el grupo era grande, los capitanes escogían con rapidez; conforme se iba reduciendo, la elección era difícil. Claro, al final restaban los malos jugadores. Mientras los capitanes analizaban quién era el menos peor, pasaba la mirada por cada uno de nosotros. Cuando me veían a mí, yo abría más los ojos y negaba con la cabeza de manera imperceptible, solo para que él se diera cuenta de que no debía escogerme. Éramos un grupo impar y siempre sobraba uno: yo. Me mandaban a la banca, entraría a suplir por si alguien se lesionaba. Los niños normales veían como una humillación estar en la banca. Yo lo disfrutaba. Yo florecía en la banca.

Resulta que un mal día un compañero se lastimó el pie. Tuve que entrar a relevarlo. Me dijeron que sería delantero (o defensa, ya no recuerdo -y es fecha que desconozco las reglas del juego-) el caso es que debía permanecer en un solo punto de la cancha. Yo me planté en un sitio y me dediqué a ver la vida pasar. A mitad del partido alguien gritó mi nombre. Levanté la mirada y vi que el balón venía hacia mí. Era mi momento de triunfar, demostrar que podía ser tan bueno (¡o mejor!) que ellos en el deporte. La trayectoria del balón indicaba que pasaría rodando junto a mí. Me coloqué de lado con el fin de patearlo y lanzarlo con más potencia en esa misma dirección. No calculé la distancia entre mi pie y la pelota. En lugar de patearla, la pisé. Me resbalé y caí de sentón sobre el esférico. ¡Pum! Se reventó.Las carcajadas se volvieron sorpresas. Yo estudiaba en una escuela pública y ese balón había sobrevivido varias generaciones. Pasaron meses para que la escuela pudiera adquirir uno nuevo. Mientras tanto todos los niños, hasta los capitanes, tuvimos que permanecer en la banca. Desafortunadamente ellos no florecían igual que yo.

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Becario del Programa de Estímulo a la Creación y el Desarrollo Artístico (PECDA Coahuila, 2015) en el área de cuento, y del programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA 2020) en el área de Novela. Ha publicado cuentos en antologías de México y Estados Unidos. Autor de la novela “Madre Araña” (Secretaría de Cultura de Coahuila 2019 / Ediciones Periféricas 2021).

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