Entre asombro y la conciencia de lo no perfecto se encuentran mis opciones y la realidad

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Opinión
/ 22 febrero 2026

¿Te has puesto a contemplar lo que te asombra en la vida? Esta mañana pensé que la vida es muy grande. Al decirlo me salieron lágrimas. ¿Qué sentí? ¿Por qué las lágrimas? ¿Qué es lo que sentimos en esos momentos? No es miedo, ni ira, ni dolor... ¿Entonces? Logré nombrar compasión y ternura, alegría muy profunda. Cuestioné el merecimiento, mi merecimiento. No considero que exista alguna razón por la que yo merecería la grandeza de la vida que no sea la sola habilidad de contemplarla. Hay quienes no pueden. Conozco a muchas personas así. Y nuestro momento en la historia del mundo no ayuda mucho a veces. Hay situaciones que nos provocan miedo, ira y dolor. De ninguna manera considero que tendríamos que no sentir esas emociones referentes a sucesos que nos asombran de manera negativa. Eso no significa que al mismo tiempo y a la vez no podemos sentir el asombro que nos hace suspirar y sonreír por dentro y por fuera.

Otro aspecto de esto es la opción de mirar las posibilidades y no tanto lo que falta. Creo que es un factor importante en la sensación de satisfacción y suficiencia en la vida. Son hábitos. Y no, no hablo de conformismo. Dije “las posibilidades”...no lo que hay tal cual. Lo que ya no crece y no se mueve, muere. Eso nos incluye a nosotros.

Entonces, volvamos al asombro. Entre el asombro y la necesidad de ubicarnos en lo no perfecto se da el vaivén de la vida y el movimiento de la manera en que tomamos decisiones y hacemos planes hacia el futuro cercano y lejano. Nos vamos hacia lo que nos atrae sabiendo que en conjunto habrá situaciones que tendremos que aceptar y tolerar. La aceptación por decisión y el desarrollo de la tolerancia son compañeritos del asombro. Nos permite escoger y vivir sin detenernos, sin apagar el asombro y sin conformarnos. Eso para mí es ser realista. No tacho las opciones por lo que les falta, ni acepto lo no aceptable por el deslumbramiento. Definitivamente

Nacida en Detroit, MI el 25 de mayo de 1956. Residente de Saltillo desde 1974. Maestra y traductora por necesidad. Psicoterapeuta, empresaria, poeta, actriz y administradora de Foro Amapola porque la vida es dinámica. Madre de 4, abuela de 5. En 18 años de formación como psicoterapeuta ha hecho especialidades que incluyen terapia psico-corporal y Gestalt. Idealista insistente y ser humano en constante movimiento.

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