Eslabón por eslabón

Opinión
/ 9 junio 2023
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Primer eslabón: El partido en el poder escoge a quien represente y cuide de mejor forma los intereses de una élite política. Es difícil que elijan a la persona más preparada o a la que tenga una trayectoria profesional intachable. Aquí más bien se toma en cuenta la disponibilidad que alguien pueda tener de engendrar prácticas corruptas y ejercer el poder favoreciendo a un grupo muy reducido de ciudadanos, entre los que se encuentra, por supuesto, el presidente que está por terminar su mandato constitucional, incluyendo a su familia.

Segundo eslabón: El partido en el poder reúne a un grupo de aspirantes a suceder al mandatario de la República y organiza una gran farsa conocida como elección interna. El objetivo de este proceso es demostrar a todos que el partido tiene un profundo apego a la democracia y, además, lograr que los futuros votantes tengan en mente el nombre de la fracción política y de los candidatos. Para esta representación teatral se derrochan sumas millonarias que bien podrían ser aprovechadas en dar un nuevo aliento a la vida de muchos ciudadanos pero que, como siempre, se destina al basurero de la promoción política.

Tercer eslabón: El partido, luego de recurrir a una elección interna ya sea con los votos de los militantes, o con los resultados de distintas encuestas, por fin ya tiene a su candidato, que por casualidad es el mismo a quien el presidente y su poderosísimo dedo venían apoyando desde hace tiempo. Dicho candidato inmediatamente adquiere el compromiso de acatar en todo momento las órdenes de su mandamás.

Cuarto eslabón: Una nueva farsa comienza. El candidato del partido, experto ya en decir más mentiras que verdades, comienza su campaña pronunciando discursos grandilocuentes en los que promete resolver el abasto de agua en medio del desierto; erradicar la inseguridad pública; elevar el nivel de vida de los mexicanos; meter a la cárcel a los funcionarios corruptos; transparentar las labores del gobierno; conseguir más empleos; acabar con el analfabetismo; en fin, lograr el cambio soñado por muchos.

Quinto eslabón: El pueblo acude a las urnas seducido por la esperanza de elegir al candidato capaz de cumplir todas sus promesas. Muchas personas emiten su voto sin saber siquiera el nombre del candidato, sólo conocen el logotipo del partido que les regaló las despensas, que les entregó los bultos de cemento, que les ha entregado becas a cambio de robarles la miserable calidad de vida que antes tenían, o que organizó una fiesta en la que dieron tortas y camisetas.

Sexto eslabón: El candidato electo ocupa su cargo y, al llegar a su oficina, estrena el basurero depositando en éste la careta que utilizó durante los meses de campaña. Junto con esa máscara se va también la memoria y automáticamente quedan en el olvido todas las promesas hechas.

Séptimo eslabón: El gobernante se da cuenta del inmenso poder depositado por el pueblo en sus manos. Lo ejerce de una forma irresponsable, preocupándose principalmente por saciar todas sus necesidades económicas y políticas.

Octavo eslabón: El pueblo sufre por las decisiones del gobernante. Aquel sueño de tener una mejor vida se esfuma completamente y brota el arrepentimiento de haber elegido al hombre o mujer que ocupa el poder. Las carencias del pueblo son cada vez mayores y la desfachatez del gobernante también. Mientras miles de personas luchan diariamente por satisfacer siquiera las necesidades básicas, el gobernante hincha sus bolsillos y resuelve la vida de sus tataranietos.

Noveno eslabón: El tiempo del gobernante se acaba y los días de gloria se van. La popularidad que algún día gozó, ahora se ha convertido en repudio general. Sin embargo, todo dolor causado por la pesada loza del desprestigio, es olvidado gracias a las millonarias ganancias económicas que dejaron esos seis años de poder.

Décimo eslabón: La historia se repite. El partido escoge a sus candidatos y vuelve a montar la farsa de una elección democrática.

Estos son los eslabones que nos tienen encadenados. Desde la elección de un candidato al interior de un partido político comienza un proceso vil y despreciable: el proceso de abusar de los mexicanos.

¿Cómo liberarnos de esta cadena? Se debe impedir la formación del primer eslabón, es decir, los partidos políticos deben actuar con responsabilidad al elegir a sus candidatos. Si es elegida aquella persona que destaque por sus conocimientos, por su capacidad para gobernar, por su honestidad y por la falta de compromisos, la cadena que nos ata seguramente desaparecerá.

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Nacido en Saltillo el 5 de mayo de 1975, soy hijo de Armando Fuentes Aguirre y de María de la Luz de la Peña de Fuentes. Licenciado en Ciencias de la Comunicación en el Tec de Monterrey, donde obtuve mención honorífica. Cursé estudios de Periodismo en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Seleccionado entre jóvenes periodistas para participar en el Taller de Narración Periodística impartido por el Nobel colombiano Gabriel García Márquez y la Fundación de Nuevo Periodismo Latinoamericano. Maestro en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y en Letras Españolas por la UANL. Fui designado por la Facultad de Filosofía y Letras como el mejor alumno de posgrado, siendo merecedor de la medalla a los mejores estudiantes de México entregada por la SEP Federal en tiempos del Presidente Vicente Fox. Columnista de los periódicos Palabra, El Siglo de Torreón, El Siglo de Durango, Zócalo de Piedras Negras, y El Mañana de Nuevo Laredo. Director artístico de Radio Concierto, encargado de corresponsales del Periódico ABC de Madrid. Fundador y director del diario de distribución gratuita 10 MINUTOS. Director desde 2011 del Consejo Editorial del Estado de Coahuila y de los Talleres Gráficos del Estado.

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