Estado de México y Coahuila, aduanas del 2024
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Es común que las elecciones que anteceden a los comicios presidenciales se consideren anticipación de lo que habría de acontecer al año próximo. En realidad, las elecciones locales son un devenir donde converge lo local con lo nacional y la política con la sociedad. Las pasadas del 5 de junio en seis estados lo revelan: tres donde Morena y sus aliados prevalecen con considerable ventaja; dos en los que la coalición PRI, PAN y PRD obtienen victoria, y sólo en Tamaulipas el resultado fue un tanto cerrado.
Son muchos los signos a descifrar de los procesos locales. Las analogías y las diferencias saltan a la vista. Respecto a la alternancia, quien más gobierna más pierde, en este caso el PRI. Las elecciones intermedias revelan que también Morena pierde donde gobierna. Cierto es que los estudios de intención de voto son imprecisos; la gran mayoría de las encuestas pronosticaban un resultado cerrado en Durango, que no sucedió, y una ventaja de al menos dos dígitos de Morena en Tamaulipas, que tampoco ocurrió.
En la búsqueda de signos reveladores del porvenir muchos centran su atención en la influencia que el presidente de la República tiene en la intención del voto; sin duda factor de la mayor importancia, pero no concluyente. De hecho, las elecciones de 2021 revelan que las mayores dificultades de la coalición encabezada por Morena se dan en las zonas densamente pobladas. El ascendiente del Presidente no explica el resultado, tampoco los candidatos y sus partidos. Los actores relevantes del proceso son los electores y la carga de descontento que desde hace tiempo les acompaña. Por esta razón, los estudios de ánimo social poseen el mayor poder predictivo electoral.
Los programas sociales tampoco explican los resultados electorales, aunque influyen, más si se les usa de manera clientelar y se hace creer que se perderán de no votar por el partido gobernante. En el análisis de las variables demográficas asociadas a los beneficios gubernamentales federales muestra mucho mayor impacto en la población de edad mayor que en los jóvenes. Además, más de la mitad de los votantes afirma que no reciben ellos o sus familiares beneficio alguno.
El triunfo de López Obrador en 2018 fue una forma de rebelión ciudadana. El candidato tuvo la virtud de leer bien a la sociedad; además, la estrategia del presidente Peña Nieto se centró en combatir al segundo lugar, ocasionando que el voto opositor se concentrara en la opción más disruptiva y, por tanto, la más convincente. De los diez puntos que perdió Ricardo Anaya más de 6 fueron para AMLO y, prácticamente, ninguno para José Antonio Meade.
Si algo se puede decir de las seis elecciones de gobernador pasadas es su poca representatividad; ninguna zona metropolitana o grandes ciudades, con excepción de Benito Juárez, Quintana Roo (que siempre ha tenido un comportamiento electoral diferente a todas las urbes del país), y Aguascalientes, que votó contra Morena, al igual que la región lagunera. Esto es importante porque la elección de 2021 deja entrever la volatilidad de las preferencias justo en esos territorios y la relevancia de la vigencia de la pluralidad.
Coahuila, considerado el último bastión del PRI, después de la debacle de 1988 es el único estado donde ha mostrado competitividad. En 2020 prevaleció en los 16 distritos locales; en 2021, sin formar coalición con el PAN y PRD ganó en 5 de los 7 distritos y obtuvo victoria en casi todos los municipios, incluso en los más poblados, con la excepción de Monclova que perdió ante el PAN.
La pregunta obligada es si el PRI continuará prevaleciendo en Coahuila o si los nuevos términos de la contienda y la intervención del presidente López Obrador y su gobierno, con frecuencia a contrapelo de la legalidad electoral, afectarán su dominio. La acción penal reciente contra el secretario de finanzas del gobierno de Rubén Moreira debe interpretarse en tal contexto.
Un factor por considerar es la manera como se ha gobernado en el ámbito local. Los gobernadores Carlos Joaquín de Quintana Roo y Alejandro Murat de Oaxaca mantuvieron una postura funcional, por decir lo menos, al presidente de la República. En Hidalgo, el gobernador fue marginado por las dirigencias de PAN y PRI de la elección al momento mismo de imponerle candidata, sin olvidar la fractura de la clase política local. En Tamaulipas, es muy probable que la operación política desde el gobierno estatal modificó las coordenadas políticas, insuficientes para ganar, pero sí para cerrar una contienda que parecía claramente favorable al candidato de Morena.
En Coahuila, el gobernador Miguel Riquelme ha sido el factor para la recuperación del PRI. El oficio y la disciplina en el gobernar y en la política han propiciado que el tricolor gane terreno. Es impensable una actitud colaboracionista o entreguista a López Obrador. Además, tiene los primeros lugares en acuerdo y calificación respecto a sus pares. En la candidatura se perfila con claridad el exalcalde de Saltillo, Manolo Jiménez. En todo caso, la duda es si habrá de suscribirse coalición con PAN y PRD. En Durango dio buenos resultados y todo indica que así habrá de procederse, incluso podría sumarse MC.
En el Estado de México hay un total de 12 millones 221 mil 311 ciudadanos inscritos en la lista nominal, que representan poco más de 13% del total nacional. Por mucho es la entidad más poblada del país y tiene mayor peso electoral que la suma de los seis estados que tuvieron comicios el pasado 5 de junio. A diferencia de Coahuila, la situación en la entidad es mucho más compleja y volátil. En 2018 Morena ganó prácticamente todo lo que estaba en juego en el ámbito local y federal. En 2021 la situación cambió significativamente; la coalición del PRI, PAN y PRD permitió recuperar la mayoría de los municipios y el Congreso local.
Son dos los elementos determinantes para definir la competitividad del PRI y PAN. En primer término, si habrá de suscribirse coalición, especialmente si MC se integraría al proyecto; en segundo, el candidato o candidata que habría de representar a la coalición opositora. En 2021 la suma de votos de PAN, PRI, PRD y MC fue superior a la coalición de Morena por 380 mil votos. Esto plantea un escenario promisorio para el movimiento opositor Va por México; un triunfo en el Estado de México sería el mayor impulso para la oposición en 2024, además de representar un respiro al PRI.
Un aspecto a considerar es la selección de candidatos y cómo impactaría el tema de la equidad de género. Los dos Estados han intentado regular constitucionalmente esta materia; sin embargo, en Coahuila todavía tienen que resolverse algunas impugnaciones y en el Estado de México no está previsto su operación para los comicios en puerta. Para el PRI está perfilada la solución, mujer para el Estado de México y varón para Coahuila. No es el caso del PAN, especialmente si habría coalición con el PRI en Coahuila y mantuviera firme la candidatura del diputado Enrique Vargas. Por considerar para 2023 y 2024 estaría la postura de MC de concurrir en lo individual o participar en el frente opositor.
Un eventual resultado adverso a Morena en los dos estados modificaría el escenario hacia la sucesión presidencial, por la incertidumbre que introduciría al interior del grupo gobernante. El cambio afectaría, particularmente, las posibilidades de Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la Ciudad de México, la que no ha logrado despuntar a pesar del respaldo que el presidente y la cúpula del partido en el gobierno le dispensan. Asimismo, este escenario anticipa que López Obrador se involucrará todavía más en la elección de 2024.
Por su parte, el triunfo de Morena en el Estado de México y el del PRI con o sin coalición en Coahuila, mostraría la fortaleza del oficialismo y reduciría la sobrevivencia del PRI en dos estados al norte del país; que, a su vez, representaría una pérdida relevante del tricolor en la negociación con el PAN en el marco del frente Va por México.