Qué raro es existir, si lo piensas tantito

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/

Qué especie tan espectacularmente ridícula somos. Un día estamos enamorados viendo estrellas como pendejo romántico... y al siguiente estamos buscando tutoriales para destapar el baño porque nos ganó un taco sospechoso

Hay días donde uno anda tan ocupado sobreviviendo, pagando cosas, contestando mensajes pendejos y fingiendo estabilidad emocional... que se nos olvida lo absurdamente raro que es estar vivos.

Porque existir está rarísimo, cabrón. Nomás que ya nos acostumbramos.

https://vanguardia.com.mx/opinion/lo-simple-funciona-pero-no-vende-JI20393956

Y el ser humano tiene esa maña bien culera: puede normalizar cualquier cosa mientras tenga WiFi, cafeína y algo qué tragar.

Naces sin pedir permiso. Sales chillando, encuerado y confundido. Te ponen nombre personas igual de confundidas que tú. Luego te enseñan reglas inventadas por otra bola de changos vestidos de oficina... y si no encajas, te dicen “problemático”.

Y ahí va uno. Creciendo. Aprendiendo a fingir. Aprendiendo a sonreír aunque por dentro traigas el cerebro más pateado que balón en final llanera.

Porque de eso se trata gran parte de la vida adulta: de aprender a actuar como si supieras qué chingados haces.

Y no me vengas con mamadas espirituales de “todos tenemos un propósito”.

La mayoría apenas tiene organizada la alacena y ya quiere explicar el universo como si fuera supervisor regional de la existencia.

La humanidad es una especie bien curiosa: se siente dueña del planeta... y todavía hay hijos de la chingada que no saben usar una gloriosa direccional.

Nos creemos avanzados porque traemos inteligencia artificial en el celular... mientras seguimos destruyéndonos emocionalmente por un “visto” en WhatsApp.

Así de fina está la pinche evolución. Y entre más piensas las cosas, más raro se pone todo.

Trabajamos décadas enteras para comprar cosas que no tenemos tiempo de disfrutar porque estamos demasiado ocupados trabajando para seguir comprando más cosas.

Eso ya debería parecerte una mentada de madre cósmica.

Te levantas temprano para ir a un lugar que muchas veces odias, para ganar dinero que apenas alcanza, para pagar una vida que ni disfrutas porque llegas cansado, estresado y con el alma más manoseada que promoción de supermercado.

Pero eso sí: el domingo subes historias diciendo “agradecido”. No seas mamón. Hay gente que vive tan en automático que ya ni distingue entre vivir y sobrevivir. Nomás existen. Como pollo de rosticería dando vueltas: calientes por fuera, muertos por dentro.

Y luego están las redes sociales... ese zoológico digital donde todos actúan como expertos en algo. Ahí ves: gurús financieros quebrados, coaches emocionales que lloran en el baño, motivadores que no pueden ni motivarse a lavar los trastes, gente dando consejos de amor mientras su relación parece negociación de rehenes, cabrones hablando de “energías” con el cuarto oliendo a humedad y abandono paternal.

Y todos hablando con una seguridad que hasta dan ganas de preguntar: “¿A poco sí sabes tanto o nomás hablas fuerte para que no se note el cagadero?”

Porque esa es otra: el ser humano ama aparentar control. Nos encanta fingir que entendemos la vida. Que sabemos a dónde vamos. Que tenemos un plan.

Mentira. La mayoría anda improvisando más que mesero nuevo en día de las madres. Adultos manejando empresas, criando hijos, casándose, divorciándose, opinando de política, hablando de economía... y por dentro siguen siendo niños confundidos pagando impuestos.

Eso es lo verdaderamente raro: todos actuamos como si esto tuviera manual. Y no lo tiene. Nadie sabe qué chingados está haciendo. Nomás algunos disimulan mejor. Y aun así tenemos el descaro de juzgar a otros.

Nos burlamos del que falla, del que intenta, del que empieza tarde, del que llora, del que duda... como si nosotros fuéramos una mezcla entre filósofo griego y licuadora ninja emocional.

Pinche raza. Hay gente que vive con un palo atorado en el culo creyéndose importante porque tiene puesto, dinero o seguidores. Carnal... sigues siendo un animalito raro que necesita dormir ocho horas porque si no se pone sensible y empieza a discutir por mamadas en internet. Bájale dos rayitas al ego. Porque el universo no sabe quién eres. La muerte tampoco. Y el tiempo menos.

Y aun así aquí andamos: peleándonos por política, por fútbol, por religiones, por herencias, por quién tiene razón, por quién se ofendió, por quién “merece respeto”.

Como si todos no fuéramos a terminar convertidos en una foto vieja guardada en una caja llena de polvo.

Eso sí está cabrón. Nos tomamos demasiado en serio para lo temporales que somos. Y ahí es donde empieza lo verdaderamente triste: la mayoría ni siquiera vive. Solo repite. Despertar. Trabajar. Consumir. Distraerse. Dormir. Repetir. Como NPC deprimido de videojuego barato.

Hay gente que lleva años sin pensar realmente. Sin quedarse en silencio. Sin cuestionarse nada. Sin sentir algo auténtico. Porque pensar da miedo. Pensar obliga a darte cuenta de cosas incómodas. Como que tal vez: no eres feliz, no te gusta quién eres, escogiste mal muchas cosas, vives para impresionar gente que ni te quiere, o llevas años actuando un personaje que ya ni soportas.

https://vanguardia.com.mx/opinion/no-estas-cansado-estas-harto-de-lo-mismo-y-te-da-miedo-admitirlo-MF20072842

Y ahí entra la distracción moderna: videos cortos, ruido, contenido, dopamina barata, scroll infinito, gente bailando como electrodoméstico poseído, opiniones que nadie pidió, podcasts de cabrones que hablan tres horas para decir absolutamente nada.

La humanidad ya no sabe aburrirse. Y eso nos está dejando el cerebro más frito que aceite reutilizado de puesto de feria. Porque cuando te quedas en silencio demasiado tiempo... aparecen preguntas peligrosas. “¿Esto era todo?” “¿Por qué hago lo que hago?” “¿Qué tanto de mí es realmente mío?” “¿Cuándo fue la última vez que me sentí vivo de verdad?”

Y la gente le tiene terror a esas preguntas. Por eso llenan cada segundo con ruido. Música. Series. Alcohol. Trabajo. Parejas. Celular. Sexo vacío. Drogas. Validación. Compras. Likes.

Lo que sea con tal de no quedarse solos con esa vocecita incómoda que les recuerda que algo no está bien. Porque sí, aunque nos hagamos pendejos, muchos sienten que algo no cuadra. Y no es depresión existencial elegante de película francesa. Es agotamiento.

Es vivir tan desconectado de uno mismo que ya ni sabes si lo que haces te gusta o solo te acostumbraste. Hay personas que llevan tanto tiempo fingiendo que ya se volvieron el personaje.

El trabajador ejemplar. La pareja perfecta. El fuerte. La víctima. El rebelde. El exitoso. El “yo puedo solo”. Puros disfraces emocionales cosidos con miedo y necesidad de aprobación. Y mientras tanto el tiempo pasa.

Eso es lo verdaderamente cruel de existir: el reloj nunca se detiene aunque tú sí. Un día tienes veinte y tantos y crees que eres eterno. Al siguiente ya te truena la rodilla al levantarte y empiezas a emocionarte por comprar recipientes herméticos.

Así de rápido se pone raro este pedo. Y aun así seguimos desperdiciando tiempo en mamadas gigantescas: discusiones inútiles, gente que ni nos quiere, trabajos que nos están matando, apariencias, orgullo, quedar bien, relaciones que tienen menos futuro que dieta empezada en diciembre.

Hay personas que viven más preocupadas por verse interesantes que por ser felices. Y eso sí da tristeza.

Porque el ser humano puede hacer cosas increíbles. Crear arte. Construir ciudades. Escribir música. Enamorarse. Inventar historias. Cambiar vidas. Pero también puede pasar tres horas peleándose en Facebook con un desconocido que tiene foto de camioneta y ortografía de cavernícola.

Qué especie tan espectacularmente ridícula somos. Un día estamos enamorados viendo estrellas como pendejo romántico... y al siguiente estamos buscando tutoriales para destapar el baño porque nos ganó un taco sospechoso. Somos poesía con gastritis. Conciencia cósmica con pagos atrasados. Animales existenciales que se deprimen, se enamoran y se ofenden por emojis. Y honestamente... eso tiene algo hermoso.

Porque dentro de todo este cagadero absurdo, todavía pasan cosas chingonas.

Todavía existe la risa. Las conversaciones reales. La gente que sí abraza bonito. Las canciones que te destrozan rico. Los momentos donde se te olvida el mundo aunque sea tantito. El café tranquilo. La madrugada silenciosa. La sensación de lograr algo después de partirte la madre intentándolo.

La vida sí puede ser hermosa. Pero no para quien vive dormido. No para quien pasa toda su existencia actuando un personaje diseñado para agradarle a gente igual de perdida.

Y aquí viene la parte incómoda querido lector: Tal vez no necesitas encontrarte a ti mismo. Tal vez necesitas dejar de mentirte. Dejar de decir “algún día”. Dejar de esperar permiso. Dejar de actuar como empleado temporal de tu propia vida. Dejar de comportarte como si fueras a vivir trescientos años.

Porque no, cabrón. Tu tiempo sí se está acabando. Tu cuerpo sí envejece. Tus oportunidades sí pasan. La gente sí se va. Y la vida no pausa mientras decides si empiezas o no. Y lo más culero no es morirse.

Lo más culero sería llegar al final y darte cuenta de que nunca viviste realmente porque estabas demasiado ocupado intentando verte correcto, exitoso, ocupado o aceptado. Qué desperdicio tan elegante. Así que sí: existir está rarísimo. Pero ya que andamos aquí, al menos deja de hacerte pendejo.

Piensa. Cuestiona. Ríete. Haz cosas. Equivócate. Aprende. Manda al diablo lo que te está matando lento. Abraza a quien sí importa. Di lo que sientes antes de que sea tarde. Y deja de vivir como NPC emocional programado por miedo y rutina.

https://vanguardia.com.mx/opinion/turismo-de-desesperacion-OJ19769034

Porque el tiempo no se detiene. La muerte no agenda citas. Y el universo jamás va a darte un aplauso por haberte quedado con ganas de vivir.

Así que muévete. Haz algo. Lo que sea. Pero despierta.

Antes de que un día abras los ojos viejo, cansado y lleno de “hubiera”... preguntándote en qué momento se te fue la vida mientras estabas demasiado ocupado pretendiendo que entendías algo.

Y esa, mi estimado, sí sería una verdadera chingadera. Pero al fin y al cabo, esta es solamente mi siempre y nunca jamás humilde opinión. Y usted... ¿Qué opina?

Instagram: @entreloscuchillos

Facebook: entreloscuchillosdanielroblesmota

X: @entreloscuchillos

Correo electrónico: entreloscuchillos@gmail.com

Oriundo de Matamoros, Tamaulipas, México, estudió la carrera de Licenciatura en Comercio Exterior, pero debido a su gran pasión e interés por la cocina, decide estudiar posteriormente la carrera de Profesional Gastronómico, la cual ejerce actualmente. Se ha desarrollado como Chef de distintos restaurantes. Es miembro de distintas organizaciones gastronómicas como: La Sociedad Mexicana de Gastronomía, Embajadores Gourmet sede México, así como además de estar certificado ante la WACS (World Association of Chefs Societies/ Asociación Mundial deSociedades de Cocineros) de París, Francia. Y Master Pizzaiolo ante la AVPN (The True Neapolitan Pizza Association (Associazione Verace Pizza napoletana,AVPN). Actualmente, se dedica a impartir cursos, talleres, masterclass y conferencias, así como brindar servicios de asesoría y consultoría gastronómica a distintas empresas y restaurantes.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM