Estereotipos. Episodio 2. Ingenieros en el poder
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Plácido DETONA Como decíamos ayer: Somos gobernados por una presidente de mente ingenieril, a diferencia de su antecesor, que pareciera -por lo que hizo y deshizo- que ni mente (sana) tenía
Prefacio:
Cuando una abeja se posa en la nariz de un perro, por lo general lo hace con una intención específica hacia la mascota:
- Atracción por humedad y olores: La trufa (nariz) de los perros casi siempre está húmeda y fresca.
- Las abejas pueden sentirse atraídas por el olor a comida, saliva o fluidos que el perro acumula ahí.
- Aliento: El dióxido de carbono y los aromas del aliento al jadear o inhalar pueden llamar la atención de la abeja.
1er apunte:
- En el título de este 2o Episodio de mi serie sobre los estereotipos, me tomé la libertad de parafrasear los famosos dichos de dos ilustres españoles.
- La frase original, “Como decíamos ayer” es atribuida al fraile y poeta Fray Luis de León en el siglo XVI, que la pronunció al retomar sus clases en la Universidad de Salamanca tras pasar cinco años encarcelado por la Inquisición.
- Miguel de Unamuno retomó célebremente este mismo dicho en 1930 al volver a la cátedra de la misma Universidad, después de haber sufrido el exilio en confinamiento por su oposición a la dictadura de Miguel Primo de Rivera.
- Esos dos hechos históricos reclaman su lugar al platicarles de nuevo hoy de los estereotipos y sus aplicaciones -buenas y malas- en los tiempos actuales, vinculándolos a los estilos de gobernar.
2o:
- La referencia a perros y abejas es una parafrase que compara la reconocida lealtad de los canes con la capacidad laboriosa de los trabajadores insectos, y cómo las características de éstos últimos predominan en el mundo animal sobre las de los lomitos.
Ahora sí, como dicen los dermatólogos, “vamos al grano” de este 2o Episodio de la serie sobre los estereotipos:
Sin haber sido ingenieros, las mentes de esos ilustres filósofos españoles son consideradas por estudiosos de la materia, como “eminencias ingenieriles” y les voy a compartir por qué, sazonando de esa manera mi intención de extraer valor al desempeño -errático para muchos- de la presidente Sheinbaum.
Antes, una anécdota simpática que la refleja tal cual es en su vida privada:
Durante la conmemoración de nuestra Independencia, jaló verbal y luego manualmente, a su marido para que se le uniera en el paseíllo que hizo antes las fuerzas armadas, como comandante en jefe que es.
(Erróneamente los “discípulos” de Vicente Fox la llaman “comandanta”, por ese afán estúpido vuelto moda por el ex presidente panista, de separar a “las” y “los” mexicanos, siendo que el artículo en masculino define por igual a ambos sexos.
Por eso los ignorantes del lenguaje cometen la barbaridad de insertar el “les” en sus alocuciones, al referirse a lesbianas y homosexuales; permítaseme la crudeza de mencionarlos así, porque tal cual es su definición sexual).
Prosigamos:
Sheinbaum mostró un gesto hosco cuando se dio cuenta de que su marido andaba papando moscas lejos de ella en ese momento. No le extendió la mano, aferró la suya a la de él con firmeza que hizo al Dr. Jesús María Tarriba Unger sonarse los mocos en señal de nerviosismo.
Ese es el prototipo de los ingenieros, buscan ajustarse al procedimiento y son inflexibles cuando la norma se rompe, porque les gusta el control de las cosas... y de las personas también.
Tienen que serlo, para no andar mentándola después, si se les cae un edificio o se les pandea una columna o un techo.
El mostrarle públicamente amor hacia su pareja no tiene cabida prioritaria en la ingeniera Sheinbaum. Rasgo común de las mentes (¿ o corazones?) de las mentes ingenieriles.
Amor y compasión (¿al pueblo?) en vez de venganza y rencor. La presidente intenta reforzar este principio, pero de pronto le gana su formación ingenieril, como cuando le plantó su dedo índice a Durazo, al darse cuenta de que éste le había permitido a Ebrard llevar porra al evento donde fueron presentadas en sociedad, las corcholatas de AMLO, previa a la elección de su candidata a la presidencia de México.
La propensión a los estereotipos (o generalidades) puede serle útil a los ingenieros de profesión que ejercen su carrera en la obra, pero son un defecto de éstos cuando llegan a ocupar un puesto de gobierno.
Esto se debe a que la mente estereotipada que tienen bien educada, alimentan los malos entendidos, como el incidente que les narro de la pareja presidencial el 16 de septiembre. (Han de andar peleados o no se llevan bien, dirían las comadres de los chats vueltos viles chales de barriada).
A los ingenieros vueltos gobernantes o miembros de un gabinete presidencial o de índole estatal o de alcaldías o de legislaturas o de cabildos, les vendría bien aceptar que el amor, el perdón y un sentido humanístico, les permitiría lograr más que la culpa y el rencor.
Entonces, ya casi como colofón, alejarlos (a ellos) de los estereotipos uniría más a México como país.
Les convendría a ellos -y a los ciudadanos también- ver a las personas como seres únicos, no en forma generalizada. (Referirse al “pueblo” es un estereotipo nocivo que arrastra puras desgracias y si no, vean lo que hizo AMLO con esa tendencia. El “pueblo” no se le salía de la boca ni cuando iba al baño. (Hey, pueblo, ¿donde está el papel sanitario?)
A las mentes ingenieriles que gobiernan un país -y México es uno de ellos- les vendría bien desmontar las ideas preconcebidas. (La “derecha” quiere retomar el poder dándole en su mera madre a la “izquierda” o “el pueblo y los pobres son buenos; los ricos hacen más daño que cenar carne de puerco”).
Lo que realmente nos diferencia de los demás no es nuestra apariencia, cultura o creencias, sino nuestros actos: Cómo vivimos y cómo tratamos a los demás.
Apropiarnos de esta frase que aparentemente es de la Iglesia nos haría bien a todos: Dar siempre, aunque no nos pidan y si nos piden, dar más, pero -claro- no gratis, que le cueste al que recibe lo mismo que al que da.
Premiar a la gente justa y compasiva, aunque cometa errores, sí, pero darle prevalencia a sus aciertos, a sus resultados, no tanto a su lealtad, como fue el estilo -y sigue siendo- de MORENA en el poder. (Dénle chamba, está bien pendejo pero es leal y fiel a su amo. O traducido al español: Vale más la lealtad que la capacidad).
Cuando prevalecen los estereotipos, las generalidades, la división se fomenta más que la unidad. (Prefiero buenos enemigos que malos amigos. ¡Tómala!).
Conclusión:
Debido a todo lo anterior, hoy, vivimos en México pletóricos y eufóricos por la división que nos gobierna: Buenos contra malos. Ricos contra pobres. Pueblo contra oligarquía. Fernández Noroña contra Ricardo Anaya. Unos contra otros.
En gran parte, esto se debe a la mente estereotipada de quienes nos gobiernan, en todos los niveles, federal, estatal y municipal.
Hace poco le escuché a un alcalde decir que San Pedro Garza García es un municipio comparado con un hotel de 5 estrellas.
¡No mames!, debí de haberle dicho, precisamente porque cayó en la trampa de los estereotipos. ¿A poco todo San Pedro es la Colonia del Valle? ¡Claro que no!, aunque los “sampetrinos -veees”- sean mayoría.
El único estereotipo que vale es el de que todos somos humanos, porque todos respiramos el mismo aire. Es cierto, más contaminado en unos lados que en otros, pero al final de cuenta... todos respiramos aire.