Excusa de casada

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Opinión
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‘Ya puede usted besar a la novia’. Opuso ella: ‘Hoy no...’

“Los declaro marido y mujer” –les dijo el juez de paz a los matrimoniados–. Y añadió dirigiéndose al galán: “Ya puede usted besar a la novia”. Opuso ella: “Hoy no. Me duele la cabeza”... Uglicio tenía gran parecido con un artista de cine: King Kong. Se dirigió a la linda Dulcibel: “Si no correspondes a mi amor me arrojaré a un precipicio”. Le contestó ella: “¿De veras?”... Susiflor regresó de la cita sabatina. Su mamá le preguntó, nerviosa: “¿No se propasó tu novio?”. “Al contrario, mami –le aseguró la chica–. Me dijo que lo haríamos tres veces, y lo hicimos solamente dos”... La recién casada le hizo una confidencia a su amiga: “¿Recuerdas que siempre te decía que Pitolongo tenía un no sé qué? Ahora sé que tiene un sí sé qué”... “Mi marido me trata muy mal –se quejó una casada–. En un año de matrimonio he perdido 5 kilos de peso”. Preguntó una amiga: “¿Y por qué no lo dejas?”. Replicó la otra: “Lo dejaré cuando pierda unos 3 kilitos más”... Ondulia Buénez era la mujer más guapa del pueblo. Eso hacía que los hombres la desearan y sus esposas hablaran mal de ella. El joven Delonio, mancebo bien parecido, fue a confesarse con el padre Arsilio. Le dijo: “Acúsome, padre, de que anoche hice el amor con Ondulia Buénez”. Le preguntó el párroco: “¿Vienes a confesarte o a presumir?”... Declaró Frina, joven mujer de buenas prendas físicas: “Generalmente me meto a la cama a las 9 de la noche, Y a eso de las 11 ya estoy en mi casa”... Habitación número 210 del Motel Kamawa. Ahí tuvo lugar el consabido trance entre Afrodisio, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, y Rosilí, doncella que acababa de dejar de serlo. Contrita y apesadumbrada le dijo ella al lascivo follador: “Esto no tiene nombre”. “¡Uh! –se burló el majadero individuo–. ¡Es una de las actividades humanas que más nombres tiene!”. (Nota: Armando Jiménez, mi paisano coahuilense, autor de “Picardía Mexicana”, registra entre otros los siguientes nombres para dicha acción: “Desgastar el petate”; “Unir los destinos”; “Hacer que rechine el catre”)... Astatrasio Garrajarra, ebrio consuetudinario, acostumbraba llegar a su casa en horas de la madrugada. Esa vez, sin embargo, llegó a las 11 de la noche, pero igualmente beodo, como siempre. Al entrar en la recámara, vio en la penumbra de la habitación a un hombre acostado al lado de su esposa. De la esposa de Astatrasio, no del hombre. Dijo para sí el temulento: “Si el hombre que está en la cama no soy yo, se va a armar la pelotera”... El niño se sentía débil, decaído, sin fuerzas, abatido. Su mamá lo llevó con el pediatra. “Dele a comer pan de centeno –recomendó el facultativo– . Ese alimento es fortificante, vigorizante, tonificante, energizante y vivificante”. Esa tarde el pequeño vio la mesa de la cocina llena de pan de centeno en rebanadas que llegaban hasta el techo. Le preguntó, asustado, a su mamá: “¿Tendré que comerme todas esas rebanadas?”. “Sólo unas tres o cuatro –le informó la señora–. Las demás son para tu papá”... El marido le comentó a su esposa: “La dueña del departamento lo vende. Lástima que no tengamos para comprarlo”. “Sí tenemos” –lo corrigió la señora–. Y le mostró una gran caja repleta de billetes de mil pesos. “¡Uta! –se sorprendió el marido, cuyo catálogo de interjecciones tendía a lo plebeyo–. ¿De dónde sacaste ese dinero?”. Explicó la señora: “Desde que nos casamos, cada vez que me hacías el amor ponía yo un billete de a mil en esta caja. De ese modo ahorré esa cantidad. “¡Uta! –volvió a exclamar el tipo, cuyo catálogo de interjecciones, a más de ser plebeyo, era también bastante limitado–. ¡Si he sabido esto habría hecho contigo todos mis depósitos!”... FIN.

https://vanguardia.com.mx/opinion/millonario-en-recuerdos-JN20878706

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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