Geopolítica y T-MEC
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Se teme que con el traslado de fábricas a territorio estadounidense se provocará incremento de costos por diferencia salarial con países subdesarrollados
La retórica proteccionista del impredecible Donald Trump se sitúa más allá del aspecto económico, lo que provoca incertidumbre a nivel global, inclusive con sus socios tradicionales en el ámbito geopolítico, la Unión Europea y la Organización del Tratado del Atlántico Norte.
El frenesí arancelario y las incursiones militares estadounidenses en varias regiones del mundo (Asia Central, Medio Oriente, África nororiental, en el mar Caribe y el secuestro del Presidente de Venezuela Nicolás Maduro -con más de 100 muertos-, además la obsesión y el odio para el recrudecer el criminal embargo a Cuba, son reconocimiento tácito de la debilidad de Estados Unidos como el supuesto único vencedor y beneficiario al concluir la guerra fría en diciembre de 1991, pero la historia no finalizó, como vaticinaron agoreros del neoliberalismo.
En la multipolaridad global la Unión Americana no será predominante.
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Desde finales del siglo pasado, la inseguridad económica en la población estadounidense se provocó por la migración legal e ilegal (causada por pobreza, inseguridad y violencia), que indujo la contratación laboral ilícita con menos pago salarial, asimismo por la desindustrialización progresiva por traslado de fábricas a países con menores costos laborales.
Así, la segunda elección del presidente Trump en 2024 generó expectativa de solución económica, además el nacionalismo delirante. Para cumplir sus promesas de campaña, el presidente ordena brutales redadas en todo el país y deportaciones de migrantes, además aplica aranceles con el objetivo de retornar inversiones que impulsen el empleo, también para presión política internacional a diestra y siniestra.
La apuesta trumpiana apunta más a eventuales complicaciones: si bien el aumento del nivel de precios fue 2.7% el año pasado, la inflación subyacente -excluye energéticos y alimentos con precios volátiles- da visos de tendencia al alza, por aranceles que se trasladan a precios finales.
Por otra parte, con eventual traslado de fábricas a territorio estadounidense se provocará incremento de costos por diferencia salarial con países subdesarrollados, los precios serán menos competitivos con afectación negativa en ganancias; inclusive, al eliminar trabajo migrante aumentaría demanda de trabajo legal, así el salario tendería al alza; en todo caso, un eventual acuerdo empresarial de reducción a la retribución laboral implicaría menos capacidad adquisitiva en el mercado interno, con menor crecimiento económico.
Además, con avances tecnológicos de producción en China y otros países del grupo BRICS+ -lo que incluye área digital e inteligencia artificial- la industria estadounidense posee obstáculos en competitividad, y para superar estas dificultades requiere fortalecer el T-MEC para reducir costos en cadenas de valor y suministro, de lo contrario reduciría más su nivel competitivo; entre otras.
Ante la decadencia imperial, México se sitúa en el embrollo de la geopolítica, porque el T-MEC, trilateral o bilateral, es estrategia de perspectiva de mediano y largo plazo para tratar de reubicar la débil hegemonía norteamericana, esto en dos aspectos:
primero reglas de origen para que los componentes de manufacturas sean los más posibles de los países firmantes -multicadena automotriz y de electrodomésticos, entre otros-, para evitar participación de otras economías (Europa y Asia); segundo, no menos importante, barreras no arancelarias, como certificaciones técnicas, normas ambientales, reglas laborales, condiciones jurídicas de inversión que incluyan participación en obra pública -además en electricidad e hidrocarburos-, y cláusulas de seguridad nacional con perspectiva económica y política, lo cual condicionaría el acceso al mercado estadounidense como presión para la alineación geopolítica.
Precisamente, antes de iniciar las pláticas sobre el T-MEC nuestro país aplicó aranceles a mercancías de países asiáticos, para proteger el empleo local se argumentó, sin embargo, se intuye que nuestro país podría suscribirse a la estrategia estadounidense.
La potencia vecina sitúa su política comercial en su entorno de decadencia, previsiblemente no rompería el Tratado Comercial, sino que lo reforzaría en función de su supuesta y arrogante permanencia hegemónica.
En contexto complicado está a prueba la capacidad diplomática y negociadora del gobierno de México, para sostener la soberanía nacional. Veremos.