Grafomanía. Fábrica de churros

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/

Ni a sus subordinados camaradas de partido, ni a su fandom más tóxico se les hace raro que cada cuatro meses AMLO nos ‘sorprenda’ con una novedad editorial

No sé si usted conozca a algún académico, investigador, historiador, sociólogo... Alguien con credenciales en alguna ciencia social.

Y si lo conoce lo suficiente, quizás esté al tanto de su más reciente proyecto o investigación, tesis o ensayo.

Si tal es el caso (o por casualidad es usted mismo un autor en la materia), sabrá que un trabajo bien hecho le puede consumir fácilmente un par de años, desde su concepción hasta la última revisión previa a su publicación, por no mencionar las N veces que sus asesores, maestros, sinodales, le pueden haber regresado el texto para hacer las correcciones pertinentes.

https://vanguardia.com.mx/opinion/con-las-reglas-a-modo-GK23833036

Y quizás (tampoco debe ser raro) lo que comenzó como una ambiciosa idea poco a poco se vaya acotando conforme la investigación avanza.

Así, el tratado que tentativamente se llamaría “El Arte Renacentista” probablemente acabe con un título mucho más específico: “Pintores Florentinos Zurdos con Nombre de Tortuga Ninja: Sus Obras en Pequeño Formato de Temática No Religiosa, del año 1350 al 1467”.

Esto porque, conforme vamos descubriendo más material, más textos, más autores, más investigaciones previas, entendemos lo poco que podemos abarcar cuando deseamos profundizar realmente en algo; y que, si vamos a hacer una verdadera aportación, será más bien sobre algo muy concreto, muy muy específico.

Cuando el título es vago de tan amplio (“Marte. El Planeta”; “Enfermedades. Enemigas de la Salud”; o “El Arte de Cocinar con Sal”) como que me da algo de desconfianza, doy por sentado que está dirigido a párvulos de preescolar o que es sólo un bonito libro de mesa con hermosas fotografías.

De ahí que me resulte tremendamente sospechoso un autor que literalmente escupe gruesos volúmenes como si fueran churros, a razón de tres o cuatro por año.

Quizás el único otro autor así de prolífico sea Stephen King, pero ¡vamos!, él abreva del inagotable manantial de su imaginación; aunque ni eso lo exime de tener que hacer investigación, como cualquier otro escritor de ficción que busque ser medianamente verosímil.

Pero alguien que asegura que está haciendo valiosas aportaciones a la memoria de un país y que literalmente avienta textos como si fueran quesadillas al aceite... ¡pues qué quiere, reta la credulidad de cualquiera!

Bueno, de cualquiera que no sea un incondicional político del autor en cuestión. En el caso de AMLO, sus “lectores” tienen excelentes razones para encumbrarlo como la pluma más acuciosa desde Heródoto y la mente más aguda desde George Bernard Shaw.

https://vanguardia.com.mx/opinion/hasta-la-madre-de-estrada-CO23784767

Pero, ni a sus subordinados camaradas de partido, ni a su fandom más tóxico se les hace raro que cada cuatro meses AMLO nos “sorprenda” con una novedad editorial; siendo que a cualquier autor serio quizás le consumiría una década de trabajo parir uno sólo de esos gruesos mamotretos.

Y a propósito de títulos ambiguos y genéricos, el nuevo libro “Pueblo” de Andrés Manuel López Obradiurs (Editorial Planeta) es un ambicioso tratado sobre momentos clave de la Historia de México (Independencia, Restauración de la República y Porfiriato; Revolufia, Malévolo Periodo Neoliberal y, a manera de happy ending, Cuarta Transformación y del Por Qué Estamos Tan a Toda Madre).

Como no podía ser de otra manera y se ha empeñado en pregonar desde el día uno de su mandato, AMLO equipara su sexenio con los momentos más gloriosos de nuestro devenir histórico, político y social (la modestia nunca ha sido lo suyo).

Y la editorial feliz, pues en tanto un autor venda, detalles como la veracidad o la exactitud son ya lo de menos.

¿O por qué piensa usted que los libros de superación, medicina holística, astrología y pseudociencias sostienen a la industria editorial? Pues porque operan bajo la premisa de que, si el autor vende, el rigor es apenas una extravagancia no indispensable. Y AMLO de que vende, vende; aunque sabemos todos que sus principales ingresos son las compras al mayoreo que hacen Ricardo Monreal y Adán Augusto López (con dinero del erario) para regalarle a toda la gente que les cae gorda y/o a sus adversarios políticos (o para que el alcaldete de algún pueblucho se los regale a los pobres chamacos como premio en un torneo de futbol).

Pero bueno, yo no soy el mejor para cuestionar la calidad de un trabajo que jamás he leído y no pienso leer nunca, así reencarne diez veces en el régimen de la 4T.

No lo sé, a lo mejor don AMLO sí es una reata de charrería para eso de la Historia y la historiografía. Eso que lo decida la gente que sí se dedica a ello.

Hace quizás un par de meses escuché al exministro de la Suprema Corte, José Ramón Cossío, explicar que el expresidente López Obrador es un aficionado a la “historia anticuaria”, que se refiere a ese coleccionismo de datos y anécdotas para la conformación de una memoria pintoresca y descriptiva, más que al análisis crítico.

De allí que AMLO sea tan dado a lo anecdótico, pero no parezca comprender los fenómenos históricos en toda su canija complejidad.

https://vanguardia.com.mx/noticias/mexico/sale-amlo-a-defender-a-rocha-acusa-pruebas-hechizas-de-estados-unidos-OM23940097

Y el exministro Cossío bien podría estar equivocado, pero si a mí me dan a escoger entre un doctor en ciencias jurídicas y alguien que a duras penas sacó la licenciatura... Alguien que consagró su vida al ejercicio del Derecho y alguien que se dedicó al caudillismo social... Pues ambos tienen su mérito, pero hablando estrictamente en términos académicos e intelectuales, le voy más al doctor.

El cuadro me resulta familiar. Ya antes he visto a los peores demagogos validándose intelectualmente, haciéndose pasar por eruditos, especialmente como historiadores, creo yo, porque suponen que eso les confiere autoridad como hombres de Estado, aunque sólo sean unos truhanes.

¡Pero si hasta el Humberto Moreira se las daba de intelectual e historiador y su hermano de analista político! EPN también era autor de más libros de los que podía citar... Todos los pinches políticos contribuyen a la deforestación con sus infumables libracos que a la postre sólo sirven para preguntarnos: ¿Y si era tan brillante, por qué era tan pendejo?

Columna: Nación Petatiux

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM