Guerra, Irán, inflación

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Opinión
/ 13 marzo 2026

Cuidado, agricultor mexicano, porque cuando el Medio Oriente estalla en guerra, tu cartera llora.

Primera.

El impacto de la guerra en Irán se suele medir en el precio del petróleo. Cada que sube el barril, el mundo voltea a ver cuánto costará la gasolina. Eso ya lo sabes.

El tema es que hay otro derivado, del que menos se habla, que también sufre: el fertilizante.

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Segunda.

¿Y por qué?

Por el Estrecho de Ormuz, que es una de las rutas energéticas más importantes del planeta (si no es que la más importante). Esa vía marítima está hoy prácticamente paralizada por la guerra.

Y ojo, porque por ahí no sólo pasa petróleo. Por ahí también circula una parte relevante del comercio mundial de fertilizantes nitrogenados que producen países del Golfo como Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irán.

Cuando ese estrecho está “cerrado”, todo lo que pasa por ahí se encarece.

Tercera.

¿Por qué?

Por qué el fertilizante nitrogenado se produce a partir de amoniaco, y el amoniaco depende del gas natural.

¿Dónde se produce, masivamente, ese gas (y aparte muy barato)? Precisamente en el Golfo Pérsico.

Por eso muchos de los grandes complejos de fertilizantes del mundo están en esa región.

Energía barata = fertilizante barato.

Si el conflicto sigue, o se agrava, esa cadena de gas-fertilizante-transporte se rompe y con ella, su precio.

Cuarta.

Y, ¿a quien le afecta?

Al agricultor mexicano. En específico a todos los que dependen de fertilizantes nitrogenados.

La urea y otros fertilizantes nitrogenados son esenciales para cultivos como el maíz, la papa, el trigo, la nuez y los forrajes (por mencionar algunos).

Lo que producen los árabes es, en realidad, el combustible químico de la agricultura moderna. Y hoy, su transporte hacia los mercados internacionales, incluido México, está en vilo.

Quinta.

¿El agricultor mexicano puede soportar esto?

Difícilmente.

Si ese insumo se encarece, el costo de sembrar aumenta incluso antes de que comience el ciclo agrícola. El problema es que México depende, en buena medida, de fertilizantes importados, por lo que cualquier disrupción global en su suministro le pega directamente en el bolsillo del productor.

De hecho, según la Secretaria de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), México importa entre el 65% y el 75% de los fertilizantes que usa.

México importa entre el 65% y el 75% de los fertilizantes que usa.

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Última.

¿Y el gobierno apá?

La guerra en Irán terminará, como siempre, reflejándose en el costo de lo que comemos. Y el agricultor mexicano, como siempre, absorberá el golpe solo. Porque en este país, el campo es tema de discurso cuando conviene y problema de nadie cuando duele.

El agricultor mexicano paga la cuenta de una guerra que nunca pidió, en un país que voltea a verlo solo en época de elecciones.

Licenciado en Derecho y Finanzas con honores. Impulsa proyectos de innovación y transformación digital en Vanguardia. Escribe sobre energía, política y desarrollo regional, con especial interés en el impacto de las decisiones públicas en el norte de México.

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