Hablemos de Dios 262: Jesucristo y el miedo

Opinión
/ 15 enero 2026

Gracias por leerme y atender estas letras. Hartos, muchos y hartos comentarios me llegan de esta ya larga e interminable saga de hablar y conocer a Dios. Cosa imposible para mí, en lo particular. Atentos lectores como usted, me proponen aristas de lecturas y el abordaje de la vida del maestro Jesucristo desde diferentes ángulos y renglones.

En virtud de mis capacidades, claro que lo haré, trataré de salir airoso. Ignoro si lo voy a lograr. Pero agradezco mucho que usted haga suyas muchas de estas ideas y reflexiones. En lo personal, me sigo preparando harto para ofrecerle este tipo de reflexiones de mi pluma. Eso es todo.

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¿Cuál es uno de los sentimientos originarios del ser humano? Usted tendrá su propia y mejor opinión al respecto, pero un sentimiento no menor y sí tremendo, es el miedo. El temor. Sentir miedo. ¿A qué? No lo sé. A una fiera en el espeso y negro bosque. A un accidente de auto; miedo a una enfermedad, miedo a enfrentar un asalto, temor de un accidente de avión... miedo de perder a la persona nada. En fin: miedo y temor. Lea usted el siguiente parágrafo de la Biblia, está en Mateo. 10:29-31:

“¿No se venden dos gorriones por una

Monedita? Sin embargo, ni uno de ellos caerá

A tierra sin que lo permita el Padre; y él les

Tiene contados a ustedes aun los cabellos

De la cabeza. Así que no tengan miedo;

Ustedes valen más que muchos gorriones”.

¿El miedo, el temor son útiles? Sin duda alguna, sí. El miedo es un aviso de interior, es una emoción de nuestra psique, lo cual sirve para establecer un parámetro y perímetro en nuestro entorno y claro, con nosotros mismos. El miedo y el temor es un depósito de cosas aprendidas, pero también activos innatos los cuales traemos en nuestro ADN.

“No tengan miedo...”, les espeta Jesús a sus pálidos discípulos los cuales seamos francos, siempre tuvieron un buen de temor y miedo. Uno de ellos, de plano fue un cobarde. No aguantó la presión del momento. Usted sabe la historia de memoria: su discípulo, Pedro, palidecía de temor y miedo cuando fue señalado por... una sirvienta. Negó al maestro 3 veces.

No ante un consejo de guerra, no ante el emperador, no ante la guardia pretoriana, no; lo negó tres veces ante una sirvienta, sí, tres veces antes de que cantara el gallo. Y es que así somos los humanos. Tristes y patéticos humanos, al menos en mi caso. Yo tengo todos los defectos y yerros, todos. Uno de ellos: lo reclamo todo. Me quejo y reclamo. Así de sencillo. ¿Es malo, es bueno? No lo sé. ¿Tengo miedo y temor? Claro que lo he sentido. En muchas etapas de mi azarosa vida. Pero según yo, ese sentimiento no es dominante en los días cotidianos de mi existencia. Eso creo.

¿Al leer minuciosamente la vida de Jesucristo podemos aprender a manejar nuestros miedos y temores al igual que lo hizo el maestro de Cafarnaúm? Sí. Absolutamente sí. Varias de las promesas de la Biblia, usted lo sabe, es que Dios jamás se olvida de nosotros, todo el tiempo Dios está en control y somos la joya de la corona para Dios. Lo somos todo para él. Por algo dijo: “No tengan miedo...”. No temer. Y un buen dato de por medio lo cual reafirma lo anterior: “curiosamente” la frase “No temas” aparece (con ligeras variantes) 365 veces en la Biblia.

ESQUINA-BAJAN

¿Mensaje oculto de los escritores bíblicos? Sin duda, es decir, día con día el mensaje de Dios y Jesucristo es uno: no temer. Es difícil lograrlo, lo sé. Casi imposible, pero si es una promesa de Dios hay que tomarla y hacerla nuestra. Sin duda. Ahora bien, no necesariamente hay un solo tipo de temor o miedo, es decir un “miedo” a algo o alguien real. No. Hay miedos intangibles, por definirlos de alguna manera y a vuela pluma el día hoy. Es decir y rápido una enumeración de ellos: miedo a la soledad, miedo a perder al ser amado, miedo al rechazo, miedo al amor, temor de ser traicionado, temor a la oscuridad, miedo a vivir...

Insisto, si usted revisa y lee minuciosamente la Biblia se encontrará con que el maestro Jesucristo fue traicionado (Judas), fue negado por cobardía (Pedro); en fin, en el momento que más necesitaba de consuelo y apoyo, sus discípulos lo dejaron solo. ¿Tuvo miedo? Sí, pero lo superó todo. ¿Podemos llegarle mínimamente a un gramo de su valentía y arrojo? Debemos de intentarlo, sin duda.

Hay un miedo terrible, temible y tremendo hoy en día. Bueno, siempre ha existido, pero es lo de hoy: miedo a la soledad. Es decir, ya nadie está solo. Por eso todo mundo está atado a las redes sociales, es una soledad digital la cual cobra más víctimas que una enfermedad: el suicidio silencioso y cotidiano. Jesucristo hartas veces buscaba... la soledad. Amaba su soledad y su silencio. Dos parágrafos rápidos, los abordaremos milimétricamente en la próxima entrega sabatina: “Él, por su parte, solía retirarse a lugares solitarios para orar...” (Lucas 5:16). Y “Despedida la multitud, subió al Monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí, solo....” (Mateo 14:23).

LETRAS MINÚSCULAS

¿Ir a la Iglesia o a un templo a orar? Sin duda, pero haga como el maestro, en su recámara y alejado del bullicio del día, suba a su propio Monte a orar...

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