Hablemos de Dios 272: releyendo a Juan José Arreola
Mi vida es caótica. Mi vida no tiene principio, pero sí final. Como todas las vidas sobre la tierra. Y con este “chingadazo” de vida he tenido, no quiero ni me intriga y menos me emociona ser eterno. Seré feliz cuando sea cadáver (espero). Me llama mucho eso de no sentir, no ir al baño, no comer, no escuchar, no hablar... la nada. Espero que Dios cumpla sus promesas. Al menos es lo que él mandó dictar a sus amanuenses. Es aquello de: el muerto nada sabe, nada piensa, nada siente. La plenitud total en la nada, valga la paradoja (Eclesiastés 9.5). En fin.
Gracias por todos sus comentarios y apostillas. Por estos días de Cuaresma y “Semana Santa” y luego Pascua, releo al maestro Juan José Arreola por varios motivos. Y lo tengo que releer porque necesito una cita de sus textos para un trabajo, un escrito que tengo en preparación. No recuerdo en qué libro está. Y pues como mi vida es caótica y no quiero y nunca voy a consultar Internet, pues estoy releyendo todo Arreola. Una obra milimétrica y pulcra: “La feria”, “Confabulario”, “Bestiario”, “Varia Invención” y “Palíndroma”.
Tengo la caja de sus libros que se editó precisamente para celebrar sus 100 años de nacimiento. Y sí, sigue vivo por siempre. Insisto, al momento de escribir esta nota, aún no encuentro la cita la cual necesito, pero ha sido un deslumbramiento estar releyéndolo. Mis libros tienen las huellas, las muescas de lo que me interesaba en su momento. He releído las notas al margen. Pero, ahora me interesan otras cosas. Y como el maestro Arreola es un autor clásico contemporáneo, pues es inagotable. Lo que usted le quiera “preguntar” de eso llamado vida, usted encontrará respuesta.
Autor total, aborda su prosa y poesía aquello que nos hace humanos: la condición del ser humano. Amén claro está, de bucear en la sociedad, en los años perdidos pero no olvidados de un México rural adolorido y siempre entrampado en una dualidad funesta: ricos contra pobres. También aborda esa casta “divina” de sacerdotes, obispos y monaguillos de turbante, cofia y chocolate, pero eso sí, por lo general millonarios y “compadres de Jesucristo”, les endereza en un texto el maestro Arreola.
Al documentar las aventuras y desventuras de “Zapotlán el Grande”, Ciudad Guzmán, Jalisco, hoy en día, Arreola documenta las aventuras y desventuras de todos los pueblos de México en su momento. Y por cierto, de esas aventuras de mi vida, estuve en Zapotlán en un bautizo hacia la década de los años noventa del siglo pasado. A mata caballo y enfiestado, estuve allí tres días. Sí, un pueblo/ciudad como todos los de México. Almidonados y erigidos en base a su Palacio Municipal, su plaza principal y su parroquia como siempre. Una cuadricula española heredada.
El primer libro que he releído ha sido “La feria”. Aquí deambulan personajes de todo tipo: el artesano, el zapatero, las señoritas de “buena sociedad y buenas familias”, el cura metiche, el rico, el pobre, el campesino al cual le arrebatan sus tierras; aparecen maricas, prostitutas... en fin, eso llamado vida, un pueblo donde bulle y hierve la vida. ¿Qué hacer con la obra toda de Juan José Arreola vista a través de los nuevos anteojos del feminismo desbocado, los llamados “neo entes” o mutantes (se dicen a sí mismos personajes o humanos “no binarios”. Ni hombres ni mujeres. Son nada).
ESQUINA-BAJAN
Avanzamos: este tipo de neo entes, ni hombres ni mujeres ni cosas ni mutantes (Ell3s, puf), ¿Los podríamos catalogar en una especie de nueva zoología fantástica, una especie de criptozoología? Y como todo buen humano “normal”, tengo aficiones, gustos, mañas, manías, vicios, querencias, afinidades, caprichos, cosas favoritas, devociones, afiches, búsqueda de cosas particulares... como mi pasión por coleccionar animales fantásticos. Una búsqueda incesante de una zoología imaginaria. Por eso y también, estoy releyendo a Juan José Arreola.
Si, es lo que el poeta Jorge Luis Borges tituló en uno de sus libros más impresionantes que he leído, “Manuel de zoología fantástica”. Colecciono entonces este tipo de libros, de bellos libros los cuales cuestan una fortuna por ser inconseguibles. Y da la casualidad que un surtidor inagotable de seres prodigiosos, animales fantásticos, imaginarios y únicos, se da... en la Biblia. Usted puede leer la Biblia, la palabra de Dios, en clave zoológica. Como lo estamos haciendo. Es deslumbrante.
¿Debemos tomar como simbología y metáfora que una serpiente o un asno hablen? Ojo, no es cualquier cosa, es la voz de Dios que se manifiesta o indica algo. Si no debemos tomarlo literalmente y sólo simbólicamente, ¿entonces también debemos tomarnos simbólicamente al mismo Dios? Es decir, es una alucinación. No existe. ¿O debemos de creer que sí, el asno (Números 22: 21-40) y la serpiente (Génesis 3) hablaron? Cosa no menor.
Hay animales espectaculares en la Biblia los cuales han sido recreados plásticamente por artistas anónimos o de linaje escogido en la historia. Uno de ellos es el unicornio. Al menos esa es la traducción y nombre de dicha bestia que aparece en Job y Números. En la versión de la Biblia Reina Valera de 1909 se lee en Números 23:22: “Dios los ha sacado de Egipto, tiene fuerzas como de unicornio...” en inglés se lee: “God brougth them out of Egypt; he hath as it were the strength of an unicorn...”
LETRAS MINÚSCULAS
Hay una “Virgen del Unicornio” en un manuscrito del siglo XVI. Nos faltan los dragones, el Leviatán, los mismísimos demonios, el gran pez de Jonás donde moró un tiempo...