Hablemos de salario digno (2)

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Opinión
/ 9 diciembre 2022
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En 2001 tuve el privilegio de conocer y conversar, en varias ocasiones, con el empresario don Javier López del Bosque. Óscar Pimentel, entonces presidente municipal de Saltillo, facilitó el encuentro.

Con su aguda inteligencia, don Javier estaba interesado en desmenuzar algunos temas de mis editoriales para el periódico Palabra. Le preocupaba a sobremanera entender desde un punto de vista sociológico los fenómenos de la rotación laboral, de la cultura del trabajador y de la responsabilidad social del empresario con su comunidad. La sencillez del cocapitán del Grupo Industrial Saltillo era notable.

Una pregunta de fondo de don Javier animaba nuestras pláticas de manera reiterada: “¿qué podemos hacer cómo empresarios por nuestros trabajadores?, porque sí se hunden ellos, nos hundimos nosotros y viceversa, porque, al final, todos estamos en el mismo barco”.

Ese tenor visionario de don Javier –compartido hace 21 años– es el fundamento del salario digno y de la responsabilidad social corporativa.

Dos temas sensibles para el empresario inserto de manera individual en la lógica capitalista de la máxima ganancia a toda costa, sin correlato con valores sociales inscritos en el fortalecimiento de la comunidad y la sustentabilidad del medio ambiente. Irónicamente, alejado de su propia supervivencia en el mediano y largo plazo.

¿Es posible un salario digno, más allá del mínimo, para que esos trabajadores (y otros más) puedan dignamente “albergar y alimentar a su familia, pagar atención médica y educación, y ahorrar una pequeña cantidad para protegerse contra una emergencia”? Definitivamente sí.

Para ello es importante entender que el salario mínimo no es suficiente, por tres razones. 1.- No representa un ingreso mayor a la línea de bienestar definida por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social. “El salario mínimo sufre pérdidas desde el momento mismo de la emisión del decreto porque este lo coloca a la zaga del aumento de los precios ya materializado durante los meses anteriores en los productos que consumen los más pobres, la canasta alimentaria”. Por ejemplo, el último aumento al salario mínimo del 20 por ciento, decretado por el Gobierno federal y considerado como “histórico”, no satisfará las necesidades básicas de los asalariados dentro del mercado formal integrado sólo por un 40 por ciento del total de los trabajadores del país. El 60 por ciento restante pertenece al mercado informal y no recibirá tal incremento. 2.- Cualquier incremento del salario mínimo tendrá un efecto neutro en el empleo y marginal sobre el nivel general de precios. 3.- El salario mínimo está orientado por norma o decreto para “mejorar el bienestar del trabajador” pero no toma en cuenta consideraciones macroeconómicas, de inflación, competitividad, inversión o productividad. Por ello, cualquier incremento no podrá “desarrollar el mercado interno, mejorar la distribución del ingreso y disminuir la pobreza”.

Continuará...

Nota: el autor es director general del ICAI. Sus puntos de vista no representan los de la institución.

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Columna: Panóptico

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