Hombres histéricos tienen al mundo en guerra
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Es adecuado decir que los líderes políticos que están en guerra permanente son los reyes del drama
Actualmente alrededor de 60 países están en guerra y existen más de 135 conflictos armados en el mundo, el doble de los registrados hace quince años.
Estos acontecimientos han sido iniciados por una estructura patriarcal, específicamente por los hombres que sostienen este modelo, quienes desde la antigüedad –hace 4 mil 551 años en Mesopotamia, fecha más antigua confirmada– hasta el conflicto bélico más reciente llamado Guerra Mundial –ocurrido en julio de 1914, hace 112 años–, siguen abriendo la línea de guerras y enfrentamientos armados.
Estos conflictos bélicos son causados por presidentes y líderes histéricos, y uso esta palabra con corrección: sí, se puede aplicar a los hombres. Ya es un adjetivo usado para describir a una persona –sin distinción de género– que actúa con gran excitación, nerviosismo, pánico o que pierde el control ante una situación que le contraría o le provoca rabia sin gestionarla adecuadamente. Como ejemplo, en el actual conflicto global que acapara la atención de los medios, tenemos a los dos personajes más visibles; sobre todo uno de ellos manifiesta un comportamiento errático, absurdo, descontrolado y lleno de desregulación emocional, por decir lo menos.
Claro, originalmente este adjetivo se aplicaba a las mujeres, sobre todo en la época victoriana. Es una palabra que proviene del griego hystera y significa útero o matriz. Y errores los cometen todos, incluso Hipócrates, ya que en la Grecia antigua se creía que la irritabilidad, las emociones intensas o los “ataques de nervios” (que ahora ya sabemos, se presentan en hombres y mujeres por igual) eran causados por un útero que se movía o viajaba por el cuerpo femenino. Por suerte, el útero no viaja por el cuerpo presionando órganos, como se creía, ni el remedio a la histeria femenina es un “buen matrimonio”. Para muestra, veamos la forma de intervenir públicamente, por ejemplo, de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, versus la forma de actuación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Como dicen, más claro, ni el agua.
Así, es adecuado decir que los líderes políticos que están en guerra permanente son los reyes del drama. La histeria masculina es una enfermedad nerviosa que, según Mark Micale, profesor de historia de la medicina en la Universidad de Illinois, sufre tanto la ausencia de estudios sobre padecimientos de los hombres histéricos como del análisis del costo y las consecuencias culturales de ignorarlos. Y una de las consecuencias culturales, por supuesto, es la guerra, que implica someter a otros. Pero hay otras que podrían llamarse microguerras e implican la violencia física o simbólica contra los menos fuertes físicamente y también contra las mujeres.
¿Será que estos líderes confunden el ejercicio del poder con convertir sus conductas histéricas en actos de guerra? ¿Este tipo de poder ha habilitado una narrativa de violencia? ¿Es, para ellos, la forma en la que se debe mostrar la fuerza masculina?
La estructura dominante es patriarcal y hegemónica; todas las instituciones en la actualidad lo son. Si se alcanzara una cuota de mujeres de al menos el 30 por ciento en la política exterior mundial, desde los cuerpos diplomáticos hasta el Consejo de Seguridad de la ONU, habría esperanzas de modificar la política de seguridad global.
El documento “El Origen del Comportamiento en la Guerra. Comprender y Prevenir las Violaciones del DIH”, escrito por Daniel Muñoz-Rojas y Jean-Jacques Frésard, del Comité Internacional de la Cruz Roja, nos da otras luces para entender cómo esta histeria, que deviene en guerra, se vuelve un infinito que nadie detiene: “Normalmente, el individuo no es un asesino, el grupo sí. Numerosos estudios han demostrado que, por lo general, los hombres en el combate no están motivados por el odio ni el miedo, sino por la presión del grupo: estima por sus camaradas, defensa de la reputación colectiva y voluntad de contribuir al éxito del grupo”.
Agregan que el combatiente “ya no es una persona totalmente autónoma”, sino que está sometido a las reglas del grupo y al respeto de los jefes, entre otros factores. Y añaden algo preocupante: “Los estudios militares sobre la cohesión que puede existir en el seno de una unidad muestran que las relaciones que vinculan entre sí a los combatientes son, con frecuencia, más fuertes que las que existen en una pareja”.
Es decir, los combatientes ya no juzgan sus acciones; lo que les preocupa es mostrarse dignos de lo que la autoridad (masculina) espera de ellos. Esto es el resultado más horrendo de la histeria masculina en forma mayúscula, queridas y queridos lectores.