INE: El llamado del CCE frente a la destrucción de la 4T
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Me temo, no obstante, que a los de Morena el exhorto empresarial les entrará por un oído y les saldrá no quiero ni pensar por dónde
Extraña cosa son los celos. Un hombre que no ha besado a su mujer en años se enoja con ella cuando la mira otro hombre. Conozco a una esposa que revisa todos los días el saco de su marido para ver si encuentra en él un cabello de mujer. Como no halla ninguno, piensa: “Ha de andar con una vieja pelona”. En la habitación número 210 del Motel Kamawa le dijo Inepcio a Galantina: “Sospecho que en tu vida hay otro hombre”. Respondió ella: “Si lo hubiera, ¿estaría perdiendo el tiempo aquí contigo?”... A don Augurio Malsinado lo persigue la mala suerte. Una vez entró en un pajar, y lo picó una aguja. Ayer, al salir de su casa, pisó una caca de perro. Supo entonces que ése no iba a ser su día. No lo fue, en efecto. Acudió a una casa de mala nota, y todas las sexoservidoras le dijeron que esa noche les dolía la cabeza... Aplaudo, y con ambas manos, para mayor efecto, al Consejo Coordinador Empresarial por la demanda pública que hizo a la ridículamente llamada 4T para que el nombramiento de quien presidirá el INE se haga en forma confiable y transparente. Eso muestra que a los empresarios les preocupa el bien de nuestro país. Su actuación es de buenos ciudadanos, vigilantes y participativos. Me hacen recordar a aquella USEM, Unión Social de Empresarios Mexicanos, que igualmente miraba los asuntos nacionales, en vez de atender sólo el interés empresarial. No soy pesimista, por más que haya quienes dicen que un pesimista es un optimista bien informado. Me temo, no obstante, que a los de Morena ese llamado del CCE les entrará por un oído y les saldrá no quiero ni pensar por dónde. Los integrantes de la actual mafia del poder y sus aláteres y servidores no se ocupan del bien común. Ven sólo al interés de su partido y a sus particulares intereses. La verdad es que el INE ya fue destruido por esta runfla de mafiosos que, encabezados por AMLO, arrasaron sistemáticamente las instituciones nacionales y crearon un régimen autocrático, sin frenos ni contrapesos, presidido por un demagogo populista ambicioso de poder. El organismo electoral ha perdido toda credibilidad. De ser institución de ciudadanos, pasó a ser, como en la época del nefasto Bartlett, un burdo instrumento al servicio del Estado. Esperar un rasgo de bien de quienes se adueñaron del país es pedirle peras al olmo. Aun así, reconozco la positiva actitud de los representantes del empresariado, por más que su buena intención vaya a perderse en la insolente prepotencia de la 4T... Sonorosas palabras estas últimas, escribidor. Se dirían fruto de un impulso pugnaz y belicoso. Sosiega tu ánimo, conturbado por la penosa situación de México, y no permitas que la bilis, la atrabilis y otros humores semejantes estorben tu noble tarea de orientar a la República. Narra un cuentecillo final y luego di como los merolicos de antes cuando veían que un gendarme se acercaba: “Y ahora, damas y caballeros, con el permiso de ustedes paso a retirarme”... Don Rugantino, señor de muchos años y espiritifláutico, casó con Galantina, mujer en flor de edad y con magnífico avituallamiento corporal. La noche de las bodas se necesitaron dos hombres para subir al provecto caballero al tálamo nupcial, y al día siguiente fueron necesarios seis para sacarlo de él... Cheferina, la cocinera, era guapetona. Una tarde, la joven señora de la casa le dijo a su marido: “A Cheferina se le quemó la comida. ¿Qué te parecería en su lugar un rato de amor?”. “Está bien –concedió el esposo–. Que venga Cheferina”... FIN.