Intelectuales sin compromiso social en México (y la juventud se entrega a defender el agua)
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“–Tú no sabes lo que se extraña la tierra cuando está uno lejos. Hasta en el mismo París hacía yo que me mandaran café, chocolate, bolsas de posol agrio. No, no cambiaría nunca Chactajal por ninguno de los Parises de Francia. César no era de los hombres que se desarraigan. Desde donde hubiera ido, siempre encontraría el camino de regreso (...) Pero, naturalmente, prefería vivir donde los demás compartían su opinión”.
“Balún Canan”. Fragmento. Rosario Castellanos.
Los jóvenes se encuentran sosteniendo la dignidad; esa dignidad que, se inferiría, constituye al ser humano en general. A través de movimientos en distintas ciudades del orbe, se ha registrado una oleada de irreverencia que lo mismo defiende el derecho al agua limpia y suficiente (como en el caso de Guadalajara, México), exige acceso a la educación pública gratuita, la cual ha sufrido falta de financiamiento y colapso (Francia y Bélgica), se opone a recortes al presupuesto educativo (Chile y Brasil) o demanda más inversión en educación y una reducción del gasto militar (Italia). Y la lista sigue.
Aquí en México llama la atención que nuestra generación, y las anteriores, se encuentra preocupada por no perder privilegios; hay pálidas o nulas críticas al entorno social y biocultural que antiguamente derivaba en, por ejemplo, novelas inenarrables, como “Los Miserables” de Víctor Hugo, “Balún Canán” de Rosario Castellanos o “Pedro Páramo” de Juan Rulfo.
Incluso las dinámicas de las reuniones sociales han cambiado. Hoy se hace más mofa de errores literarios al momento de escribir, que obedecen más a gustos personales, o de estulticias, como hablar sobre quién se ajusta a normas de convivencia, en lugar de ser capaces de introducir a la conversación a este modelo neoliberal que tiene tanto a intelectuales y creadores, como al resto, en la cuerda más que floja, una que, por un lado, los sistemas represores están prestos a cortar con grandes tijeras.
¿Será que el arte ahora abordará sólo tridimensionalidades lisas y brillantes como la obra de Jeff Koons? ¿Será que se tiene miedo a perder becas o contactos con instituciones culturales que garanticen el flujo económico que permita llevarse alimentos a la boca y, sobre todo, la vanidad de ser incluido en agendas donde aparezcan las mejores fotografías con el ángulo cuidado que prefiere cada creador o creadora?
Por eso el tema de la escasez y contaminación del agua en Guadalajara viene hoy a este espacio. Los jóvenes tapatíos –conversé con varios en su hermosa ciudad, joya arquitectónica y centro cultural infaltable– coincidieron en cómo el aparato estatal estuvo preparado desde antes para reprimir la marcha, y cómo los infiltrados de siempre fueron contabilizados, con todo propósito, como manifestantes.
Y encima, gente de mi generación (qué vergüenza) habló de lo poco respetuosos que fueron al participar tanto en el ITESO como en las dos movilizaciones masivas: una de más de ocho mil personas el domingo 11 de octubre y otra ayer, 18 de octubre. En esta última, el Estado presentó, en lugar de policías, infiltrados que llegaron en camiones y comenzaron a destrozar espacios, con la intención de provocar una confrontación. Por fortuna, este choque no llegó gracias a que los jóvenes decidieron no avanzar para hacer evidente este montaje.
La pregunta es: ¿cuánta violencia está dispuesto a ejercer el Estado mexicano, en cada una de sus entidades, contra los jóvenes? ¿A qué precio esos compañeros de salón de clases, que son los partidos políticos, están dispuestos a mantener su poder? Por supuesto que la violencia ni les inmuta y menos las desapariciones, que son altísimas en Guadalajara y en el resto del país. Resulta repelente que exijan que las manifestaciones sean respetuosas cuando la mayor violencia es privar a la población de derechos humanos fundamentales como el agua. Y es absurdo que la agresión incluyera incluso el uso del agua limpia (¡qué falta!) para reprimirlos, junto a gases lacrimógenos, golpizas, encarcelamientos injustificados y violencia verbal.
Es día en que algunos sectores en Guadalajara siguen sin suministro; asimismo, la limpieza de los caudales continúa, gracias a tareas retomadas como derivaciones de las exigencias en estas marchas tapatías. Y esto es una muestra de lo que está ocurriendo en otras entidades, donde el tandeo nos enfila a considerar otras formas de relación con el agua, tanto para usar la tratada, como para que, a través de políticas públicas, se obligue a empresas, fábricas y personas a erradicar el hábito de su uso irracional.
El vocablo “agua” proviene del latín aqua, y este a su vez derivó en aigua (catalán), eau (francés) y acqua (italiano).