Egresar para defender: la nueva generación de la Academia IDH
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A esta nueva generación no le entregamos solamente un grado o un diploma, sino también un encargo: defender lo que aprendieron, para que otras y otros también puedan aprenderlo
En más de una década, la Academia Interamericana de Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Coahuila ha formado en sus aulas a cientos de alumnas y alumnos de México y de diversos países. Con más de diez programas de posgrado, este Centro de Investigación se ha posicionado como el principal impulsor de especialistas en derechos humanos en nuestra región.
Durante esos años, nuestro mundo ha cambiado profundamente. La población de todo el orbe atravesó una pandemia que paralizó las actividades y exhibió, con crudeza, las desigualdades de acceso a la salud, al trabajo y a la educación. La guerra volvió a Europa, y se multiplicaron los conflictos armados en otras regiones, mientras que el desplazamiento forzado alcanzó cifras sin precedentes.
De igual manera, la crisis climática dejó de ser una advertencia para convertirse en experiencia cotidiana, con años que rompen, sucesivamente, récords de temperatura.
Al mismo tiempo, las autocracias se fortalecieron, y no siempre mediante golpes de Estado: muchas veces las democracias se erosionaron desde dentro, por gobiernos electos que debilitaron contrapesos, prensa y tribunales. En ese mismo escenario, el multilateralismo, que durante décadas sostuvo el sistema internacional de derechos humanos, enfrenta hoy debilitamiento, recortes presupuestales y desconfianza.
A esto se suma una transformación tecnológica a una velocidad inédita. Las redes sociales reconfiguraron la conversación pública. La desinformación y la polarización se volvieron problemas estructurales de las democracias, y la inteligencia artificial generativa irrumpió en la vida diaria planteando preguntas que el derecho apenas comienza a responder.
Los impulsores de las autocracias, los negacionistas del cambio climático y los promotores de las oligarquías tecnológicas suelen ver con recelo a las humanidades y al pensamiento crítico. Ese es el mundo, ambivalente y exigente, al que salen los egresados de los programas de posgrado de la Academia IDH y es en ese mundo donde la educación en los derechos humanos importa hoy más que nunca.
Por eso es fundamental enseñar a las nuevas generaciones de alumnas y alumnos a convertirse en promotoras y promotores de los derechos humanos, a reconocerse como ciudadanas y ciudadanos cosmopolitas, con lazos que los unen a personas más allá de las fronteras nacionales y con quienes comparten preocupaciones, riesgos, pero también derechos, anhelos y el deseo de vivir en un mejor mundo.
Educar en el pensamiento crítico permite que el alumnado de todo el sistema educativo del país y, en específico, de los programas de educación superior y de posgrado, cuente con las herramientas necesarias para responder como ciudadanas y ciudadanos responsables frente a una retórica simplista, que convierte a quienes piensan distinto en enemigos u opositores.
Si la educación se reduce a la rentabilidad o busca adoctrinar a personas, en el fondo podrían crearse sociedades con algunos conocimientos técnicos, pero dóciles frente al discurso simplista, que no cuestionen ni critiquen el poder y dejen de impulsar, desde las humanidades, propuestas y respuestas a los problemas que enfrentan las sociedades actuales.
La filósofa Martha Nussbaum lo advirtió hace años en un discurso de graduación de los estudiantes del Connecticut College: lo que está en juego cuando la educación renuncia al pensamiento crítico no es sólo la calidad de las universidades, sino la salud misma de la democracia. Por eso, la culminación de una nueva generación de posgrado no es un simple trámite académico, sino una buena noticia pública.
El próximo 22 de octubre egresarán de la Academia IDH las y los alumnos del Doctorado en Derechos Humanos con Perspectiva Internacional y Comparada, quienes han aprendido a dialogar con otros sistemas jurídicos y a mirar el propio con ojos críticos; de la Especialidad en Derecho Administrativo, que llevarán las garantías fundamentales al lugar donde el Estado toca la vida cotidiana de las personas; así como de la Especialidad en Género y Derechos Humanos, quienes trabajarán para que la igualdad sustantiva deje de ser una aspiración y se convierta en una práctica individual, social e institucional.
Egresar significa, literalmente, salir. Pero hay salidas que son, en realidad, entradas: a los tribunales, a las oficinas públicas, a las aulas y a las organizaciones que impulsan litigios estratégicos en defensa de los derechos. A esta nueva generación no le entregamos solamente un grado o un diploma, sino también un encargo: defender lo que aprendieron, para que otras y otros también puedan aprenderlo.
Porque los derechos no se conquistan de una vez y para siempre; se defienden todos los días.
El autor es director del Centro de Educación para los Derechos Humanos de la Academia Interamericana de Derechos Humanos
Este texto es parte del proyecto de Derechos Humanos de VANGUARDIA y la Academia IDH