José Revueltas: La izquierda
COMPARTIR
Estamos conmemorando los 50 años de la muerte de José Revueltas, del que nadie podría dudar que fue izquierdista desde la adolescencia hasta la muerte
¿Qué es la izquierda?, ¿y la derecha? Son términos que se utilizan a cada instante. Dije términos, es decir, palabras. Cuando se mencionan como conceptos, cambia la cosa. Ya no sólo se habla de derecha, sino de ultraderecha. Por ejemplo, Viktor Orbán, el ratero dictador de Hungría, de ultraderecha, perdió las elecciones frente a Péter Magyar, nada más de derecha democrática.
Las circunstancias de cada persona y cada hecho pudieran situar en izquierda o derecha los escenarios y sus sujetos. Nadie dudaría que Donald Trump es no sólo de derecha, sino también nazi, loco, asesino y violador; a él la definición “derecha” ni se requiere aplicarla. Por su parte y nada más por los últimos acontecimientos, podríamos situar al papa León XIV en la izquierda, pues condenó la guerra contra Irán desde el Vaticano y luego soltó dos discursos ejemplares en África negra contra la guerra y contra Trump. No digo que sea de izquierda, pero la izquierda se caracteriza, o debería hacerlo, por la lucha contra la injusticia: lo que hizo el Papa.
Estamos conmemorando los 50 años de la muerte de José Revueltas, del que nadie podría dudar que fue izquierdista desde la adolescencia hasta la muerte. Sin embargo, su vida fue un peregrinar, de un grupo a otro, al interior de ese ambiente. Perteneció al Partido Comunista Mexicano (PCM) desde su adolescencia, pero hay que recordar que fue expulsado del mismo al menos dos veces. Con comunistas críticos del partido creó la Liga Espartaco, de la que también fue expulsado. ¿No será una enorme contradicción su izquierdismo y el rechazo de los izquierdistas? Además, conoció la cárcel desde jovencito y lo condenaron varias veces a las Islas Marías y a Lecumberri.
Su problema era que afirmaba no únicamente con palabras (rollo) lo que era el comunismo, sino que exigía de quienes se declaraban tales que sus actos coincidieran con su definición. Evidentemente, muy pocos eran coherentes: entre decir y hacer hay un abismo.
Sucedió que la Unión Soviética festejaba el aniversario de la gran Revolución de Octubre cuando estaba José Stalin en el poder. La URSS promovió que comunistas y socialistas del mundo entero se congregaran en el Kremlin para festejarlo. Miles de comunistas, socialistas y maoístas del mundo entero debieron asistir. Aunque en el PCM no querían a Revueltas, no tuvieron otra persona a quien enviar: fueron él y dos comunistas. El enorme paraninfo estaba repleto. De pronto, aparece Stalin y brota un alarido imponente: todos levantaron el brazo izquierdo gritando “¡Viva José Stalin!” tres veces. Revueltas gritó “¡Chingue a su madre Stalin!” las tres veces (claro que su voz se perdió en aquella marabunta). Esto se lo platicó Revueltas a Carlos Monsiváis, y lo cito. ¿Por qué lo hizo? Primero, porque creía que la URSS había traicionado al comunismo; segundo, porque se conocían las purgas estalinistas contra los intelectuales rusos y, tercero, porque Revueltas admiraba a León Trotsky, a quien Stalin mandó asesinar.
Cuando tuvo lugar la huelga de Nueva Rosita, José Revueltas vino a Saltillo a esperar a la que denominaron Caravana del Hambre, una marcha desde Rosita hasta México a pie. Conversó con los primeros llegados que se habían puesto a dormir en un arroyo de Saltillo. Óscar Pimentel publicó el estupendo texto de Revueltas “Marcha del hambre sobre el desierto y la nieve”. Anexo un dato: cuando llegaron, una gran parte se sentó junto a una acequia para refrescar sus cansados pies. Demasiadas mujeres saltillenses, sin ponerse de acuerdo, prepararon gordas de harina con frijoles, huevo, chorizo o picadillo y las entregaban llorando a los marchistas (lo supe por mi mamá y mi tía Lupe), entre quienes había mujeres y niños en buena cantidad. Por elemental justicia, diré que en Saltillo fueron muy bien tratados, incluso por el gobierno. No estoy seguro (como dijo el que dijo: los historiadores nos equivocamos), pero creo que el secretario general de Gobierno era el licenciado Neftalí Dávila, quien trató bien a los marchistas.
Me quedé corto, como siempre. Espero que en un futuro pueda exponer la interesante teoría de Robert Hertz sobre el simbolismo de la mano izquierda, ya publicada en español. En este momento sólo tengo a mano la obra “The Dark Side of Humanity: The Work of Robert Hertz”. Lo dejamos para otro domingo. Hoy le correspondía al grandísimo José Revueltas. Y no hablé de sus libros porque todos los han oído nombrar, aunque no los hayan leído.