¿La adaptación puede acelerar la acción climática?

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Opinión
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Los políticos son conocidos por no actuar hasta que una crisis los obliga a hacerlo

Por Simon Zadek y Natalie Samarasinghe, Project Syndicate.

GINEBRA/LONDRES- Es posible que este año pase a la historia como el año en el que ya no se pudo seguir ignorando el cambio climático. Las economías ricas hoy están sufriendo los efectos devastadores del calentamiento global que llevan mucho tiempo azotando a otros países. Los incendios forestales, las sequías, las olas de calor y las inundaciones acaparan las noticias, lo que obliga a un compromiso político, a respuestas normativas serias y a decisiones empresariales.

Incluso los escépticos del cambio climático se han dado cuenta del peligro. En un verano de titulares apocalípticos, como el calor récord que cocía papas bajo tierra en Corea del Sur, resultó llamativo que el partido francés de extrema derecha Agrupación Nacional citara una investigación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, su némesis desde hace tiempo, en su propuesta para ampliar el uso del aire acondicionado. Del mismo modo, la versión austriaca de Fox News buscó dar voz a un científico climático tras años de restarle importancia al cambio climático provocado por el ser humano.

Parece que ya no hace falta reconocer el cambio climático para prepararse para sus efectos.

Los políticos son conocidos por no actuar hasta que una crisis los obliga a hacerlo. En mayo, el asesor climático independiente del Reino Unido publicó su informe oficial y alarmante sobre la adaptación, que fue acogido con la debida seriedad. Pero recién cuando estalló un verano abrasador el gobierno puso manos a la obra. A fines de junio, el Reino Unido lanzó un grupo de trabajo sobre seguridad climática y, a mediados de agosto, el primer ministro británico, Andy Burnham, convocó un comité de emergencia de alto nivel para debatir la respuesta del país ante el calor extremo, los incendios forestales y la sequía.

La opinión pública también parece haber cruzado un umbral. Una nueva encuesta encargada por nuestras organizaciones, Morphosis y Vibe Fund, junto con CORE, se realizó entre 18 mil personas de 18 países, lo que la convierte en una de las encuestas ciudadanas más amplias sobre la adaptación realizadas hasta la fecha. La encuesta reveló que personas de todo el espectro político están profundamente preocupadas por los efectos del cambio climático. La agenda para alcanzar las emisiones netas cero puede seguir dividiendo a las sociedades, pero esas diferencias se desvanecen cuando se trata de la necesidad urgente de adaptación.

Asimismo, los encuestados creen que el cambio climático afectará sus puestos de trabajo y el costo de vida, tanto ahora como a largo plazo. Para muchas personas, lo más importante es la economía de la adaptación, más que la necesidad de una planificación de emergencia, lo que convierte la preocupación general por el cambio climático en demandas políticamente relevantes.

En cuanto a lo que hay que hacer, los encuestados consideran que los gobiernos son responsables de impulsar la adaptación -y que no lo están haciendo-. En su opinión, los responsables de las políticas desempeñan un papel crucial a la hora de garantizar la seguridad de las personas, proteger a los más vulnerables, proporcionar infraestructura esencial y asegurar que los alimentos, el agua y la energía sean accesibles y asequibles. Por otra parte, se espera que las empresas ofrezcan soluciones de adaptación económicas, especialmente cuando implican el desarrollo y la implementación de nuevas tecnologías.

Por último, la encuesta revela que la gente considera que la adaptación complementa, y no sustituye, la reducción de emisiones. Esto cuestiona el discurso político emergente según el cual deberíamos centrarnos exclusivamente en hacer frente a los efectos del cambio climático, en lugar de intentar abordar sus causas. También sugiere que los defensores de la acción climática no deberían evitar hablar de adaptación por temor a que ello pueda retrasar o impedir las medidas de mitigación. De hecho, la mayoría de los encuestados cree que una ampliación de los esfuerzos de adaptación probablemente daría lugar a medidas más ambiciosas para reducir las emisiones.

Las sociedades suelen descartar las convenciones y normas aceptadas luego de una crisis. Tras la crisis financiera de 2008, los bancos centrales abandonaron la ortodoxia y comenzaron a imprimir dinero a un ritmo sin precedentes para evitar el contagio y el colapso de la economía global. Tras la llegada del COVID-19, muchos gobiernos del G20 subsidiaron los ingresos de los hogares y las empresas hasta un nivel que en otro tiempo se habría considerado imposible. Y en los años posteriores a la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, la Unión Europea redujo su dependencia de las importaciones de gas ruso del 45% al 19%.

En los tres casos, las vulnerabilidades de evolución lenta que los responsables de las políticas ignoraban deliberadamente de proto se convirtieron en pérdidas que no podían aplazarse. Décadas de resistencia se derrumbaron, y lo inviable se volvió viable.

La necesidad urgente de adaptarnos al cambio climático podría ser, por lo tanto, el tipo de crisis que nos obligue a dejar de descuidar la agenda verde y a actuar a la escala necesaria. Esto nos permitiría evitar las consecuencias trágicas de los fenómenos meteorológicos extremos y desarrollar una respuesta económica sólida para gestionar los efectos de gran alcance del calentamiento global sobre los hogares y las comunidades. Las medidas políticas deben centrarse no solo en mitigar los riesgos físicos inmediatos, sino también en idear soluciones de adaptación que refuercen las economías durante las próximas décadas.

La necesidad imperiosa de adaptación representa la nueva frontera para los hogares, las empresas y los países. Los políticos deben liderar esta iniciativa, lo que significa ir más allá de las medidas de emergencia para entablar un debate público que incluya a personas de todo el espectro político y a responsables de políticas de todo el mundo. El Reino Unido podría convertir esto en una prioridad durante su presidencia del G20 el año próximo. Con un ciclo de El Niño en marcha, el pronóstico para 2027 es sombrío, lo que nos deja meses, y no años, para prepararnos. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Simon Zadek es cofundador y socio gerente de Morphosis. Natalie Samarasinghe es cofundadora de 1 for 8 Billion y directora ejecutiva de Vibe Fund.

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