La economía de tokens exige una gobernanza colectiva de los datos
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Requiere una respuesta institucional comparable para regular los bienes comunes digitales
Por Yaniv Benhamou, Project Syndicate, 2026.
GINEBRA- Durante más de 20 años, las plataformas digitales han monetizado nuestra atención y nuestras interacciones sociales. Pero los modelos actuales de IA extraen valor de otra fuente: nuestro conocimiento colectivo. Cada artículo, fotografía, código, video y comentario en línea puede convertirse en datos de entrenamiento -billones de los denominados “tokens”- y, en última instancia, en valor.
A esta nueva fase del capitalismo digital la denomino “economía de tokens”. La economía de la atención extraía valor captando la atención; la economía de tokens extrae valor transformando el conocimiento y la creatividad humanos en datos para entrenar modelos de IA.
Dado que la economía de tokens se basa en contenidos producidos por millones de usuarios de Internet, las normas que rigen los datos de entrenamiento de la IA no pueden dejarse en manos de un puñado de empresas tecnológicas. Si el conocimiento humano colectivo se ha convertido en una de las fuentes indispensables de valor para la IA, debería regirse como un bien común digital. Se necesitan nuevas instituciones para negociar el acceso colectivo a ese recurso y garantizar que el valor que genera se distribuya de forma más justa.
Si bien, en teoría, algunas personas podrían ejercer sus derechos de licencia o dar su consentimiento para el entrenamiento de la IA, ningún usuario tiene el poder de negociar directamente con OpenAI, Anthropic, Google o Meta. Son sencillamente demasiado débiles para enfrentarse a empresas tecnológicas con un enorme poder de mercado, del mismo modo que un trabajador por sí solo no puede negociar en igualdad de condiciones con un empleador de envergadura.
Las organizaciones de gestión colectiva surgieron hace más de un siglo para cubrir esta necesidad. Han negociado licencias en nombre de millones de autores y artistas, han recaudado derechos de autor y han redistribuido los ingresos según normas transparentes. Debido a su omnipresencia en las industrias creativas, la idea de que un músico reconocido negocie un acuerdo por separado con cada emisora de radio y plataforma de streaming que reproduzca sus canciones resulta absurda.
La economía de tokens requiere una respuesta institucional comparable para regular los bienes comunes digitales. Un enfoque consiste en crear cooperativas de datos que representen a los usuarios de Internet, a los creadores y a otros titulares de derechos. Estas cooperativas podrían negociar el acceso al contenido que alimenta a los grandes modelos de lenguaje, determinar cómo se compartirá el valor resultante y garantizar que las empresas tecnológicas respeten las decisiones de sus miembros.
Ahora bien, su papel podría ir más allá de la compensación. La cuestión central ya no es solo quién cobra, sino también quién tiene la última palabra. A través de estas cooperativas, los miembros podrían determinar colectivamente las condiciones bajo las cuales los desarrolladores de IA pueden acceder a sus datos, contribuyendo a definir los valores inherentes a estos sistemas y garantizando que sirvan al interés público. En lugar de ser fuentes pasivas de datos, los ciudadanos se convertirían en partes interesadas en la gobernanza de la IA.
No se trata de una propuesta puramente teórica. Ya existen mercados de datos de entrenamiento; el punto principal es quién los supervisa. Reddit ha firmado acuerdos de licencia de datos con Google y OpenAI, lo que demuestra el valor del contenido generado por los usuarios. Periódicos como Financial Times, Le Monde y Washington Post también están monetizando sus archivos para el entrenamiento de la IA. En toda Europa, iniciativas de cooperativas de datos como MIDATA en Suiza y SalusCoop en España demuestran que la gobernanza colectiva de los datos ya se está convirtiendo en una realidad práctica, aunque estos modelos apenas estén empezando a aplicarse a los datos de entrenamiento de la IA.
Sin duda, los críticos objetarán que la complejidad de un sistema de este tipo dificultaría su administración. Sin embargo, ese argumento resulta menos convincente en la economía de tokens actual que en la economía de la atención, por dos razones. En primer lugar, las herramientas digitales permiten cada vez más identificar conjuntos de datos, rastrear su uso y automatizar la remuneración con costos de transacción significativamente más bajos. En segundo lugar, muchas de las industrias cuya producción sirve para entrenar modelos de IA -en particular, la editorial, la musical y la del software- ya cuentan con instituciones capaces de negociar en nombre de los creadores.
Por otra parte, la complejidad nunca ha sido un obstáculo para la gestión colectiva de derechos. Las entidades de gestión de derechos de autor llevan mucho tiempo distribuyendo regalías según métodos estadísticos acordados, en lugar de intentar calcular la participación exacta de cada colaborador. La gobernanza de datos debería seguir principios similares. En la industria musical, los identificadores estandarizados ya permiten realizar un seguimiento global de las obras y distribuir los ingresos de forma automática. Mecanismos similares podrían convertir gradualmente la gobernanza colectiva de datos en una solución realista y escalable.
El statu quo, por el contrario, resulta cada vez más difícil de justificar. Millones de personas generan continuamente la materia prima de la que se alimenta la IA, pero casi ninguna participa de la riqueza que esta genera, mientras que un puñado de empresas acapara la mayor parte de los beneficios económicos.
Internet se construyó gracias a la participación colectiva. La economía de tokens debería regirse de la misma manera. El próximo desafío no consiste simplemente en crear herramientas de IA más potentes, sino en garantizar que quienes poseen el conocimiento necesario para hacerlas posibles también participen en la gobernanza de las instituciones que organizan su uso. La economía de la atención ha dado lugar a un puñado de gigantes tecnológicos. La economía de tokens ahora debe crear instituciones que distribuyan tanto el valor económico como el poder de decisión de forma más amplia. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Yaniv Benhamou, Professor of Digital, Copyright, and Information Law at the University of Geneva’s Faculty of Law, is the author of Creative Value Chains: Copyright and Beyond for a Better Value Distribution (Bristol University Press, 2026).