La falacia del déficit comercial: México se equivoca al adoptar la narrativa de Washington antes de negociar

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Opinión
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En la actualidad el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha convertido la insuficiencia en una bandera política

Cada vez que se publican las cifras del comercio bilateral, una parte de la clase política mexicana celebra si el déficit con Estados Unidos se reduce, como si fuera un boletín de buena salud económica.

Es momento de decir con claridad: un déficit comercial no mide, por sí mismo, la fortaleza ni la debilidad de una economía.

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Un país puede tener déficit y crecer sanamente —invirtiendo, importando bienes de capital, atrayendo capital extranjero— tanto como puede tener superávit y estar estancado.

La contabilidad de exportaciones menos importaciones no captura productividad, empleo, inversión ni bienestar. Es, en el mejor de los casos, un dato parcial; en el peor, un arma retórica.

Y ahí está el problema. Donald Trump ha convertido el déficit en una bandera política, un termómetro simplista de “quién gana y quién pierde” en el comercio internacional.

Que funcionarios mexicanos, incluso de manera implícita, celebren públicamente una reducción del déficit como un logro de política económica - aparte de intelectualmente vergonzoso y reflejar una postura sumisa - es entrar al terreno discursivo que Washington ha diseñado.

Es aceptar sus reglas del juego y ceder terreno negociador antes de sentarse a la mesa.

Las cifras más recientes, publicadas apenas el 3 de septiembre por la Oficina de Análisis Económico (BEA) de Estados Unidos, no ayudan a esa narrativa optimista.

En julio de 2026, el déficit de bienes de Estados Unidos con México se ubicó en 26,300 millones de dólares (mdd) en un solo mes, hasta 27,500 millones: el mayor desequilibrio bilateral de Washington con cualquier socio comercial, por encima de Vietnam (24,830 mdd), Taiwán (20,666 mdd) y China (17,361mdd).

Las exportaciones estadounidenses a México aumentaron ligeramente a 34,240 mdd, mientras que las importaciones desde México se dispararon en 5,295 mdd desde junio, a 60,550 mdd en julio.

Ese repunte mensual se suma a un 2025 que ya había cerrado como récord histórico: 196,913 mdd de déficit anual, 16.9% más que en 2024, según la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos.

Ese dato es precisamente el que la administración estadounidense usará como ariete en la revisión del T-MEC.

El Representante Comercial Jamieson Greer confirmó el 1 de julio que el acuerdo no se renovará automáticamente “en su forma actual” y que Washington buscará un mecanismo de revisión anual, argumentando desequilibrios persistentes.

Si México llega a la mesa discutiendo únicamente el tamaño del déficit, entra a una negociación que no puede ganar en esos términos, ya que más allá de haber comprado y asumido como cierta la falacia del déficit comercial, cualquier cifra parecerá insuficiente para Washington en un contexto de creciente déficit comercial con México.

El cambio de discurso es urgente. México debe desplazar el eje de la conversación del déficit hacia la integración productiva: cadenas de valor compartidas, nearshoring, energía, seguridad fronteriza y cooperación en migración y crimen organizado.

La pregunta relevante no es cuánto exporta cada país al otro, sino qué tan integrado y competitivo es el bloque norteamericano frente a China y Asia. Un T-MEC pensado como plataforma geoeconómica y de seguridad regional, no como marcador de un partido de suma cero, es la única negociación que México puede ganar.

Guillermo Garza De La Fuente Economista y Catedrático de la Universidad La Salle Saltillo

X: @guillermo_garza

Economista con habilidades en redacción de artículos de opinión y discursos, así como en el análisis e interpretación de indicadores económicos y estadísticos.

Experiencia en materia de Transparencia y Acceso a la Información.

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