51 años de VANGUARDIA: Resistir y persistir
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Un compromiso claro: mantener nuestras páginas al servicio de los mejores intereses de la sociedad a la cual nos debemos
La relación del periodismo y los medios de comunicación con los grupos de poder -los legítimos y los ilegales- ha sido siempre problemática, ríspida, áspera. La razón de esta realidad es muy simple: el ejercicio del periodismo implica, sobre todo, observar con mirada crítica la vida pública e incomodar a quienes tienen poder.
Tener claro lo anterior implica, sobre todo, asumir los riesgos inherentes a este oficio. Y los principales riesgos son los que provienen de las reacciones desproporcionadas de quienes, desde el poder público o desde la delincuencia, deciden usar la fuerza para imponerle a la sociedad, y con ella a los medios de comunicación, sus agendas particulares.
Las peores traducciones de esta realidad surgen cuando las fronteras entre ambos mundos -el del poder legítimo y el de la actividad delictiva- se difuminan; cuando los servidores públicos olvidan sus responsabilidades y deciden poner a las instituciones públicas al servicio de intereses oscuros, de apetitos inconfesables, de agendas contrarias al interés colectivo.
Cuando ello ocurre, surgen las amenazas más violentas y peligrosas para las sociedades que aspiran a vivir en democracia. Y esto es así porque, cuando el poder público cede frente a los intereses delictivos, el Estado de Derecho se deteriora, y con él las reglas que deben garantizar a todos la posibilidad de que las diferencias entre individuos, y entre estos y el Estado, se diriman con arreglo a los principios de la justicia.
Advertir la existencia de focos de deterioro institucional y señalarlos sin ambigüedades constituye una de las tareas fundamentales de los medios de comunicación.
En VANGUARDIA lo hemos tenido claro desde hace 51 años, cuando circuló nuestro primer ejemplar y establecimos un compromiso fundamental con la comunidad de Saltillo y de Coahuila: mantener nuestras páginas al servicio de los mejores intereses de la sociedad a la cual nos debemos.
Asumimos, desde el primer día, que mantenernos firmes en el cumplimiento de este compromiso nos colocaría, de cuándo en cuándo, en la mira de los grupos de poder y que ello implicaría ubicarnos en situación de riego. Nunca ha sido, desde nuestra trinchera, una situación buscada o deseada; pero tampoco ha sido una sorpresa cuando ha ocurrido.
A lo largo de este medio siglo nuestra templanza ha sido puesta a prueba en más de una ocasión. Desde el poder y desde la delincuencia se han perpetrado ataques en contra de nuestra línea editorial, de nuestras instalaciones y de integrantes de nuestro equipo. Durante el último año incluso debimos enfrentar el arresto ilegal y el intento de enjuiciamiento de nuestro director General, Armando Castilla Galindo, a partir de la fabricación artera de una carpeta judicial en el Estado de Nuevo León.
Cada episodio ha puesto a prueba nuestras convicciones y entereza, desde luego. Pero por muy desagradables que hayan sido estas experiencias y por muy arduo que haya resultado superarlas, solamente han reforzado nuestras convicciones y certezas conduciéndonos, en cada ocasión, a la reiteración del compromiso con el cual nacimos a la vida pública.
Hoy, al celebrar el aniversario numero 51 de nuestra vida editorial, el balance de este trayecto está marcado, sobre todo, por dos elementos: nuestra gratitud por el respaldo y el acompañamiento que hemos tenido siempre de nuestros lectores y anunciantes y la certeza de que, frente a las adversidades del camino, estamos determinados a prevalecer.