La inteligencia colectiva en Semana Santa
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El padre Juan Sánchez Hernández lleva su pasión y creatividad a las viceparroquias y parroquias en donde lo designan sus superiores
Casi ningún habitante de México de mi generación pudo sustraerse de la influencia de la religión católica. Incluso los descendientes de agnósticos o de líneas familiares judías, evangélicos o protestantes en general y los nacientes núcleos de cristianos convergían con la cultura intangible que siguen representando las ceremonias católicas. Indudablemente, la fe que catapultaron franciscanos en el noreste y jesuitas en el noroeste de lo que fue la Nueva España sigue viva en la denominada Semana Santa. Ahora, con ojos ecuménicos, veo la profundidad del legado de la Iglesia Católica en comunidades y ciudades de México.
Nuevo Laredo, Tamaulipas, se ubica en la llanura costera del Golfo de México y padece desde hace décadas un calor superior a los 40 grados centígrados durante muchos meses del año, innegable expresión de la existencia del cambio climático. Sus tierras están desertificadas, cuando llegaron a ser productivas a través de actividades agropecuarias. Hay escasez de agua y su entorno medioambiental se ha tornado hostil. A ello se suma la ausencia que palpita en toda la ciudad, de más mujeres y hombres desaparecidos, que incluyen adolescentes de ambos sexos.
A invitación de un heroico sacerdote de origen tlaxcalteca, a quien conozco desde 2007, acudí para acompañarlo en tareas sustantivas del Viernes Santo en la Parroquia de Dios Padre Providente, en la colonia Francisco Villa. El presbítero Juan Sánchez Hernández honra sobradamente la estirpe de su familia y de su natal Tlaxco, Tlaxcala, que es tierra de migrantes desde hace siglos, pero también es cuna de la fortificación del catolicismo desde tiempos coloniales. Desde su niñez, el padre Juan inició su formación eclesiástica en el Seminario de Tlaxcala, hasta llegar su ordenación sacerdotal por monseñor Ricardo Watty Urquidi el 3 de abril de 1994, día en que el entonces obispo de la Diócesis de Nuevo Laredo celebraba su santo. Coincidió su aniversario de ordenación con el Viernes Santo de 2026.
Tuve el privilegio de conocer a este dinámico hombre desde que fue párroco del municipio del Templo de San Miguel Arcángel, en Bustamante, Nuevo León, lugar en el que él se sorprendió al conocer a la comunidad más tlaxcalteca fuera de Tlaxcala. Encabezó, entre muchas actividades, la conmemoración del tricentenario de la presencia del Santo Cristo con la advocación del Señor de Tlaxcala, que ocurrió en 2015, aunque esta imagen data de la segunda mitad del siglo 16.
Juan Sánchez Hernández lleva su pasión y creatividad a las viceparroquias y parroquias en donde lo designan sus superiores. Me invitó a la Parroquia Dios Padre Providente porque tenía la idea de que fuera a compartirles una charla sobre la Madre Tierra y su dolor por la pérdida de su biodiversidad, haciendo un parangón con el dolor de la Virgen María por la pérdida de su hijo. Pero esta idea se enriqueció, pues además me pidió hacer una reflexión sobre el tema de los migrantes en el parque Pies Mojados, antes de que iniciara la Procesión del Silencio de la que fui testigo. No compartiré del todo lo que comenté allí ni en la parroquia, pero puedo asegurar que viví el ejercicio de la inteligencia colectiva de una comunidad muy participativa a la que, al platicarles sobre el cambio climático y sus efectos, motivé –con la venia del padre Juan– a desarrollar un vivero para producir plántulas que pudieran utilizarse en el amplio terreno de la parroquia y en la colonia.
Ahora, además de promover y contar con talleres de arte y robótica, desde el pasado Sábado de Gloria el padre Juan Sánchez invitó a un grupo muy activo de feligreses a formar parte del comité pro-vivero. Ya se dispuso de un área de 24 metros cuadrados, que techaron con malla sombra. Así funciona la inteligencia colectiva en Semana Santa cuando hay un buen líder y una comunidad extraordinaria.