La locura de Kreisler y las opiniones del gato Murr
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Abordé el estudio de la Kreisleriana, Op. 16 (1838)- ciclo de ocho piezas para piano de Robert Schumann (1810-1856)-, hace poco menos de cuarenta años. Me sumergí en él en plena mocedad con la candidez de un aprendiz de la técnica pianística. El ciclo nace a partir de la lectura que Schumann hizo de la novela Opiniones del gato Murr de E. T. A. Hoffmann (1776-1822). La obra literaria de Hoffmann, auténtico “loco” del Romanticismo en todas sus manifestaciones y vertientes (fue jurista, escritor, crítico literario y musical, pintor, compositor, tenor, caricaturista, tramoyista, director escénico y escenógrafo), influyó significativamente en Poe, Gautier, Baudelaire, Dostoyevski y Kafka; luego entonces no resulta difícil entender el influjo que tuvo también en Schumann. La Kreisleriana no es más que la esencia del maestro de capilla Johannes Kreisler (personaje de dicha novela), en el alter ego de Hoffmann, quien encarna la personificación del artista romántico absoluto. Hoffmann vierte en Kreisler los elementos y las emociones de un romanticismo que abrasa la imaginación de lectores ávidos como Schumann, Mendelssohn, Liszt y Chopin.
Valorado como el maestro indiscutible del Romanticismo oscuro, Hoffmann escribe Opiniones del gato Murr (1821)- novela metaficcional delirante en la que anticipa técnicas de la literatura moderna del siglo 20-, quizá, la obra más ingeniosa y caótica de su tiempo. El argumento de la novela, grosso modo, encierra elementos del gótico, la metaficción, el contrapunto musical, la intertextualidad, el humor negro, etc. El gato Murr no es un felino común; es un erudito que lee y escribe su autobiografía. Utiliza los borradores de una biografía del músico y maestro de capilla Johannes Kreisler como papel secante para sus hojas. Posteriormente el editor, supuestamente distraído, publica ambos textos mezclados. En el prólogo de la novela el editor ficticio explica que el gato Murr robó las páginas de la biografía de Kreisler. Hoffmann reflexiona sobre el acto de escribir y editar. De esta manera el autor interviene en el texto para pedir disculpas por el galimatías, rompiendo la “cuarta pared” literaria. La genialidad de la obra radica en cómo se reflejan los dos personajes: el gato Murr se cree un genio, pero es un mediocre; Kreisler, es un genio, pero la sociedad lo ve como un alienado y patético bufón; ambos personajes representan los dos polos opuestos del alma humana según Hoffmann: la aspiración sublima y desesperada del artista (Kreisler) y la autocomplacencia cínica de la burguesía (el gato Murr).
Hoffmann, siendo músico, muestra a la música como la más romántica de todas las artes porque “abre al hombre un reino desconocido”. En la novela, el arte de Euterpe actúa como el puente hacia lo divino, algo que el gato Murr no puede entender, a pesar de su erudición. Inspirado en su formación como músico, Hoffmann utiliza una estructura contrapuntística: alterna entre la voz del gato (primera persona, cómica, lineal), y la vida de Kreisler (tercera persona, trágica, fragmentada). Las secciones de Kreisler a veces terminan abruptamente a mitad de una frase porque Murr rompió la hoja ahí. Esta “técnica” narrativa adelantada a su tiempo, genera un ritmo de lectura casi cinematográfica, basada en el montaje. Otro elemento, propio del siglo 19 y presente en la novela, es el doppelgänger (el doble que camina al lado), uno de los pilares fundamentales de la estética decimonónica, pieza no solo de trama de misterio, sino una exploración profunda de la fragmentación del yo, el miedo a lo desconocido y la crisis de identidad que residen en nosotros mismos. De esta manera, en las Opiniones del gato Murr, el doble es estructural: la vida burguesa del gato es el “doble” paródico de la vida trágica de Kreisler. Schumann, en su Kreisleriana, introduce su propio “doble” y los pone a dialogar: Florestan (el romántico apasionado e impulsivo) y Eusebius (el soñador reflexivo y melancólico).
CODA
“¿Qué es el hombre sino un instrumento desafinado que el destino toca para producir una nota discordante?” E.T.A. Hoffmann.